El estilo pendular del Presidente

Kirchner aparece ante la sociedad cuando los temas le convienen, pero desaparece cuando le son desfavorables. Dijo que está bien que se discutan las subas salariales. Por Angel Anaya - Columnista.

14 Abril 2007
BUENOS AIRES.- El Presidente ha tratado a las administradoras de jubilación privada poco menos que de una asociación de delincuentes, mientras exhibía en el acto su abandono para pasarse al sistema estatal. “Fui víctima de una trampa”, dijo, pero al parecer no se dio cuenta en tantos años. También enfatizó que sus padres se jubilaron en el sector público, lo que es lógico si se piensa que cuando aportaban no existía el privado. Este tipo de contradicciones entre la realidad y la apariencia ha tenido así otra demostración, acaso menuda, pero elocuente de la duplicidad de nuestras costumbres que, cuando nos perturban, culpamos a algún tercero. El gobernador de Neuquén, Jorge Sobisch, trata de eludir su responsabilidad política de que haya un policía delincuente y procesado que mata de uniforme, apuntando a Kirchner. Por su parte, este sostiene que las renovaciones salariales de paritarias provocan, y es lógico, protestas por tensión de crecimiento, “y está bien que se discuta, y tenemos que acostumbrarnos”, dijo. Mientras eso decía en otro acto cotidiano, en Santa Cruz era ocupada la Legislatura por sindicalistas que exigen paritarias, eliminadas mediante una ley desde 1991 y por la que los empleados públicos reciben cifras en negro que no se computan para el salario básico. El tema santacruceño, después de tres semanas de huelgas, no ha tenido una sola explicación oficial, y se duda de que esa rara ley, única en el país, sea revocada.
Algunos piensan que ese pendular sistema de enfrentar discursivamente cuestiones favorables, como aparecer presidiendo un acuerdo entre empresas y el sindicato de plásticos, y desaparecer ante las desfavorables, es un método con altos réditos. Sin embargo, la rapidez con que se mueve el péndulo en las últimas semanas no parece marcar la hora apropiada. Para el lunes, por ejemplo, la agenda de imprevistos consigna una marcha de comisiones vecinales de Gualeguaychú a la Casa Rosada para solicitar a Kirchner y a sus ministros que aclaren públicamente sus posiciones en el problema de las pasteras con Uruguay. Y es que las elusivas palabras oficiales desde que comenzó el conflicto “son un sí pero no, sino todo lo contrario”, como ha definido la Asamblea Ciudadana Ambiental después de las manifestaciones adversas del embajador en Montevideo, Hernán Patiño Meyer, y el persistente silencio presidencial que antecede a la reunión de Madrid con el facilitador de la corona. Silencio forzado, como en el caso de Santa Cruz, por el compromiso de no reprimir protestas. “Yo les decía recién a los plásticos que en la democracia no hay que tenerles miedo a las diferencias, a las distintas ideas, y abandonar la idea de que con la discusión se viene un gran conflicto”, ha explicado Kirchner en otra movida pendular. (De nuestra Sucursal)