"Hay que estar hermanados con Brasil, no con EE.UU."

El economista cordobés sostiene que la crisis se debe a una filosofía a la que sólo le importa que los números cierren. La importancia del Mercosur frente al ALCA. Recursos sobran.

20 Octubre 2002
Dirige el prestigioso Centro de Investigaciones Económicas de Córdoba (CIEC), fundado en 1975 bajo la influencia intelectual de pensadores como François Perroux (presidio el prestigioso College de Francia) o Jean-Louis Debré. Luis Eugenio di Marco cree que el desastre argentino se debe a una concepción de la economía desentendida del hombre y de su contexto histórico, social y cultural.

- Hoy, más que nunca, ¿hace falta una economía humanista?
- Sí, lo prueba el dolor de la gente. Esta economía de exclusión, que fue viable desde casi fines de la Segunda Guerra Mundial y que en la Argentina se entronizó de modo formal en la década de 1990 con el menemismo-delarruismo, y la ausencia de una política social, nos llevaron a una Argentina llena de miseria moral, hambre y dolor. El 53% de la gente está bajo la línea de la pobreza, según datos del INDEC.

- ¿Cuál es su propuesta?
- No éramos visionarios, pero hacia fines de octubre pasado comenzamos a ver que el sistema económico formal del país se hacía pedazos. En noviembre, empezamos a elaborar el Plan Esperanza, que es una propuesta macroeconómica y social para la argentina. Pero la novedad es que nace de las provincias. Tal es así que se llama "Desde las regiones del interior hacia la Capital" y posee una estrategia para la deuda externa. Este plan quiere rescatar lo histórico. Coincidimos con John Maynard Keynes, cuando decía que la economía debía ocupar el quinto lugar en la educación, después de la religión, la moral, la ética y la sociología.

- ¿Eso qué quiere decir?
- Es importante hacer una buen plan económico, pero mucho más lo es hacer transparente las instituciones políticas del país, recrearlas, para que, dentro de una sociedad más transparente, que elimine la corrupción reinante, se pueda poner en marcha una plan económico.

- ¿Y eso cómo se consigue?
- Comenzando nuestra propuesta con mucha humildad, pero con mucha fuerza, a través de lo que llamamos microemprendimientos o disparadores de desarrollo sustentable con equidad social, con un doble fin: respetar la naturaleza y absorber empleo. El drama del país es la ausencia de trabajo y que la gente no tiene con qué comer. Queremos demostrar que en la Argentina se puede reinstalar nuevamente la cultura del trabajo. Tuvimos el primer laboratorio exitoso a principios de mes. Y ya nos comprometimos a que en febrero elaboraremos el primer borrador de un plan macroeconómico armonizado.

- ¿Cómo se explica que un país con enormes recursos como la Argentina esté como está?
- Eso se refleja en la paradoja de que somos pobres, pese a ser los quinto exportadores de alimentos del mundo. La Argentina tiene un problema político más que económico. El neoliberalismo, que nos domina y que se estableció como centro del poder, tiene desprecio por el hombre. Aquí lo que importó durante muchos años fue el equilibrio de las cantidades, el fundamentalismo de mercado, donde lo fundamental es que los números cierren, que tengamos precios equilibrados y que el dólar no se dispare.

- La convertibilidad, en otras palabras...
- Esa ficción legal de un peso por un dólar significó la gran fiesta para unos pocos y el dolor para la mayoría. Muchos creen que esto comenzó en diciembre, después de la caída de Fernando de la Rúa. Pero esto se fue gestando durante 12 años de gran jolgorio, en los que se popularizó la ficción de un país bárbaro y del primer mundo. Se gestó un modelo irreal, se engañó, se ilusionó a mucha gente, que se endeudó a 1 peso por 1 dólar. Además, se cercenó la industria y la generación de un verdadero valor agregado por unidad producida. Esto fue el germen de la desgracia argentina, donde hasta salimos del mercado internacional de los bienes. En esto último también tuvieron que los europeos que, olvidándose de sus propias enseñanzas sobre la división internacional del trabajo, protegieron sus producciones agropecuarias. La otra cosa es ese hermanamiento absurdo con Estados Unidos.

- En un mundo globalizado, ¿cuál es la salida de la Argentina: el Mercosur o el ALCA?
- Hay que salir a través del Mercosur. Hay que volver a las raíces culturales, que hoy no son las europeas; ellas están en el Mercosur, no en el ALCA. La Argentina no puede sola y el hermano mayor es Brasil. Prefiero diez mil veces estar hermanado con Brasil y no subsumido a Estados Unidos. Con la Unión Europea, tenemos una relación muy especial y raíces culturales muy profundas. Pero la Guerra de Malvinas nos demostró que la Argentina es o tiene que ser Latina o Indoamericana.

- Pese a todo, ¿es optimista?
- En la Argentina lo que sobran son recursos. Aparte de la cuestión política, el otro problema es el de la administración de los recursos. Nuestro país no tiene sólo un gran potencial económico, sino muy buenos recursos humanos, gente muy preparada, pese a todos nuestros horrores. Así fue como le cedimos toda la tecnología atómica a Brasil y los ingenieros mecánicos de Córdoba fueron el origen de la industria paulista de ese país.

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