La economía se vuelve negra

En la anarquía triunfa la informalidad.

20 Octubre 2002
Se están imponiendo la evasión, la informalidad y la falta de controles. Las actividades en negro toman posiciones con fuerza y ya controlan una porción cuantiosa de la economía, que FIEL calcula en el 50%.
Las empresas empiezan a utilizar su imaginación para eludir al fisco y pasar desapercibidas.
Cientos de cuentapropistas hacen lo mismo, a partir de la impunidad que les proporcionan el desprecio a las reglas de juego, las ventas domiciliarias, la omisión del uso de facturas y las operaciones realizadas por debajo de la mesa, en las que los Bocade tienen una importante participación. Los papeles pintados favorecen las operaciones poco transparentes.
Como agravante se agrega la crisis de la bancarización forzosa que había impulsado el ex ministro Domingo Cavallo hace meses, cuando creó el corralito.
La gente sufrió frustraciones en su relación con los bancos a partir de la incautación de los ahorros. Ese fastidio sólo se irá superando a medida que retorne la confianza en el sistema financiero.
A las grandes compañías les cuesta mucho armar circuitos de evasión, tanto como a las modestas PyME, pero la tentación es grande. Es sabroso guardarse en el bolsillo el 21% que corresponde al IVA o no depositar los aportes previsionales.
A veces, esas maniobras definen la supervivencia empresaria en tiempos desconcertantes, sobre todo cuando la voracidad del Estado no tiene freno y sigue inventando impuestos para cubrir los gastos de una planilla salarial que no retrocede. Al contrario, aumenta mes a mes.

Agujeros burocráticos
La estructura gubernamental tiene también sus agujeros negros, en los que la burocracia usa todo su ingenio para crear más gastos improductivos, mientras los servicios esenciales (salud, educación, seguridad) están cada vez peor.
En la anarquía, los bancos pierden posiciones y se fortalecen las cuevas financieras, en las que es más sencillo hacer negocios, sin tantas complicaciones ni averiguaciones sobre calificaciones bancarias. Hasta ofrecen tasas accesibles, en momentos en que el dinero está caro. En esos niveles no quedan marcadas las huellas digitales del dinero y las operaciones se ennegrecen para esquivar al Estado.
Todo vale cuando se esfuman las normas de convivencia y los buenos ejemplos no bajan desde la dirigencia.
Por eso la recaudación tributaria no remonta vuelo, a pesar del impuesto inflacionario que impuso Eduardo Duhalde desde enero, que apunta a cobrar más por el aumento de los precios y no por el incremento de las ventas.
Uno de los mayores impactos se produce en el empleo. El sector formal se achica con rapidez y Tucumán lidera las estadísticas sobre el trabajo en negro, que se agrava por las presiones de la desocupación, que también deterioran los niveles de ingresos. El salario promedio en las empresa legalizadas oscila en $ 752 por mes y, en cambio, los puestos precarios permiten cobrar unos $ 367.
De las 550.000 personas en condiciones de trabajar en Tucumán, apenas realizan aportes jubilatorios alrededor de 67.000.
Es otro síntoma de que las empresas no están dispuestas a tomar trabajadores en blanco, de la evasión estatal y del crecimiento de la desocupación.
Todos estos dramas tienen solución, aunque para eso se requiere una avispada toma de conciencia de los políticos, para fortalecer la seguridad jurídica y las inversiones, y que diseñen planes que estén al alcance de los más desprotegidos.

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