"Lula" es resistido por quienes temen perder sus negocios

Es un error decir que todos los mercados cuestionan al candidato.

20 Octubre 2002
En las economías modernas, la producción no está ordenada hacia la subsistencia familiar o de pequeñas comunidades, sino hacia el intercambio más o menos impersonal que se canaliza a través de los diferentes mercados. Todo el mundo tiene que participar de ellos para procurarse los bienes y servicios que necesita. Ahora bien, si toda la sociedad participa activamente en los mercados, resulta un tanto extraño afirmar que el candidato largamente más votado por los brasileños, Luiz Inácio "Lula" da Silva, es cuestionado por esos mismos mercados. Si la inmensa mayoría de los que intercambian bienes, trabajo, divisas y dinero en los distintos mercados vota por un candidato, mal puede decirse que los mercados deciden, como consecuencia de la votación, darle la espalda a este candidato. En realidad, los mercados competitivos no tienen por qué ver alterado su funcionamiento normal por la práctica más elemental del principio democrático básico, aquél que se materializa cuando la gente expresa libremente su voto en una contienda electoral. Por el contrario, muchos estudios muestran con claridad que democracia y funcionamiento de mercados competitivos se complementan de manera altamente eficiente.

Concentrados e imperfectos
En el caso brasileño, lo que corresponde analizar es qué tipo de mercados son los que estarían reaccionando de manera negativa al resultado claro de las recientes elecciones. No son, por cierto, los que funcionan bajo condiciones razonables de competencia. Se trata esencialmente de los mercados financieros y cambiarios, cuyo funcionamiento resulta ser altamente concentrado e imperfecto.
En consecuencia, en lugar de hablar de reacción negativa de los mercados, sería mucho más preciso afirmar que algunos sujetos económicos influyentes ven nubarrones en el horizonte de sus grandes negocios poco competitivos después del triunfo del candidato ganador. No se puede confundir el interés de un pequeño grupo de poderosos actores económicos con el comportamiento de los mercados. Salvo que estos mercados mantengan excluida de sus intercambios a la mayoría de la población que vota. En este caso el problema económico más grave no tiene mucho que ver con el resultado de la votación, sino con el funcionamiento global de la economía, que traiciona en este caso su objetivo central de incluir a todo el hombre y a todos los hombres.

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