05 Abril 2007 Seguir en 
En el regreso de Rocky de los puños de Sylvester Stallone en esta sexta saga, se lo ve como más vibrante pegador, pero también como más sentimental en recapitular su vida como despedida final del púgil de Filadelfia. En este filme a Rocky no le queda otra opción que pelear tras haber perdido a su adorada mujer Adrian, a quien recuerda permanentemente llevando flores a su tumba, y a su hijo Robert (Milo Ventimiglia) que independientemente hace su vida al margen de la sombra que le proyecta la figura de su padre.
Los recuerdos de sus anécdotas boxísticas gloriosas que cuenta a sus comensales en su restaurante por la noche le sirven para sobrellevar la nostalgia de sus memorias y frustraciones pasadas.
En un momento de autoanálisis Rocky le confiesa a su irritable cuñado Paulie (Burt Young) que tiene cosas guardadas en el sótano y quiere ventilar su furia con su manager (Antonio Tarver) para concretar una pelea entre ambos y revivir el lustre de los cinturones ganados a otros rivales en su época pasada.
Rocky se mentaliza para comenzar los arduos entrenamientos para conseguir volver al cuadrilátero en buen estado y reflotar su condición de héroe de otros tiempos. Una música matizada por Bill Conti de múltiples variaciones aviva el recuerdo y le pone sugestión al filme. Stallone -por su parte- como director, guionista y actor pone la suficiente adrenalina que necesita del mismo modo que el héroe que se siente enfrentado al desafío que le tocará superar con sus fuertes puños hasta el final.
Su actuación se destaca con gestos rudos y ajustadas palabras a un diálogo preciso; a diferencia de sus anteriores actuaciones más sensibleras, en esta oportunidad está apoyado por un elenco expresivo donde se destacan Burt Young y Geraldine Hughes quien encarna a Marie.
Los recuerdos de sus anécdotas boxísticas gloriosas que cuenta a sus comensales en su restaurante por la noche le sirven para sobrellevar la nostalgia de sus memorias y frustraciones pasadas.
En un momento de autoanálisis Rocky le confiesa a su irritable cuñado Paulie (Burt Young) que tiene cosas guardadas en el sótano y quiere ventilar su furia con su manager (Antonio Tarver) para concretar una pelea entre ambos y revivir el lustre de los cinturones ganados a otros rivales en su época pasada.
Rocky se mentaliza para comenzar los arduos entrenamientos para conseguir volver al cuadrilátero en buen estado y reflotar su condición de héroe de otros tiempos. Una música matizada por Bill Conti de múltiples variaciones aviva el recuerdo y le pone sugestión al filme. Stallone -por su parte- como director, guionista y actor pone la suficiente adrenalina que necesita del mismo modo que el héroe que se siente enfrentado al desafío que le tocará superar con sus fuertes puños hasta el final.
Su actuación se destaca con gestos rudos y ajustadas palabras a un diálogo preciso; a diferencia de sus anteriores actuaciones más sensibleras, en esta oportunidad está apoyado por un elenco expresivo donde se destacan Burt Young y Geraldine Hughes quien encarna a Marie.
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