06 Abril 2007 Seguir en 
Tiene 18 años y nació en Aguilares. Hoy juega al voley en una de las instituciones más reconocidas del mundo deportivo: Boca Juniors. Ya disputó dos Sudamericanos y un Mundial representando a la Argentina. Con estos antecedentes, es casi una obviedad señalar que Aylín Pereyra cumplió parte de sus sueños. Pero su historia tiene aún muchos capítulos por ser escritos.
Todo comenzó a pocas cuadras del club Deportivo Aguilares, a los 8 años, aunque desde hacía tiempo que se escapaba de casa para ver jugar a su hermano. De la mano de su papá, Enzo, llegó al voley. "El jugaba, pero yo no me acordaba porque era muy chiquita. Cuando se dio cuenta de que me gustaba, en casa me corregía los pases y practicábamos con la pelota frente a la pared", relata Aylín con nostalgia.
Como no podía ser de otra manera, defendió los colores de los "celestes" y luego pasó a Tucumán de Gimnasia. Allí cambió todo. "El presidente de la Federación en ese entonces era ?Quique? Mendoza. Me dijo que venía el técnico de Boca a dar una clínica y a observar a jugadoras para incorporarlas al club. Asistí y luego me reuní con él. Me dijo que tenía condiciones y futuro y me preguntó si quería irme. Le respondí que sí, sin dudarlo", contó la actual Nº 9 de Boca. Dejar los afectos fue muy duro para Pereyra, pero entendió que fue lo mejor. "Si me hubiera quedado no habría tenido estas chances; podría haber llegado a la selección menor, pero a un Mundial no. No es por desmerecer, pero en Tucumán el nivel se estancó", analizó.
La punta-receptora entiende que el mercado tiene una apertura hacia las jugadoras del interior. "En muchos aspectos, Dios es argentino pero atiende en Buenos Aires. Si me hubiera quedado quizás me habrían convocado, pero en la decisión pesa más el lugar que una elige para jugar. En Buenos Aires la competencia es más intensa y regular; casi todos los fines de semanas hay partidos", reconoció.
Pereyra vivió hace poco uno de los duelos más emocionantes, no sólo en la Liga Femenina, sino del deporte en general. "La semifinal contra River nos dejó un gustito amargo. A nadie le gusta perder el superclásico. Sabíamos que era difícil; River era el candidato; de hecho, ganó el título. Empezamos ganando y estuvimos a la altura de las circunstancias. En el equipo se lesionó una jugadora y otra se enfermó. Eso nos desequilibró", concluyó Pereyra.
Todo comenzó a pocas cuadras del club Deportivo Aguilares, a los 8 años, aunque desde hacía tiempo que se escapaba de casa para ver jugar a su hermano. De la mano de su papá, Enzo, llegó al voley. "El jugaba, pero yo no me acordaba porque era muy chiquita. Cuando se dio cuenta de que me gustaba, en casa me corregía los pases y practicábamos con la pelota frente a la pared", relata Aylín con nostalgia.
Como no podía ser de otra manera, defendió los colores de los "celestes" y luego pasó a Tucumán de Gimnasia. Allí cambió todo. "El presidente de la Federación en ese entonces era ?Quique? Mendoza. Me dijo que venía el técnico de Boca a dar una clínica y a observar a jugadoras para incorporarlas al club. Asistí y luego me reuní con él. Me dijo que tenía condiciones y futuro y me preguntó si quería irme. Le respondí que sí, sin dudarlo", contó la actual Nº 9 de Boca. Dejar los afectos fue muy duro para Pereyra, pero entendió que fue lo mejor. "Si me hubiera quedado no habría tenido estas chances; podría haber llegado a la selección menor, pero a un Mundial no. No es por desmerecer, pero en Tucumán el nivel se estancó", analizó.
La punta-receptora entiende que el mercado tiene una apertura hacia las jugadoras del interior. "En muchos aspectos, Dios es argentino pero atiende en Buenos Aires. Si me hubiera quedado quizás me habrían convocado, pero en la decisión pesa más el lugar que una elige para jugar. En Buenos Aires la competencia es más intensa y regular; casi todos los fines de semanas hay partidos", reconoció.
Pereyra vivió hace poco uno de los duelos más emocionantes, no sólo en la Liga Femenina, sino del deporte en general. "La semifinal contra River nos dejó un gustito amargo. A nadie le gusta perder el superclásico. Sabíamos que era difícil; River era el candidato; de hecho, ganó el título. Empezamos ganando y estuvimos a la altura de las circunstancias. En el equipo se lesionó una jugadora y otra se enfermó. Eso nos desequilibró", concluyó Pereyra.







