Existen síntomas positivos, pero los problemas siguen

El acuerdo con el FMI parece cercano y el sistema financiero no muestra problemas de liquidez. Sin embargo, todavía persiste la incertidumbre.

20 Octubre 2002
Hay ciertas fortalezas que dan la sensación de que lo peor ya pasó. En efecto, al parecer se acortaron las diferencias con el Fondo Monetario, lo que hace suponer que se alcanzaría un acuerdo con el organismo, se cerró el juicio a los miembros de la Corte, sigue la estabilidad cambiaria, el sistema financiero no muestra problemas de liquidez, el comportamiento de los depósitos del sector privado continúa siendo favorable, el total de plazos fijos en las últimas semanas creció en $ 1.315 millones. Esto tiende a reflejar una tenue mejora en la bancarización.
Además, la circulación monetaria se expandió en $ 520 millones, siendo el principal factor la intervención del Banco Central en el mercado cambiario, puesto que compró dólares por el equivalente a $ 380 millones y colocó letras a 84 días con el propósito doble de alargar plazos en las colocaciones y estirar vencimientos.
La explicación para estos datos positivos es el sostenido aumento en la demanda de dinero en pesos, inducida por los altos rendimientos que se ofrecen y que no son más que el reflejo de la desconfianza que predomina. Las altas tasas de interés son el costo económico de la incertidumbre.
El nivel real de las tasas en pesos es elevado puesto que supera ampliamente a la tasa esperada de inflación, y más aún en dólares, con relación a las tasas de interés internacionales. La actual administración económica priorizó fundamentalmente la estabilidad de precios. En virtud de ello fijó variables económicas claves como son el tipo de cambio y las tarifas. El principal instrumento elegido para mantener la estabilidad de precios en el corto plazo e inmovilizar el tipo de cambio, al menos hasta marzo, es la tasa de interés.

Muchos claroscuros
Esta política de tasas altamente positivas tiene algunas contracaras que hay que tener en cuenta. En primer lugar, ahoga la producción, hace que los costos empresarios sigan altos y contrae la demanda de capital por parte de las empresas, en un mercado interno que sigue deprimido y donde falta financiamiento.
Además, imposibilita la evaluación y realización de proyectos de inversión de largo plazo, cuyo horizonte temporal es incompatible con el cortoplacismo vigente. Como el nivel de tasas sólo da lugar a especulaciones de corto plazo, el ahorro de largo plazo sigue dolarizado y fuera de jurisdicción argentina.
Durante los próximos años el país difícilmente recibirá capitales de afuera. Esto obligará a mejorar las instituciones que canalizan el ahorro doméstico para favorecer la inversión, pero este objetivo es incompatible por los niveles del costo financiero. Los bancos siguen sin ver oportunidades de negocios, no pueden intermediar entre ahorro e inversión por falta de materia prima para prestar y de proyectos.

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