22 Abril 2007 Seguir en 
BUENOS AIRES.- Hombre rígido y difícil, Néstor Kirchner ha decidido retomar la iniciativa política, que a veces se le desliza peligrosamente, sobre todo cuando las cosas no salen como a él le gustaría, y lo hizo en lo que el Gobierno describe, aunque tenga tres patas, como “acuerdos paritarios”, un tema más que delicado, ya que en su dilación se combinaban peligrosamente las mayores expectativas inflacionarias con la retracción inversora de las empresas.De allí, entonces, que el Presidente se haya plantado firme en la semana con una nueva obsesión, que el tiempo dirá si se trata de un producto ideológico o bien el fruto de la necesidad de corregir rumbos para atraer inversiones, porque percibe cierta desaceleración económica o quizás un impulso para evitar que se le agite el rancho sindical: los empresarios tienen que ganar plata, porque con esa plata tienen que mejorar los ingresos de los trabajadores, ha dicho.
Esta es una línea casi obsesiva que siguen muchos funcionarios de diferente rango del Gobierno. Meterse en los balances de las empresas, mucho más allá de lo que la AFIP requiere como control de cobranza de los impuestos, sin considerar si esos remanentes serán necesarios para invertir o aún, lo que deplora, aún ministros y secretarios, para darle un rendimiento al capital invertido. Lo concreto es que un par de veces en la semana, Kirchner usó similares argumentos, una vez frente a representantes de la industria automotriz, a los que alabó, y en la segunda frente a media docena de sindicalistas “amigos” que le fueron a hacer la corte al camionero Hugo Moyano a la mismísima Casa Rosada, en un extensísimo discurso donde al tiempo que marcó la supuesta libertad de discusión salarial, quedó en claro que había sido él quien terminó laudando en la cuestión, harto de tantas idas y vueltas que enrarecían cada vez más el escenario.
Tras una orden del Presidente en persona, el jueves por la tarde, Moyano les había blanqueado a sus pares cegetistas que el número mágico de aumento a aceptar era de 16,5%, como aumento nominal de paritarias. Se lo adjudicó como un logro de su estrategia de tira y afloja, cuando en realidad en el resultado de cansar al Gobierno mucho más tuvieron que ver los metalúrgicos, los gastronómicos y los colectiveros, tres gremios con los que Moyano tiene amplias diferencias. Los primeros, porque habían sido bendecidos por el Presidente como punta de lanza de las negociaciones, ya que Antonio Caló, su secretario general, ha profesado oportuna fe kirchnerista, lo que le ha abierto los despachos de la Casa Rosada, pero los convenios que pudo sacar la Unión Obrera Metalúrgica se fueron arriba de 20%.
El caso de los gastronómicos es más sencillo de explicar: allí no hay rencillas por los espacios del poder, como en el caso anterior, sino odio entre los protagonistas. Luis Barrionuevo dijo que su gremio quería arriba de 30%, que muchos hoteles y restaurantes beneficiados por el turismo estaban ganando mucho dinero (el mismo argumento oficial) y que, por lo tanto, podían pagar tal aumento, así que no se iba a bajar de esa pretensión, aunque lo solicitara el Presidente.
Por último, en la UTA ya no está más Juan Manuel Palacios, sino Roberto Fernández, quien bastantes problemas tiene con las bases, que piden mucho más que 16,5%, especialmente en el rubro subterráneos, copado por los delegados de cada línea, quienes, por otro lado, están hoy jugando un extraño partido de paros y demoras de servicios que tienden a complicar al gobierno porteño en tiempos de campaña política. Lo que el líder sindical no necesitó decirle a ninguno de sus pares cegetistas fue que la reunión a la que había sido llamado juntos a otros cinco gremios, fijaría un porcentaje que luego los convenios podrían vulnerar desde el costado de las llamadas condiciones de trabajo o con adicionales no remunerativos, igual a los que se usan en las provincias -y Santa Cruz es un ejemplo- en el caso de los estatales y docentes. Una hipocresía más donde, como en el caso del Indec, el número oficial dirá una cosa y la realidad puertas para adentro de cada compañía marcará otra diametralmente opuesta. Son dos planos, alineados, pero diferentes: una cosa es lo que recibirá la gente en su bolsillo, y otra la incidencia en el costo salarial de las empresas.
Los retoques
Por ejemplo, un aumento de 16,5% podrá ser convertido fácilmente en 18,8% con sólo pactar la reducción de una hora de trabajo al día o en un número superior sólo con hacer un retoque en el índice por el cual se calculan las horas extras o bien con la eliminación de las categorías inferiores y un nuevo piso (como pide la UOM) o a través de un incremento fijo de equis pesos (con o sin aportes a la seguridad social) que, además, impactará diferente en los costos,según si la empresa es chica, mediana o grande.
El ministro de Trabajo, Carlos Tomada ha llamado a estas variables “adicionales particulares”, lo que es extraño también para su concepción peronista de la situación, ya que es una forma de decretar, de paso, el fin de las llamadas “negociaciones colectivas” y de generar menos incentivos para que muchas Pyme se blanqueen.
Pero lo cierto es que ninguna de estas variantes ha sido prohibida taxativamente y que los sindicatos saben que las podrán hacer valer y sacar ventajas, a la hora de la escribir la letra chica de los convenios. Entidades patronales que negocian con el gremio de los camioneros han denunciado que, en su caso, algunas escalas saltan hasta 25% y está la situación particular de los bancarios, que han conseguido 14% de aumento, pero con un aporte patronal más que importante para su tan vapuleada Obra Social.
Tras la reunión en la casa de Gobierno, Moyano dijo lo más campante que en realidad no habían ido a aceptar un porcentaje predefinido, sino a “agradecer” la movilidad salarial que impulsa el Gobierno, aunque mucho se cuidó de mencionar otras ventajas conseguidas para la CGT, como cargos para sindicalistas afines que se habrían obtenido en las futuras listas de diputados del Frente para la Victoria, en la provincia de Buenos Aires.
Es precisamente en este distrito donde el Gobierno nacional hoy tiene puestas sus mayores esperanzas para que la elección de octubre no se le escape, ni siquiera si la candidata es Cristina Fernández de Kirchner. Si de algo sirvió la jugada de Jorge Telerman de adelantar para el 3 de junio los comicios porteños fue para clarificar la situación, ya que por ahora todos los candidatos están subordinando las campañas nacionales a lo que pase en el distrito, con algún mayor énfasis en Elisa Carrió o en Ricardo López Murphy, pero decididamente aplastado en su accionar en el caso de Roberto Lavagna.
No obstante esa mayor pasividad opositora no se da en el oficialismo, ya el adelanto de elecciones en otros distritos clave parece jugar en contra de sus proyectos, ya que es muy probable que pierda en la Capital Federal, Neuquén y Santa Fe y que en Córdoba no quede muy claro a quien atribuirle los méritos, si Juan Schiaretti, su delfín, sucede al gobernador de la Sota, lo que no se sabe si ocurrirá matemáticamente después de que la UCR se alzara con la mayoría de las intendencias, la semana anterior. Pese a todos estos reparos que podrían complicar el mapa electoral para el Gobierno, un hombre que habla con el Presidente todos los días ha señalado con mucho énfasis, en una charla reservada con DyN, que la hipótesis Cristina sigue siendo la línea más firme dentro del Gobierno y, de hecho, la exposición de la Primera Dama indica que, por ahora, los planes no cambian, ya que Kirchner parece querer evitarse un eventual desgaste de segundo mandato.
El interlocutor señaló que Daniel Scioli está recorriendo toda la provincia y que, en este renglón, le ha sacado una ventaja más que apreciable a sus eventuales competidores porque, uno por uno, ya ha superado en sus visitas los dos tercios de los distritos comunales bonaerenses. Mientras tanto, los equipos de trabajo del candidato le están armando propuestas en dos frentes que consideran prioritarios: un andamiaje económico sustentable y una gestión de seguridad totalmente distinta a la actual, con énfasis en el día a día y en la gestión.
Esta visión de estar cerca de las necesidades de la gente, sin darle tanta importancia a las cuestiones políticas o aún a las intelectuales es lo que está diferenciando negativamente a Daniel Filmus de sus dos contrincantes porteños. Mientras Telerman y Mauricio Macri muestran que quieren trabajar de intendentes, en el día a día de la gestión municipal, y así se lo expresan a la ciudadanía, el ministro de Educación se ha encerrado en un discurso tan teórico como el que depositó a Rafael Bielsa tercero en las últimas elecciones del distrito.
La gran incógnita
La gran pregunta a responder en la Capital Federal es si las encuestas no pueden revertirse, que pasaría si Filmus resigna su lugar antes de la segunda o vuelta o aún en el ballottage. ¿A quién apoyará el Presidente? ¿A Jorge Telerman, aliado de Elisa Carrió? En este aspecto, hay quienes especulan que el apoyo fluirá hacia Macri, lo que sería un sapo muy difícil de tragar por parte del Gobierno.
Este punto es central, ya que el carácter presidencial se sentiría tocado a fondo. El nuevo interventor en el Indec, el sindicalista Alejandro Barrios, acaba de decirles a sus compañeros que deberá convivir con Beatriz Paglieri, la culpable del papelón de la Canasta Básica, porque el Presidente no quiere volver atrás para que no se interprete una eventual remoción, en un año electoral, como un signo de debilidad política y que eso es cosa juzgada. Está más que claro que a Néstor Kirchner, rígido y difícil, no le gusta perder ni a las bolitas. (DyN)







