03 Abril 2007 Seguir en 
"Viajar en este país se ha vuelto caótico". Con esta rotunda afirmación, Mercedes Vega Martínez, docente e investigadora de la UBA, resumió la sensación de muchos tucumanos, y de argentinos en general, que necesitan ir de una provincia a otra.
El caos tiene causas muy claras: la incertidumbre diaria -desde hace más de un mes- respecto del horario de partida o arribo de los vuelos de Aerolíneas Argentinas; los reiterados vuelcos u otros accidentes de los ómnibus en las rutas; el mal estado de estas vías y, ahora, también los anegamientos y la caída de puentes que causaron los temporales en distintos puntos del país.
Un viaje a Buenos Aires en avión -que dura una hora y 40 minutos, puede insumirle al pasajero más de 12 horas. El traslado en ómnibus -habitualmente de 16 horas- se extendió a unas 20, debido a las inundaciones en Santa Fe, que obligan a las unidades a realizar desvíos.
Quejas y trastornos
"Tengo que venir una vez al mes a Tucumán por un trabajo de investigación en la UNT. Antes usaba el avión. Pero me pasé al ómnibus, cansada de las demoras de ocho y hasta de 12 horas en los vuelos. Sin embargo, el jueves pasado, el micro llegó a Tucumán a las dos de la tarde, cuanto tenía que hacerlo a las 9. Mañana (por hoy) yo tendría que estar en Buenos Aires a las 10, pero no sé a qué hora podré presentarme a trabajar", se quejó Vega Martínez, mientras esperaba en la Estación Central.
En el caso de los colectivos, no hay tardanzas en los horarios de salida. Pero los desvíos que se hacen en Santa Fe porque las inundaciones impiden transitar por la ruta nacional 34, más la lentitud con la que hay que circular por esa zona hasta llegar a Retiro, agregan entre dos y cuatro horas al viaje.
Claro que las realidades son diferentes. "No hay problema; tengo tiempo", comentó Manuel Reynoso, un jubilado que iba a Entre Ríos, al ser consultado sobre el tema. Aída Correa también estaba serena: "no es lo ideal, pero si es por seguridad, mejor que demoren". Silvina García, a su vez, se mostró más preocupada por las condiciones en las que manejan los choferes que por los atrasos. "No siempre duermen lo suficiente y eso es un riesgo", dijo. Carlos Barreiro, en cambio, sólo se quejó del aire acondicionado de los micros. "El frío es tan intenso que los pasajeros se enferman", afirmó.
Cuestión de costumbre
En cuanto a los aviones, los retrasos obedecen a la necesidad de reprogramar los horarios de los vuelos en el aeroparque metropolitano Jorge Newbery y en el aeropuerto internacional de Ezeiza, debido a la rotura de un radar. Sin embargo, según informaron empleados de Aerolíneas, en Tucumán, los pasajeros ya se han ido acostumbrando a consultar sobre los horarios de salida y arribo de los aviones, de manera que disminuyó la cantidad de horas de espera en la aeroestación.
Asimismo, si hay asientos disponibles, se cambia el pasaje del cliente para otro vuelo a fin de evitarle la demora. Fue el caso de Juan Gaso, que anoche debía viajar a Buenos Aires a las 20.45. Como ese vuelo estaba demorado, lo pasaron al que debía haber despegado a las 19.05, pero que estaba embarcando unos minutos después de las 20. "Me solucionaron el problema; creo que esto se va a arreglar", dijo, con optimismo.
Silvia y Héctor Paz, que habían ido a despedir a su hijo, apuntaron que el Estado debería controlar mejor a la empresa, pero exhortaron a no alarmarse. "Si alguien se siente inseguro de volar, en todo caso que recurra al colectivo", dijo Héctor.
"¿Es seguro volar?", le preguntó LA GACETA a Enrique Piñeyro, ex piloto de LAPA y quien viene denunciando, desde hace varios años, una serie de irregularidades en el manejo de los aeropuertos de Buenos Aires. "Ahora vuelve a haber peligro", afirmó Piñeyro, en un diálogo teléfonico con nuestro diario. Explicó que el riesgo no radica en la falta de uno de los radares que emplean los controladores de vuelo, sino de la frecuencia que se estableció para el despegue de los aviones. "El viernes pasado se dispuso que salgan cada cinco minutos; eso es lo grave", dijo. El ex piloto y realizador de la película "Fuerza Aérea SA", explicó que, al no contar con el llamado radar primario -que "barre" todo lo que está volando"-, puede ocurrir que dos aviones vuelen a la misma altura, uno al lado de otro, lo que jamás debería pasar. El otro radar, el secundario -que es el que está funcionando- permite obtener información adicional sobre número de vuelo y altitud de cada avión, pero no da un panorama del conjunto.
"En estas condiciones, los aviones deberían despegar cada 10 minutos", puntualizó Piñeyro. En cambio, si los dos radares funcionan bien, pueden salir con una frecuencia de dos minutos entre uno y otro vuelo, afirmó.
Propuestas
El ex piloto afirmó que es posible evitar riesgos y trastornos a los pasajeros a pesar de la falta del radar. "Deberían restringirse los vuelos privados; levantar la veda de los vuelos nocturnos en el Aeroparque Jorge Newbery; hacer control manual y no por radar, separar los vuelos cada 10 minutos y por altitud y reprogramar horarios con antelación y en forma organizada para evitar las demoras en los aeropuertos", sostuvo el aviador.
El caos tiene causas muy claras: la incertidumbre diaria -desde hace más de un mes- respecto del horario de partida o arribo de los vuelos de Aerolíneas Argentinas; los reiterados vuelcos u otros accidentes de los ómnibus en las rutas; el mal estado de estas vías y, ahora, también los anegamientos y la caída de puentes que causaron los temporales en distintos puntos del país.
Un viaje a Buenos Aires en avión -que dura una hora y 40 minutos, puede insumirle al pasajero más de 12 horas. El traslado en ómnibus -habitualmente de 16 horas- se extendió a unas 20, debido a las inundaciones en Santa Fe, que obligan a las unidades a realizar desvíos.
Quejas y trastornos
"Tengo que venir una vez al mes a Tucumán por un trabajo de investigación en la UNT. Antes usaba el avión. Pero me pasé al ómnibus, cansada de las demoras de ocho y hasta de 12 horas en los vuelos. Sin embargo, el jueves pasado, el micro llegó a Tucumán a las dos de la tarde, cuanto tenía que hacerlo a las 9. Mañana (por hoy) yo tendría que estar en Buenos Aires a las 10, pero no sé a qué hora podré presentarme a trabajar", se quejó Vega Martínez, mientras esperaba en la Estación Central.
En el caso de los colectivos, no hay tardanzas en los horarios de salida. Pero los desvíos que se hacen en Santa Fe porque las inundaciones impiden transitar por la ruta nacional 34, más la lentitud con la que hay que circular por esa zona hasta llegar a Retiro, agregan entre dos y cuatro horas al viaje.
Claro que las realidades son diferentes. "No hay problema; tengo tiempo", comentó Manuel Reynoso, un jubilado que iba a Entre Ríos, al ser consultado sobre el tema. Aída Correa también estaba serena: "no es lo ideal, pero si es por seguridad, mejor que demoren". Silvina García, a su vez, se mostró más preocupada por las condiciones en las que manejan los choferes que por los atrasos. "No siempre duermen lo suficiente y eso es un riesgo", dijo. Carlos Barreiro, en cambio, sólo se quejó del aire acondicionado de los micros. "El frío es tan intenso que los pasajeros se enferman", afirmó.
Cuestión de costumbre
En cuanto a los aviones, los retrasos obedecen a la necesidad de reprogramar los horarios de los vuelos en el aeroparque metropolitano Jorge Newbery y en el aeropuerto internacional de Ezeiza, debido a la rotura de un radar. Sin embargo, según informaron empleados de Aerolíneas, en Tucumán, los pasajeros ya se han ido acostumbrando a consultar sobre los horarios de salida y arribo de los aviones, de manera que disminuyó la cantidad de horas de espera en la aeroestación.
Asimismo, si hay asientos disponibles, se cambia el pasaje del cliente para otro vuelo a fin de evitarle la demora. Fue el caso de Juan Gaso, que anoche debía viajar a Buenos Aires a las 20.45. Como ese vuelo estaba demorado, lo pasaron al que debía haber despegado a las 19.05, pero que estaba embarcando unos minutos después de las 20. "Me solucionaron el problema; creo que esto se va a arreglar", dijo, con optimismo.
Silvia y Héctor Paz, que habían ido a despedir a su hijo, apuntaron que el Estado debería controlar mejor a la empresa, pero exhortaron a no alarmarse. "Si alguien se siente inseguro de volar, en todo caso que recurra al colectivo", dijo Héctor.
"Los aviones deberían despegar cada 10 minutos"
"¿Es seguro volar?", le preguntó LA GACETA a Enrique Piñeyro, ex piloto de LAPA y quien viene denunciando, desde hace varios años, una serie de irregularidades en el manejo de los aeropuertos de Buenos Aires. "Ahora vuelve a haber peligro", afirmó Piñeyro, en un diálogo teléfonico con nuestro diario. Explicó que el riesgo no radica en la falta de uno de los radares que emplean los controladores de vuelo, sino de la frecuencia que se estableció para el despegue de los aviones. "El viernes pasado se dispuso que salgan cada cinco minutos; eso es lo grave", dijo. El ex piloto y realizador de la película "Fuerza Aérea SA", explicó que, al no contar con el llamado radar primario -que "barre" todo lo que está volando"-, puede ocurrir que dos aviones vuelen a la misma altura, uno al lado de otro, lo que jamás debería pasar. El otro radar, el secundario -que es el que está funcionando- permite obtener información adicional sobre número de vuelo y altitud de cada avión, pero no da un panorama del conjunto.
"En estas condiciones, los aviones deberían despegar cada 10 minutos", puntualizó Piñeyro. En cambio, si los dos radares funcionan bien, pueden salir con una frecuencia de dos minutos entre uno y otro vuelo, afirmó.
Propuestas
El ex piloto afirmó que es posible evitar riesgos y trastornos a los pasajeros a pesar de la falta del radar. "Deberían restringirse los vuelos privados; levantar la veda de los vuelos nocturnos en el Aeroparque Jorge Newbery; hacer control manual y no por radar, separar los vuelos cada 10 minutos y por altitud y reprogramar horarios con antelación y en forma organizada para evitar las demoras en los aeropuertos", sostuvo el aviador.
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