Por temor, toman más medidas de seguridad

Los responsables de consorcios y la Policía mantuvieron una reunión para elaborar un plan que ponga fin "escruches" en departamentos.

TALON DE AQUILES. La mayoría de los edificios del microcentro no cuenta con porteros desde el sábado al mediodía hasta el lunes a la mañana. LA GACETA / JOSE NUNO
TALON DE AQUILES. La mayoría de los edificios del microcentro no cuenta con porteros desde el sábado al mediodía hasta el lunes a la mañana. LA GACETA / JOSE NUNO
15 Abril 2007
Los robos en cuatro edificios de la capital encendieron la luz de alarma. Los habitantes de departamentos céntricos, según confiaron porteros, incrementaron las medidas de seguridad por temor a ser víctimas de un hurto.
La iniciativa se tomó luego de que la Policía, en base a un relevamiento, confirmara que casi el 90% de los aproximadamente 150 edificios del microcentro, no cuentan con personal de seguridad durante los fines de semana.
“Lo primero que hicieron es pedirnos que nos quedemos a la puerta todo el tiempo. Que no dejemos entrar a nadie desconocido”, aseguró Carlos G., portero de un edificio que prefirió no revelar su apellido para evitar inconvenientes.
Otros, en cambio, decidieron tomar medidas más extremas. LA GACETA en un recorrido parcial detectó que dos consorcios decidieron anular la apertura de la puerta de ingreso central desde los departamentos. “Es común que la gente con sólo escuchar el timbre abra la puerta. Se imaginan que es alguien conocido, pero ni saben en realidad quién los busca”, relató Mario M.
Su colega, Juan Carlos H, dijo que el movimiento en los edificios es permanente, y más aún si existen oficinas. “Pasa muchísima gente y no podemos estar pidiéndoles documentos a cada uno. Pero los habitantes insisten en que no dejemos pasar a nadie. Es un problema que se debe resolver en el consorcio”, explicó.
Ambos porteros señalaron que hay vecinos que tienen actitudes irresponsables en lo que a seguridad se refiere. “Salen apurados y dejan abierta la puerta de par en par. No le ponen llaves, un paso fundamental para que los ladrones las abran con facilidad”, explicaron.
Los escruches que se registraron en los departamentos de San Martín al 900, San Juan al 700, Córdoba al 800 y Balcarce al 800, desnudaron una realidad: son muy pocos los edificios que cuentan con vigilancia las 24 horas y, mucho menos, que tienen personal durante los fines de semana, especialmente los domingos.
“Son pocos los consorcios que cuentan con el servicio durante los domingos. Todo esto ocurre por una razón muy simple: ese día nos tienen que pagar doble y, si lo hacen, las expensas deben aumentar y los propietarios no quieren saber nada”, explicó Mario, un portero de un edificio del barrio Sur.
El titular de la Dirección de Patrulla Urbana, comisario Víctor Pacheco, confirmó que en un relevamiento realizado durante estos días, se confirmó que el 90% de los edificios no cuenta con servicios de porteros desde el sábado al mediodía hasta el lunes a la mañana.
“Sabemos que el 10% restante, en su gran mayoría, son de barrio Norte, que durante todo el fin de semana, cuentan con servicio de vigilancia privada. Esta situación tiene que ver con el mayor poder adquisitivo con la que cuentan los vecinos”, explicó el titular de Patrulla Urbana.
El comisario explicó que durante esta semana se reunió con los responsables de varios consorcios y se elaboró un plan con el que se pretende poner fin a la ola de robos en los edificios del microcentro.
“Los agentes recibieron la orden de dar el número de su teléfono celular a algún representante del edificio para que los llamen ante cualquier situación que se genere. La presencia de uniformados se multiplicará durante los fines de semana”, aseguró Pacheco.

ANALISIS
¿Quién se hace cargo de la víctima?
Por Roberto Espinosa - Redacción de LA GACETA
Miedo, impotencia, bronca, desprotección son algunas de las sensaciones que experimenta la víctima de un asalto o de un motoarrebato. Pareciera que en esta sociedad tucumana cada vez más violenta, los victimarios obtienen más beneficios que los agredidos. Delincuentes que son arrestados y liberados luego, a las pocas horas -a veces por trámite de algún abogado o político influyente-; personas que han padecido un asalto callejero e hicieron la denuncia correspondiente asisten al juicio oral y las sientan al lado del malhechor que las atacó, generándole un trauma peor que al que ya sufren.
“Y si lo reconozco y lo condenan, cuando este salga en libertad, ¿quién me garantiza que no se vengará conmigo o con mi familia, si ya sabe quién soy, qué hago y dónde vivo? ¿Será mejor si afirmo no reconocerlo y evito así estar atormentándome con esta posibilidad?”, se pregunta la víctima que revive en ese momento la violencia de la agresión.
Según un sondeo que efectuó la consultora Sociología y Mercado, sobre 600 personas consultadas de entre 18 y 70 años, el 39,6 % de los consultados afirmó haber sido blanco de hechos delictivos durante 2006, pero poco menos de la mitad (el 44 %) hizo la denuncia policial porque consideran que los delitos no se van a investigar o porque pocas veces se logra recuperar lo que les han robado.
¿Quién se hace cargo del shock traumático que sufre la víctima cuando es golpeada o lesionada en un asalto, mucho más si se trata de un menor? ¿Quién se hace cargo del costo económico, en el caso de que el ciudadano haya sufrido lesiones graves y no haya detenidos? ¿Cómo recuperar la confianza en las instituciones y cómo se reinserta en la vida cotidiana sin esa sensación de miedo constante?
La ola delictiva sigue en ascenso, sin que el Gobierno haya podido aún contrarrestarla. En una sociedad que vive prisionera del miedo, de la inseguridad, donde la impunidad sigue reinando, difícilmente sus ciudadanos pueden crecer y desarrollarse en libertad.

Consejos
Conservar siempre cerradas las puertas de acceso.

Iluminar adecuadamente cocheras, sótanos y terrazas.

No colocar carteles tales como “no estoy” o “vuelvo en cinco minutos”, entre otros.

No permitir nunca el acceso a vendedores.

Los empleados de empresas de servicios no deben ingresar al edificio si nadie los llamó.

El uniforme o prendas con logotipos de empresas no constituyen un certificado de lo que representan.

En las reuniones de consorcios no se debe dudar en marcar y señalar violaciones a las normas de seguridad adoptadas.

Si debe firmar algún recibo o planilla de entrega, deje la cadena puesta y devuelva el comprobante.

Los consorcistas no deben desentenderse de los relevos o suplencias que realicen los encargados.

No debe ser confidente del consorcista.

Después de ingresar, verifique que la puerta quede perfectamente cerrada con llave.

Si al llegar a su edificio y encuentra alguien hablando por el portero eléctrico, mantenga la distancia.

No suba al ascensor con desconocidos o con quienes, por cualquier razón, le resulten sospechosos.

Si encargó comida a domicilio, baje a recibirla en el hall.

Algunas modificaciones
EL EMPLEADO.- Un individuo que simula ser empleado de una empresa de correo, golpea la puerta con la excusa de entregar un paquete, carta o documento. Al flanquearle el ingreso, el hombre entra y, detrás de él, también lo hacen sus cómplices. Pueden ser personas que fingen ser empleados de alguna empresa de servicios que pretende entrar para realizar alguna reparación.
 
FALSA ALARMA.- Una persona le dice que su hijo sufrió un accidente. La madre o el padre ingresa en estado de shock, situación que es aprovechada por los delincuentes para ingresar al domicilio.

 “TIENE PAN”.-
Menores de edad, vestidos con ropas rotas, solicitan limosna o comida. Cuando el vecino abre la puerta, los chicos lo siguen y, una vez en el interior, reducen a la víctima. Generalmente estos adolescentes son reclutados por mayores para delinquir.

CONOCIDO.- Un hombre que asegura ser compañero de trabajo o de estudio de un familiar, se presenta en el domicilio y pide prestado el teléfono. Una vez que ingresó en la casa, reduce a sus habitantes.

“LA AMIGUITA”.- Una mujer bien vestida, que inspira más confianza, se presenta en el domicilio. Cuenta todos los datos personales de un familiar e inventa una excusa  (devolver una suma de dinero o pedir permiso para utilizar el baño) para ingresar al departamento. Una vez adentro, reduce al propietario y permite el ingreso de sus cómplices.

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