El empuje privado entusiasma pero el Estado aún interviene

Muchos privilegios se mantienen por las presiones y por los conflictos.

20 Octubre 2002
Los productores tienen precios excepcionales para sus cosechas y algunos sectores industriales, que sustituyen importaciones, también pueden favorecerse junto al turismo interno. Es la hora de la producción -no de toda- como antes lo fue de los bancos y de los servicios, que por ahora son perdedores.
También perdieron los ahorristas -sólo la cuarta parte recuperó sus depósitos- y los que prestaron caro y con alto riesgo al Estado.Los deudores siguen cancelando pasivos y el movimiento que se nota en los centros comerciales, muchas veces por el tránsito de vehículos, no debe confundir. La actividad económica, medida por el Producto Bruto Interno (PBI), caerá este año alrededor de un 12% con referencia a 2001.
Hay 1 millón de desocupados más y el salario perdió capacidad de compra. Sólo cuando la compra de bienes de capital para producir se reinicie firme y sostenida la Argentina volverá a crecer. Pero esto se demora por la escasa apertura de la economía y por la falta de financiación para comprar al mundo las tecnología que se necesitan para lograr el valor agregado.

Una vieja costumbre
Tras pasar por lo que más se temía, el año va terminando. El Estado sigue interviniendo para distribuir el ingreso. Y, como no podía ser de otra manera, se lo hace a la costumbre argentina: con redescuentos del Banco Central para los entidades financieras, bonos del Estado para los ahorristas, y cupos de títulos para comprar autos y casas, lo que es una forma de repartir.
Lo preocupante es que la repartición no surge de la productividad ni de la eficiencia, sino de las presiones y de los conflictos, que siempre violentan a la sociedad. Tampoco hay reglas claras que se cumplan para que los malos empresarios sean reemplazados por otros eficientes -motores de innovación y de progreso- y así las actividades, en general, se empobrecieron.
A su vez, el que cumplió con la ley quedó en desventaja con quien la eludió -impunemente- y la sociedad está desmoralizada.Al reducirse el riego empresario -que es un ingrediente para crecer- hay sectores que mantienen sus privilegios. Lamentable.
Con o sin elecciones a la brevedad, es enorme el deterioro de las bases éticas. Esto se agrava por la falta de renovación de los dirigentes que, con menor oferta de alternativas, retrasan -todavía más- la recuperación de la economía.

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