15 Octubre 2002 Seguir en 
Los efectos de la crisis recesiva que vive el país desde mediados de 1998 causaron estragos entre los argentinos e insinúa un futuro aún peor, en especial para los tucumanos. Tan sólo 12 de cada 100 personas económicamente activas (en condiciones de trabajar) en la provincia podrían recibir, al retirarse, la jubilación correspondiente, en caso de mantenerse las actuales condiciones económicas. El porcentaje registrado en la provincia es muy inferior al promedio registrado en el país, que llega al 35%.
El contexto nacional, en el que prevalecen el desempleo, el subempleo (que en la mayoría es sinónimo de trabajo en negro), el cuentapropismo y el trabajo informal, en un marco de pobreza, no hace más que explicar la crítica situación del régimen jubilatorio en la Argentina.
Algunos atenuantes
Los índices mejoran a nivel nacional y provincial (un 6,5% del total de personas en condiciones de trabajar y hasta un 20% en el total de aportantes) si se suman las personas que pagan a regímenes provinciales o cajas de profesionales y que están incluidas en las cifras del mercado laboral.
Con la pretensión de un mayor autoengaño sobre una realidad que resulta en extremo preocupante, los índices de las personas que no están haciendo los aportes al sistema de seguridad social podrían crecer en algún porcentaje si se contempla que en los padrones de inscriptos no están eliminados los ya jubilados y los fallecidos en los últimos meses.
Otros analistas eliminan de la lista -sin mucho sentido- a los desocupados, porque estos también formarán parte de los argentinos que no podrán jubilarse en el futuro.
Desde el Gobierno, además de reconocer que las cifras son alarmantes, se dijo que convocaron a una comisión de expertos para discutir una reforma sobre lo que podría hacer efectivamente el Estado con quienes quedan al margen del derecho a los beneficios jubilatorios.
Según algunos expertos, la baja tasa de aportes se debe a tres causas fundamentales: a la deserción de los autónomos, a los que trabajan en negro y a los desocupados. En líneas generales, se coincide en que los autonónomos no están incentivados para realizar su aporte debido a que sólo el 20% de lo que pagan va a su cuenta de capitalización.
El contexto nacional, en el que prevalecen el desempleo, el subempleo (que en la mayoría es sinónimo de trabajo en negro), el cuentapropismo y el trabajo informal, en un marco de pobreza, no hace más que explicar la crítica situación del régimen jubilatorio en la Argentina.
Algunos atenuantes
Los índices mejoran a nivel nacional y provincial (un 6,5% del total de personas en condiciones de trabajar y hasta un 20% en el total de aportantes) si se suman las personas que pagan a regímenes provinciales o cajas de profesionales y que están incluidas en las cifras del mercado laboral.
Con la pretensión de un mayor autoengaño sobre una realidad que resulta en extremo preocupante, los índices de las personas que no están haciendo los aportes al sistema de seguridad social podrían crecer en algún porcentaje si se contempla que en los padrones de inscriptos no están eliminados los ya jubilados y los fallecidos en los últimos meses.
Otros analistas eliminan de la lista -sin mucho sentido- a los desocupados, porque estos también formarán parte de los argentinos que no podrán jubilarse en el futuro.
Desde el Gobierno, además de reconocer que las cifras son alarmantes, se dijo que convocaron a una comisión de expertos para discutir una reforma sobre lo que podría hacer efectivamente el Estado con quienes quedan al margen del derecho a los beneficios jubilatorios.
Según algunos expertos, la baja tasa de aportes se debe a tres causas fundamentales: a la deserción de los autónomos, a los que trabajan en negro y a los desocupados. En líneas generales, se coincide en que los autonónomos no están incentivados para realizar su aporte debido a que sólo el 20% de lo que pagan va a su cuenta de capitalización.







