El pacto sindical con el Gobierno

El síndrome de la Patagonia rebelde no amenaza a la administración alperovichista. El vicegobernador Juri está asediado por presiones contrapuestas. Por Carlos Abrehu - Secretario General de Redacción.

22 Abril 2007
El síndrome de la Patagonia rebelde no impactó en la administración alperovichista. A diferencia de Jorge Sobisch (Movimiento Popular Neuquino), cuya candidatura presidencial se desinfló estrepitosamente, y del ignoto santacruceño Carlos Sancho -gobernado desde la Casa Rosada-, José Alperovich enfila hacia la reelección en agosto, en un clima de paz social. La Casa de Gobierno vallada en Santa Cruz para resguardarse de la protesta gremial opositora y la jubilosa imagen del presidente Néstor Kirchner saludando a los camioneros en Buenos Aires tras la oficialización de las subas salariales, marca contrastes muy agudos. Es un secreto a voces que a Santa Cruz la maneja Kirchner por teléfono. Alperovich supo blindar su territorio de las agitaciones sociales. De su pasaje por el gobierno de Julio Miranda, aprendió que el tejido de alianzas con los gremios estatales de signo peronista es una pieza indispensable para la estabilidad política. En el ministro de Gobierno, Edmundo Jiménez, halló un eficiente operador, que supo desactivar los focos de tensión y hacer previsible el escenario del otoño. La rebeldía se acabó con la regulación del pago de las retenciones a las cúpulas gremiales. Con esos fondos descontados a los empleados públicos subsisten las dirigencias de los sindicatos. La suspensión del flujo monetario asfixia a estos y los vuelve sensibles a las sugestiones del alperovichismo. Jiménez combinó el garrote y la zanahoria, con efectos positivos para el Gobierno. El ministro político entenderá ahora en el nuevo reclamo salarial motorizado por los gremios amigos, pero los precedentes indican que se está lejos de alcanzar los niveles de enfrentamiento de la Patagonia insurrecta. Las módicas mejoras salariales llegan a los bolsillos, pero no incrementan los básicos, mientras la inflación estraga los ingresos fijos. El superávit del que se ufana el Gobierno será un argumento que esgrimirán públicamente para intentar ablandar la muñeca de Alperovich. La ministra Felisa Miceli quiere moderación en las subas de salarios a estatales provinciales.

El choque sindical
El costado político de la trifulca en el mundo sindical pasa por otro lado. La CGT contiende con el secretario de Trabajo, Roberto Jiménez, por una cuestión interna del peronismo. Este gremialista de UTA le reclamó a la cúspide cegetista que dé un paso al costado por el traspié de Fernando Juri en la elección del 1 de abril. Jiménez acusó a los adversarios de haber subordinado la central obrera a intereses minoritarios. La dirección de esta le imputó "conducta antisindical y antiobrera", ahondando la fractura con el Gobierno, que data de hace dos años por lo menos.
En setiembre de 2005, con el liderazgo de Pelassio (Uatre), exigía un salario básico de $ 650 y el pago del 82% móvil a los jubilados, con marchas en la plaza Independencia. Desde su cargo gubernamental, Jiménez tiroteó a Pelassio, a quien trataba de opositor. Alperovich piensa igual que el secretario de Trabajo. Las diferencias políticas se acentuaron a partir de entonces. Sin embargo, los conflictos que afronta la CGT no afectan directamente al alperovichismo, porque los gremios de más peso nuclean a trabajadores de la actividad privada (azucareros y citrícolas, por ejemplo), y las divergencias se ventilan en otras esferas.
La vigencia de la Central de Trabajadores Argentinos (CTA) y de la Corriente Clasista y Combativa (CCC) muestra la diversidad política que exhibe la representación de las fuerzas laborales, más allá de la sigla cegetista. No obstante, la dirigencia peronista de la CTA, que conduce ATE, dividió las preferencias entre Alperovich y Juri, aunque reconoció después el liderazgo del gobernador. Milagros de la elección interna.

La dispersión generalizada
La fragmentación sindical tiene su correlato en el mundo político. El vicegobernador Juri está tironeado por corrientes de opinión antagónica. Dentro del justicialismo, los legisladores afines insisten en una posición dura y de confrontación con Alperovich. La fracción política que apoyó a Juri se lamenta de la desorganización interna y del sectarismo de los legisladores, que clausuró los intentos de coordinación más eficientes.
La oferta de Alperovich de una diputación nacional tendía a acercarlo desvinculándolo de los otros. En realidad, Juri se recostó más sobre los legisladores propios porque el problema más peliagudo que afrontará hasta el 29 de octubre es la situación financiera de la Cámara y necesita de sus votos. Para sobrevivir no basta con asegurar retóricamente que la gobernabilidad está garantizada. Los alperovichistas saben del desborde presupuestario que se hizo con fines electorales y no dejarán de ejercer presión. Por otra parte, tratan de convencerlo a que se suba al proyecto electoral de Roberto Lavagna, algo que contradice su anterior aparición en estrados kirchneristas. Olijela Rivas y Alejandro Martínez apoyan al ex ministro de Economía de la Nación y hacen fuerza en ese sentido. La operación de seducción del vicegobernador se incuba también en un ala del radicalismo, que propugna una alianza electoral con Juri como postulante a la gobernación. ¿Con cuánto dinero cuentan para costear la campaña?, le contestan a los emisarios radicales. El silencio fue la respuesta. En medio de tantos forcejeos, Cruzada Peronista predica la conveniencia de preservar a Juri para los años próximos, "Quieren hacer un paraguas con la piel del vicegobernador para mantenerse en las bancas", acusa su orientador Enrique Romero. La controversia que sacude a la UCR es muy intensa. Los radicales pactistas (Ariel García y Roberto Palina) se enfrentan hoy con la línea defensora de la individualidad partidaria en una asamblea que promete ser apasionada. Lavagna es el candidato radical para las elecciones de octubre. El diferendo estriba en qué hacer en agosto.
El Movimiento Popular Tres Banderas (Alejandro Sangenis) y Ciudadanos Independientes (Rodolfo Danesi) ya formalizaron un frente programático sin acople (distintas listas de legisladores que apoyan a una fórmula de gobernador y vice). Al Movimiento Popular Tucumano (MPT) no le disgustaría integrarse a una combinación de ese tipo, según sabe Sangenis. Tiburcio López Guzmán (MPT) le hizo saber que discrepa con que se apoye a más de un candidato presidencial.
Recrear, a la vez , explora el mercado electoral para un eventual binomio Ernesto Padilla-Pablo Walter, quienes también se postularán para legisladores. El principal obstáculo que emerge para una candidatura concertada a gobernador es el régimen de acople. ¿Por qué voy a sumar votos a a gobernador a a alguien que me compite por una banca de legislador? Esta pregunta explica todo. Fuera de ese esquema, FR sólo proclamó las candidaturas de Ricardo Bussi a gobernador y de Claudio Viña a intendente. Todo pasado fue mejor. El desgaste del bussismo se agudizó.

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