Alperovich gana terreno

El gobernador eligió a Manzur, que ya había desplazado a Juri en las preferencias. La figura que pueda encarnar la alternancia al oficialismo demora en emerger. Por Carlos Abrehu - Secretario General de Redacción.

15 Abril 2007
Alain Rouquié reflexionó que "la democracia no es sólo un método para cambiar o seleccionar dirigentes". El fino analista francés decía en un reportaje publicado en la revista "Archivos del presente" que donde existen tradiciones de voto clientelista, manipulado, "la democracia cambia la dirigencia y crea una exigencia de ciudadanía". En teoría esto es posible, ¿pero en Tucumán se corporizaría en realidad operante esa conceptualización de Rouquié? La cuestión no es baladí. Para que pueda haber reemplazo de equipos gobernantes deben existir fuerzas políticas decididas a diferenciarse del oficialismo de turno y dispuestas a modificar una cultura política. Ser oposición no es sinónimo de ser obstrucción pérfida para la administración de turno, sino una práctica de control y de disidencia admitida por la democracia. La convocatoria del gobernador, José Alperovich, a constituir un frente que se proponga el despegue de Tucumán tiende a delimitar hasta dónde se extenderá el territorio propio y a definir quiénes estarán del otro lado. Una alianza que, además, tiene el aditamento seductor de prometer cuatro años más años de ejercicio del poder. Pero, por otra parte, está enderezada a debilitar el potencial erosivo de los disidentes con la Casa de Gobierno. La diputada nacional Beatriz Rojkés de Alperovich, en su primer discurso como presidenta del PJ, oficializó la estrategia frentista. Es lícito suponer que puede haber más de una oferta para impulsar la transformación de la provincia. La tarea de que la ciudadanía se entere de ellas es de competencia de las organizaciones refractarias al proyecto continuista del alperovichismo.
La oposición viene a ser una parte esencial del proceso político. En Tucumán, donde el oficialismo sueña con ocupar la mayor cantidad de espacios institucionales disponibles, aquella exhibe un panorama confuso. Ninguna de las vertientes que coinciden en discrepar con la Casa de Gobierno consiguió todavía aparecer como una organización capaz de erigirse en alternativa al plan reeleccionista de Alperovich.Y sin alternativa que se le oponga, la continua exposición mediática del gobernador lo encumbra como alguien difícil de derrotar en las urnas. La opción al poderoso del momento tonifica la vida democrática. Si ella no existe, se abre camino al dominio del pensamiento único en una sociedad anestesiada por el alto grado de dependencia del Estado.
La posición de preeminencia de que goza Alperovich actualmente se robustece con el descomunal manejo de recursos políticos y financieros en materia electoral. El aplastante triunfo de la primera dama en los comicios internos del justicialismo terminó de cerrar el círculo. Golpeó, en realidad, adentro y afuera del partido fundado por Juan Domingo Perón.

Una ofensiva a fondo
Alperovich se mostró muy ágil en la primera quincena de abril. Liquidó cualquier especulación negociadora de entrada, aprovechando el capital electoral acumulado. La ofensiva que encaró en la primera parte de abril fue muy ambiciosa.Sin que nadie le objetara nada dentro del campamento oficialista, ubicó a su esposa en el primer puesto de la lista de candidatos a legisladores por la capital. Proclamó al ministro de Salud Pública, Juan Luis Manzur, candidato a vicegobernador; y a Domingo Amaya lo postuló para la intendencia de San Miguel de Tucumán.
Además, se adelantó a los hechos y saltó por encima de la división de poderes cuando se comprometió a bajar en $ 100 millones el presupuesto legislativo. De ese modo, sugirió que la Legislatura presidida por Fernando Juri gasta más de lo que debiera. En verdad, fabricó muchas novedades en escaso tiempo, al sentirse el dueño del ring.
Con el blanqueo de la propuesta de Manzur, Alperovich desvió también el fuego político que amenazaba con focalizarse en Beatriz Rojkés, flamante titular del partido del gobierno. La designación del ministro Manzur en la presidencia de la convención constituyente en 2006 abrió la primera brecha entre Alperovich y Juri. Entonces, se había empezado a hablar de la emergente candidatura del funcionario, que desplazaba al vicegobernador.
Nadie arriesgaba un centavo por la ratificación de la fórmula consagrada en 2003, a pesar del discurso oficial. El diagnóstico hecho casi un año antes cristalizó, finalmente, en un dato cierto. Las diferencias de criterio en la relación interpoderes y, por último, el lanzamiento de la primera dama al peronismo sepultó el acercamiento.

Los consejos al ministro
Conocedor de que Alperovich aprecia superlativamente la fidelidad y el sentido de obediencia de Manzur, Juri le aconsejó en forma pública que sea presidente del Poder Legislativo antes que vicegobernador, "que es una figura híbrida". En rigor, todo lo que detesta el gobernador. Fue una devolución de gentilezas y una demarcación del mapa institucional. ¿Qué hará Juri? El vicegobernador puede alargar la definición de su futuro hasta el 11 de mayo, cuando expirará el plazo para pactar acuerdos multipartidarios. Al no enredar el proceso con denuncias sobre fraude, Juri no sacó los pies del plato. Buscará que se les reconozca a sus seguidores el 30% de los cargos electivos -con políticos que quieren la reelección o con caras nuevas-, pero si eso no acontece explorará nuevos escenarios. La diputación nacional ofrecida como arreglo de trastienda es otra hipótesis.
Aparentemente no le seduce la idea, porque dice que preferiría ganarla con el voto de los afiliados. Por delante tiene el desafío de consolidar el terreno ganado en las elecciones internas, que perdería si abandona la geografía provincial.
Fuera del partido gobernante, el horizonte no está claro. La UCR está tensionada entre quienes abogan por una candidatura propia, respetuosa de la identidad partidaria, y los que abogan por una fórmula aliancista. Mario Marigliano es el nombre preferido por los primeros. La segunda franja piensa en un extrapartidario, por lo menos. El debate radical, además, sufre las interferencias constantes del gobernador, que sonríe ante la confluencia de sus ex correligionarios del disuelto Ateneo de la Libertad, que ahora militan en Participación Cívica y en el Movimiento Popular Yrigoyenista. Un ex bussista -también de procedencia radical-, Miguel Brito, y el ex frepasista de ascendencia peronista Daniel Posse condimentan con otros colores la combinación de los ex radicales. Fuerza República cifra todas sus esperanzas en el apellido Bussi, que sufre un severo desgaste.
La irrupción de Osvaldo Cirnigliaro sorprendió. El partido Laborista lo pone en carrera para la gobernación. Eterno aspirante al cargo, había dialogado con diversos dirigentes sin descubrir su juego. La carta testimonial es la que más tienta a partidos como Tres Banderas. Con Juri especulando y sin que se perfile otra figura con vigor, la opción que emerja como alternativa a Alperovich aún está lejos de asomar.

Tamaño texto
Comentarios