24 Abril 2007 Seguir en 
El conjunto de rasgos propios de un individuo o de una colectividad que los caracterizan frente a los demás define a la palabra identidad, de acuerdo con el Diccionario de la Real Academia Española. Según una definición, la identidad cultural está dada por un conjunto de características que permiten distinguir a un grupo humano del resto de la sociedad y por la identificación de un conjunto de elementos que permiten a este grupo autodefinirse como tal. La identidad de un pueblo se manifiesta cuando una persona se reconoce o reconoce a otra persona como miembro de esa comunidad. La identidad cultural no es otra cosa que el reconocimiento de un pueblo a sí mismo.
En nuestro suplemento Actualidad del pasado domingo referido al Día Mundial del Libro, que se celebró ayer, se reflexionó acerca de lo que leemos los argentinos y sobre el escaso conocimiento que tienen los tucumanos sobre la producción de sus escritores. Un sondeo realizado entre los lectores de nuestro diario por la consultora Sociología y Mercado mostró que sólo el 4% se anotició de los autores tucumanos en el colegio, mientras que un 63% aseguró no tener ninguna información. Una doctora en Letras, especialista en Literatura Regional y catedrática en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNT, contó que en sus contactos con universidades extranjeras percibió que a los académicos les sorprendía la calidad de la producción literaria del NOA. “A la recopilación que he coordinado la evaluaron en Estados Unidos y les sorprendió el nivel de los escritores”, afirmó. “Es necesario darlos a conocer en la escuela. Para crear en los chicos el hábito de leer hay que darles pequeñas muestras de lo que se trata. A lo largo de la vida, el chico que se acostumbra a leer y a elegir bien sus lecturas, va a capitalizarlo. Crear el gusto por la literatura regional ayuda a que la persona se incline por elegir lo propio”.
La académica señaló que en nuestra provincia, los libreros ni las editoriales valoran la producción del autor local. Dijo que hay escritores tucumanos contemporáneos cuya obra es valiosa y apasionante, pero que, sin embargo, permanece ausente de las librerías, y agregó: “si uno sabe quién es y valora su propia identidad cultural, puede tener un proyecto de futuro y una visión del mundo. En cambio, si preferimos borrar nuestras raíces, dejamos de tener una identidad definida”.
La literatura tucumana casi no se enseña en ningún nivel educativo, y lo mismo sucede con otros aspectos relacionados con la cultura y la historia de nuestra provincia. Formamos docentes, profesionales y ciudadanos que desconocen la historia de su tierra. A menudo, nos quejamos de la transgresión constante a las leyes, de la depredación a la que sometemos a la naturaleza, contaminando ríos, diezmando bosques, devastación que como un bumerán regresa luego en cruentas inundaciones que dejan en la pobreza a miles de tucumanos. Protestamos por la falta de respeto al prójimo, por la destrucción del patrimonio; nos preocupa la ascendente violencia social, la falta de participación de los ciudadanos, especialmente de los jóvenes, en la cosa pública.
Si tanto en la formación docente como a lo largo de todos los niveles educativos se enseñara en forma obligatoria todo lo relacionado con Tucumán, posiblemente tendríamos una sociedad más civilizada, orgullosa de sus instituciones culturales, de sus creadores, de sus científicos los comprovincianos que la prestigian. Un pueblo sin identidad no puede respetarse a sí mismo.
En nuestro suplemento Actualidad del pasado domingo referido al Día Mundial del Libro, que se celebró ayer, se reflexionó acerca de lo que leemos los argentinos y sobre el escaso conocimiento que tienen los tucumanos sobre la producción de sus escritores. Un sondeo realizado entre los lectores de nuestro diario por la consultora Sociología y Mercado mostró que sólo el 4% se anotició de los autores tucumanos en el colegio, mientras que un 63% aseguró no tener ninguna información. Una doctora en Letras, especialista en Literatura Regional y catedrática en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNT, contó que en sus contactos con universidades extranjeras percibió que a los académicos les sorprendía la calidad de la producción literaria del NOA. “A la recopilación que he coordinado la evaluaron en Estados Unidos y les sorprendió el nivel de los escritores”, afirmó. “Es necesario darlos a conocer en la escuela. Para crear en los chicos el hábito de leer hay que darles pequeñas muestras de lo que se trata. A lo largo de la vida, el chico que se acostumbra a leer y a elegir bien sus lecturas, va a capitalizarlo. Crear el gusto por la literatura regional ayuda a que la persona se incline por elegir lo propio”.
La académica señaló que en nuestra provincia, los libreros ni las editoriales valoran la producción del autor local. Dijo que hay escritores tucumanos contemporáneos cuya obra es valiosa y apasionante, pero que, sin embargo, permanece ausente de las librerías, y agregó: “si uno sabe quién es y valora su propia identidad cultural, puede tener un proyecto de futuro y una visión del mundo. En cambio, si preferimos borrar nuestras raíces, dejamos de tener una identidad definida”.
La literatura tucumana casi no se enseña en ningún nivel educativo, y lo mismo sucede con otros aspectos relacionados con la cultura y la historia de nuestra provincia. Formamos docentes, profesionales y ciudadanos que desconocen la historia de su tierra. A menudo, nos quejamos de la transgresión constante a las leyes, de la depredación a la que sometemos a la naturaleza, contaminando ríos, diezmando bosques, devastación que como un bumerán regresa luego en cruentas inundaciones que dejan en la pobreza a miles de tucumanos. Protestamos por la falta de respeto al prójimo, por la destrucción del patrimonio; nos preocupa la ascendente violencia social, la falta de participación de los ciudadanos, especialmente de los jóvenes, en la cosa pública.
Si tanto en la formación docente como a lo largo de todos los niveles educativos se enseñara en forma obligatoria todo lo relacionado con Tucumán, posiblemente tendríamos una sociedad más civilizada, orgullosa de sus instituciones culturales, de sus creadores, de sus científicos los comprovincianos que la prestigian. Un pueblo sin identidad no puede respetarse a sí mismo.







