La relación entre corazón y emoción se describe desde hace miles de años, tanto en escritos religiosos como literarios y en antiguos textos médicos. Muchas palabras del idioma inglés, que describen diversos estados emocionales, como heartbreak (congoja), heartache (angustia), heavyhearted (pesadumbre) sugieren un vínculo entre síntomas cardiovasculares y estados emocionales.
De la misma forma, los lingüistas señalan que angina, angustia, anger, angor, anxiety, anguish derivan de una raíz griega común que significa apretar o sofocar. Entonces, se asocian angustia y ansiedad con "angor" como cuadro clínico y "angina de pecho" como enfermedad coronaria. El arte y la literatura también aportan abundantes ejemplos ya que el corazón como representante afectivo es largamente conocido. Tomemos a Shakespeare, por ejemplo, cuando en "Othello", Yago, da la noticia a Brabantio, que su hija Desdémona ha huído con Othello: "Vuestro corazón ha estallado, habéis perdido la mitad de vuestra alma".
Shakespeare y Francis Ford Cóppola
La película "Golpe al corazón" ("One from the Heart") de Francis Ford Cóppola, trata de los avatares emocionales en un difícil vínculo de pareja. También la cultura popular ha aceptado la influencia e interrelación entre las emociones y el cuerpo. Es sabido que la ira produce palidez en algunas personas o enrojece el rostro a otras, el pánico puede producir parálisis o excitación motriz , la angustia deriva en falta de aire u opresión en el pecho. El trabajo interdisciplinario entre médicos cardiólogos y profesionales del campo psíquico en distintas instituciones de Argentina, Europa y EEUU, han permitido analizar la relación y los efectos de las emociones sobre el sistema cardiovascular. Estas investigaciones conjuntas se han ocupado de medir y verificar la relación entre el cuerpo y el área emocional a través de diferentes pruebas y técnicas. Así se ha comprobado la influencia de los estados anímicos o emociones sobre la presión arterial, el ritmo cardíaco o la frecuencia cardíaca.
El factor psicosocial de riesgo en enfermedad coronaria está dado por los rasgos de personalidad de un individuo: a) hostilidad crónica, b) estrés, ansiedad y/o depresión, c) alexitimia o dificultad para expresar emociones, d) conflictos en el área laboral, e) aislamiento social y ausencia de soportes afectivos, f) sobreadaptación. Ellos producen cambios cardiovasculares capaces de generar eventos patológicos. Es común hallar la confluencia de estos factores de riesgo con otros tradicionales como tabaquismo, obesidad, diabetes, HTA, sedentarismo, confluencia que potencia el riesgo de sufrir enfermedad coronaria.
Que ocurran o no estos eventos patológicos dependerá del aparato psíquico de cada persona, de su sensibilidad o percepción individual, que media entre el mundo externo y su cuerpo. (Reuter)
De la misma forma, los lingüistas señalan que angina, angustia, anger, angor, anxiety, anguish derivan de una raíz griega común que significa apretar o sofocar. Entonces, se asocian angustia y ansiedad con "angor" como cuadro clínico y "angina de pecho" como enfermedad coronaria. El arte y la literatura también aportan abundantes ejemplos ya que el corazón como representante afectivo es largamente conocido. Tomemos a Shakespeare, por ejemplo, cuando en "Othello", Yago, da la noticia a Brabantio, que su hija Desdémona ha huído con Othello: "Vuestro corazón ha estallado, habéis perdido la mitad de vuestra alma".
Shakespeare y Francis Ford Cóppola
La película "Golpe al corazón" ("One from the Heart") de Francis Ford Cóppola, trata de los avatares emocionales en un difícil vínculo de pareja. También la cultura popular ha aceptado la influencia e interrelación entre las emociones y el cuerpo. Es sabido que la ira produce palidez en algunas personas o enrojece el rostro a otras, el pánico puede producir parálisis o excitación motriz , la angustia deriva en falta de aire u opresión en el pecho. El trabajo interdisciplinario entre médicos cardiólogos y profesionales del campo psíquico en distintas instituciones de Argentina, Europa y EEUU, han permitido analizar la relación y los efectos de las emociones sobre el sistema cardiovascular. Estas investigaciones conjuntas se han ocupado de medir y verificar la relación entre el cuerpo y el área emocional a través de diferentes pruebas y técnicas. Así se ha comprobado la influencia de los estados anímicos o emociones sobre la presión arterial, el ritmo cardíaco o la frecuencia cardíaca.
El factor psicosocial de riesgo en enfermedad coronaria está dado por los rasgos de personalidad de un individuo: a) hostilidad crónica, b) estrés, ansiedad y/o depresión, c) alexitimia o dificultad para expresar emociones, d) conflictos en el área laboral, e) aislamiento social y ausencia de soportes afectivos, f) sobreadaptación. Ellos producen cambios cardiovasculares capaces de generar eventos patológicos. Es común hallar la confluencia de estos factores de riesgo con otros tradicionales como tabaquismo, obesidad, diabetes, HTA, sedentarismo, confluencia que potencia el riesgo de sufrir enfermedad coronaria.
Que ocurran o no estos eventos patológicos dependerá del aparato psíquico de cada persona, de su sensibilidad o percepción individual, que media entre el mundo externo y su cuerpo. (Reuter)







