La mayor carga fiscal sigue sobre los que menos tienen

El especialista sostiene que controlar el curso de la inflación y modificar de raíz el sistema impositivo nacional son las tareas inmediatas.

27 Octubre 2002
La inflación siempre es preocupante, pero sirve como indicador del estado de salud de una economía. Así lo entiende Elmer Leal, vicepresidente de la Fundación Centro de Investigaciones Económicas de Córdoba (CIEC). "La inflación, que en la dogmática línea de pensamiento de la economía neoliberal es tratada como la ramera del Apocalipsis bíblico, genera un terror tan medieval que se aplican las mismas curas de entonces: combatir con el fuego..., sin reparar que éste se realimenta y puede llegar a devorarlo todo", remarca.

- ¿Hay alguna relación entre inflación y desempleo?
- Para mantener el nivel de estabilidad se debe tener un nivel equivalente o superior de desocupación. Lo grave es que la desocupación se retroalimenta, como el fuego, dejando una gran masa totalmente excluida de los beneficios del progreso y el crecimiento, y que en nuestro país, hoy supera holgadamente las dos terceras partes de la población.

- ¿Es muy mala la inflación?
La inflación es a la Economía, lo que la fiebre a la persona. Puede ser extremadamente dañina, mortal, en sus extremos, pero sin lugar a dudas es una manifestación siempre presente, cuyos datos debidamente interpretados aportan valiosísimos conocimientos para restablecer el estado de salud de la persona. Salvo que nuestra dogmática receta fuera quemarla... para erradicarle la fiebre. No siendo esta última la solución propuesta y siguiendo con nuestra semblanza se deberá considerar que a la luz de las estadísticas mundiales, aportadas por los organismos supranacionales de control económico del planeta (FMI. BM., etc.), se puede inferir, en contra de la opinión de éstos, que existe algo así como un estándar para cada país en lo que se refiere al grado de inflación con que pueden convivir, desarrollarse y progresar. Si en los seres humanos se han establecido parámetros distintos para estandarizar la práctica médica basados en la evidencia (por ejemplo, una diástole de 9 significa hipertensión en Europa y no en EE.UU., donde recién consideran hipertensión lo que supere el nivel 11, por qué no se acepta lo mismo en los países, que al fin de cuentas, simplificando el concepto, no son sino la sumatoria de individuos humanos constituidos en sociedad organizada.

- ¿Es posible controlar la inflación?
- Controlar el curso de la inflación y modificar de raíz el sistema impositivo nacional son las tareas inmediatas que se deben realizar en el plano económico y social. El control de la inflación no se hace acorralando los fondos por miedo a que se corran al dólar, sino dando alternativas de utilización económica de los mismos, para que generen bienes y servicios necesarios para la satisfacción de las necesidades económicas nacionales, e indispensables para la recomposición del mercado laboral. No se puede mantener un sistema tributario basado en los impuestos a los consumos exclusivamente, donde los contribuyentes, pese a que en su mayoría son los que consumen por necesidades vivenciales y al disminuirse sus ingresos reducen su contribución, aportan casi el 60% de la recaudación impositiva nacional. Mientras que los que más ganan, con el Impuesto a las Ganancias contribuyen con menos del 30%. Así, el sistema impositivo nacional está en paz. Pero la ética tributaria, aquella de que a igual capacidad contributiva, igual tributo, ha muerto junto con la posibilidad de desarrollo social.

- ¿Cómo afecta a la gente el ajuste por inflación?
- Los impuestos a los consumos, no requieren ajuste por inflación basado en engorrosos cálculos matemáticos y contables. Se ajustan automáticamente con la inflación, pero no analizan la capacidad contributiva de quien los tributa. Veamos la iniquidad que el IVA plantea, en un simple ejemplo de tres familias argentinas: si tenemos una familia "A", con un ingreso mensual de $ 500, incuestionablemente este grupo habrá de utilizar obligadamente la totalidad de su ingreso para sobrevivir. Por lo que el 100% del mismo habrá de contribuir al pago del IVA. En tanto, una familia "B", con un ingreso mensual de $ 1.500, gozará de un mejor estándar de vida; seguramente podrá, si se lo propone, ahorrar $ 300 mensuales para destinarlos a un placentero viaje a un país limítrofe. En consecuencia, sólo está "obligada" por las circunstancias vivenciales a contribuir con un 80% del total de su ingreso. Llegamos así a la familia "C", con un ingreso mensual de $ 3.500, que necesitará seguramente $ 2.100.- para vivir, pudiendo ahorrar la diferencia y destinar sus ahorros a la realización de un viaje a otro país. Por ello estaría obligada a contribuir al pago del IVA con sólo el 60% de su ingreso.

- ¿Cuáles pueden ser los efectos de esta inequidad?
- Si una de las razones de la obligatoriedad en el pago de los impuestos es la de favorecer la redistribución de la riqueza, a simple vista se observa que el peso de la "redistribución de la riqueza", en nuestro actual sistema impositivo queda en cabeza de los que menos tienen. Sin lugar a dudas, que no es ésta la receta ideal como para lograr el desarrollo económico con "equidad y justicia", que permita además, el desarrollo social de toda la población.

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