Las negociaciones por fletes irritaron a todos
Los citricultores consideraron intolerable que el sector de transportes de cargas de nuestra provincia los presionara con un paro para fijar las tarifas de los fletes. Por Fernando García Soto - Redacción LA GACETA.
23 Abril 2007 Seguir en 
Tal vez contagiados por la metodología negociadora del titular del Sindicato de Camioneros y líder de la CGT, Hugo Moyano, los transportistas de cargas tucumanos se dejaron de sutilezas por estos días y les mostraron los dientes a los citricultores, por haberse negado estos últimos a pactar una tarifa de fletes uniforme para el sector limonero. Esta presión, que se tradujo en la paralización del transporte de cítricos el viernes y el sábado últimos en Tucumán, resultó intolerable para los productores de limón, que no esperaban actitudes sindicales por parte de un sector empresario. Apurados por las circunstancias, finalmente los referentes de la Asociación Tucumana del Citrus (ATC) tuvieron que ceder a las pretensiones de los transportistas y, para colmo, sonrreir para la foto. Pero quedaron muy molestos, sin ninguna duda.
¿Hubo algún factor o error que derivara en este conflicto singular? Ambas partes esgrimieron sus respectivos argumentos en torno del tema fletes, aun cuando algunos de ellos pudieran ser más sólidos que otros. La discusión comenzó mal, porque mientras los directivos de la Asociación de Transportistas de Cargas de Tucumán (ATCT) pretendían debatir las tarifas con la ATC, la cúpula de esta organización aseguró que no tenía atributos para negociar en representación de todos los citricultores de la provincia. Esta postura se asienta en la diversidad de escalas que existe en el citrus, lo que se traduce en un poder negociador muy disímil. ¿Alguien puede creer que la poderosa citrícola San Miguel paga los mismos fletes que un empaque de mediana envergadura? Los citricultores también se escudaron en el derecho que les cabe de libre contratación, en este caso, del servicio de transporte de cargas.
Aunque en estas tratativas hayan quedado como “los malos de la película”, la posición de los transportistas de cargas se presenta como más que razonable y atendible.
Los costos de esta actividad de servicios crecieron en forma considerable en el último año, y realmente no era rentable mantener los niveles de tarifas que estaban en vigencia. Otro aspecto que desvelaba a los propietarios de los camiones eran las discusiones por los fletes que se venían desarrollando en Buenos Aires, con propuestas insólitas, como la de crear una empresa controlada por el Sindicato de Camioneros para que sea la encargada de cobrar por el servicio. Además, las deliberaciones apuntaban a fijar tarifas que podrían llevar soluciones a la realidad de la Pampa Húmeda, pero que estaban muy lejos de las necesidades del transporte del interior del país y, más aún, de una región tan alejada de los principales centros económicos, como es el NOA.
Ya liberados de las negociaciones con los cerealeros de nuestra provincia -también firmaron un convenio tarifario bajo presión- y con los productores y exportadores de limón, los transportistas tucumanos ahora buscarán determinar valores para los fletes corto y largo de la caña y del azúcar. En este caso, las conversaciones pueden ser más duras que con los citricultores, dado que los azucareros se resisten a que sus costos se incrementen. Estos afirman que no disponen de una variable de ajuste en el precio final del azúcar, que no puede aumentar por integrar este producto la lista de artículos de la canasta alimentaria que tienen precios topes para ayudar a combatir la inflación. Un aspecto a favor de los azucareros es que todavía no comenzó la zafra, de manera que los dueños de los camiones no podrán presionarlos con un paro, como hicieron con la citricultura.
Las negociaciones por los fletes en Tucumán dejaron heridas y resentimientos por todos lados, y la sensación de que el transporte de cargas, al menos en esta etapa de la historia, ejerce un poder propio de sectores monopólicos para imponer sus verdades.







