20 Octubre 2002 Seguir en 
Mientras la crisis económica azota cada vez más al mercado laboral argentino, generando un 21,5% de desocupación sobre una población económicamente activa (PEA) de 14,3 millones de personas, otra cara del escenario laboral es la de la sobreocupación. El sector de lo sobreocupados alberga a 3,9 millones, lo que representa el 42% de la población ocupada. Estos trabajadores sobrepasan las 48 horas semanales que prevé la ley laboral.
Los sobreocupados no solamente trabajan mucho más de lo debido, sino que si cubrieran sólo las jornadas legales se podrían crear 1,1 millón más de puesto de trabajo (según estudios de la CTA), y de esa manera la desocupación descendería a un 14%.
Un dato digno de estudio es el hecho de que en países desarrollados la reducción de la jornada laboral es una herramienta tendiente a disminuir la desocupación. El trabajador sobreocupado no solamente pierde el contacto con su familia y sufre un marcado deterioro tanto físico como psíquico, sino que, además, está demostrado según conocidos estudios que a mayor tiempo de trabajo la curva de productividad del empleado sufre un punto de inflexión, en donde la persona no sólo no produce lo esperado sino que hasta se pueden generar situaciones que desembocan en consecuencias nefastas tanto para el individuo como para la empresa, como ser accidentes de trabajo, ausentismo por enfermedades, etcétera. Pero para el trabajador sobreocupado las consecuencias acumuladas y desgastantes del exceso de trabajo son siempre menos temidas que el despido.El empresario, si bien es consciente del exceso desplegado de su capital humano, prefiere tener una menor cantidad de empleados, por si los avatares de la crisis lo hunden más en la recesión y le impidan después afrontar "los costos laborales".
Los independientes
La sobreocupación se da también en el ámbito de los trabajadores autónomos, quienes deben sumar más horas a sus jornadas laborales para poder afrontar el incremento del costo de vida, con el agravante de que tales trabajadores no cuentan, en numerosos casos, con las coberturas sociales y de salud, implícitas en la relación de dependencia.
En definitiva, si bien se trata de una problemática profunda, que ya está nuevamente en manos del Ministerio de Trabajo de la Nación, no será fácil de revertir en el corto tiempo, y mientras tanto el esfuerzo en el transcurrir cotidiano va dejando sus marcas. Por lo tanto es importante tanto para el empresariado como para el empleado o el trabajador autónomo intentar medidas paliativas tendientes a mejorar la calidad de vida no solamente del trabajador sino indirectamente de todo su entorno.
Es de extrema necesidad que las empresas tanto las grandes como las medianas y pequeñas, procuren un buen clima laboral a pesar de la crisis, en donde su gente se sienta contenida y comprendida. Para ello es necesario, entre otras medidas, un mayor contacto con el personal, tomar una actitud comprensiva y no amenazadora, brindar un espacio de diálogo, entre otras acciones. Un buen clima traerá como consecuencia una mejor disposición de los individuos a participar activa y eficientemente en el desempeño de sus tareas. Si bien esta medida no es la solución definitiva, acerca un respiro.
Los sobreocupados no solamente trabajan mucho más de lo debido, sino que si cubrieran sólo las jornadas legales se podrían crear 1,1 millón más de puesto de trabajo (según estudios de la CTA), y de esa manera la desocupación descendería a un 14%.
Un dato digno de estudio es el hecho de que en países desarrollados la reducción de la jornada laboral es una herramienta tendiente a disminuir la desocupación. El trabajador sobreocupado no solamente pierde el contacto con su familia y sufre un marcado deterioro tanto físico como psíquico, sino que, además, está demostrado según conocidos estudios que a mayor tiempo de trabajo la curva de productividad del empleado sufre un punto de inflexión, en donde la persona no sólo no produce lo esperado sino que hasta se pueden generar situaciones que desembocan en consecuencias nefastas tanto para el individuo como para la empresa, como ser accidentes de trabajo, ausentismo por enfermedades, etcétera. Pero para el trabajador sobreocupado las consecuencias acumuladas y desgastantes del exceso de trabajo son siempre menos temidas que el despido.El empresario, si bien es consciente del exceso desplegado de su capital humano, prefiere tener una menor cantidad de empleados, por si los avatares de la crisis lo hunden más en la recesión y le impidan después afrontar "los costos laborales".
Los independientes
La sobreocupación se da también en el ámbito de los trabajadores autónomos, quienes deben sumar más horas a sus jornadas laborales para poder afrontar el incremento del costo de vida, con el agravante de que tales trabajadores no cuentan, en numerosos casos, con las coberturas sociales y de salud, implícitas en la relación de dependencia.
En definitiva, si bien se trata de una problemática profunda, que ya está nuevamente en manos del Ministerio de Trabajo de la Nación, no será fácil de revertir en el corto tiempo, y mientras tanto el esfuerzo en el transcurrir cotidiano va dejando sus marcas. Por lo tanto es importante tanto para el empresariado como para el empleado o el trabajador autónomo intentar medidas paliativas tendientes a mejorar la calidad de vida no solamente del trabajador sino indirectamente de todo su entorno.
Es de extrema necesidad que las empresas tanto las grandes como las medianas y pequeñas, procuren un buen clima laboral a pesar de la crisis, en donde su gente se sienta contenida y comprendida. Para ello es necesario, entre otras medidas, un mayor contacto con el personal, tomar una actitud comprensiva y no amenazadora, brindar un espacio de diálogo, entre otras acciones. Un buen clima traerá como consecuencia una mejor disposición de los individuos a participar activa y eficientemente en el desempeño de sus tareas. Si bien esta medida no es la solución definitiva, acerca un respiro.







