La psicología aplicada al deporte cobra interés

16 Abril 2007
La presencia de un psicólogo en uno de los entrenamientos que efectuó el club San Martín la semana pasada representó el primer caso público en Tucumán en el que un profesional de esa especialidad inicia un trabajo en una institución de proyección nacional y de gran arraigo en la provincia. El licenciado Juan Garbero, antes de comenzar su relación con el club de La Ciudadela, había dado razones por las cuales se puede salir fortalecido de la adversidad en un punto de vista que publicó LA GACETA. La presencia de profesionales de la disciplina no es nueva en el deporte mundial, en particular en el fútbol. Y su permanencia asoma como necesaria, no como una salida a situaciones de crisis sino como una herramienta para poder sobrellevar los rigores de la alta competencia.
En los últimos años y, en forma paulatina, se fue incrementando la demanda de psicólogos especializados en deporte para insertarse en la actividad. En todos los casos, fueron los dirigentes y los entrenadores los que impulsaron su presencia. Pero, muchas veces, la fuerte exposición que los profesionales sufrieron produjo una resistencia del medio. Y la falta de conocimiento acerca de los aportes que esta ciencia puede hacer no permitió ni siquiera su consideración.
Para partir de una base lógica, se debe determinar que los psicólogos en el fútbol no son ni salvadores ni magos ni últimos recursos para sacar a un deportista o a un conjunto de ellos de una situación delicada. Pero también se debe colegir que actividades como el fútbol exponen a quienes lo practican a situaciones de gran presión mental. Los jugadores están permanentemente a prueba, en un trabajo cuya única seguridad parece radicar en la victoria.
La psicología aplicada al fútbol ganó adeptos en los últimos años dentro de los cuerpos técnicos de los clubes del mundo. Marcelo Roffé, psicólogo de seleccionados juveniles nacionales, señaló en alguna oportunidad que los factores mentales “son ampliamente reconocidos como determinantes en el rendimiento de un futbolista”. Este, para acceder al profesionalismo, no sólo debe tener bien incorporados los conceptos de técnica,  táctica y cuidado físico, sino que en lo mental debe estar fortalecido para soportar los rigores del alto rendimiento.
El propio Roffé planteó que se considera que el psicólogo se inserta en un equipo de fútbol con un doble objetivo: realizar una actividad planificada con objetivos a mediano y largo plazo, inserto en un equipo de trabajo interdisciplinario y con la anuencia del entrenador para atender los emergentes y las urgencias que pudiesen surgir a lo largo de este proceso. Y Francisco García Ucha escribió que el psicólogo deportólogo no está para garantizar resultados, sino el bienestar psicológico de los futbolistas.
Este último punto es clave para entender la función y, de paso, determinar su éxito. Son dos los objetivos que se deben tomar a nivel general y el primero de ellos es la optimización del rendimiento. Lo que se busca con ello es una mejora de las aptitudes psicológicas básicas que el deportista necesita durante la competencia. En ello se involucran la motivación, la confianza, la concentración, el control de presiones y la cohesión grupal. Las otras metas son la prevención, la promoción de la salud mental del deportista y su formación como ser humano.
Garbero, en el caso especial de San Martín, sugirió que será la capacidad analítica y racional del plantel la que lo llevará a sobreponerse a la adversidad. En este caso, la ayuda que debe recibir debe tener implícito el bajo perfil del profesional a cargo. Y como actitud recíproca, el respeto de los beneficiarios al trabajo del especialista.

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