De repente, la gran ausencia de Kirchner
El Presidente sorprendió a más de uno cuando decidió no asistir al acto oficial de homenaje a los argentinos caídos en las Malvinas. Los errores de la política. Por Angel Anaya - Columnista.
03 Abril 2007 Seguir en 
BUENOS AIRES.- Poco después de que la ministra de Defensa, Nilda Garré, confirmó el sábado que el Presidente encabezaría la conmemoración del cuarto de siglo de Malvinas, comenzaron a trascender en el entorno presidencial las pautas del mensaje que pronunciaría y que prometían un encendido perfil. Sin embargo, la margarita con que Kirchner se manejó desde hace una semana dijo finalmente no, pues ninguna autoridad responsable de Tierra del Fuego, ni de Santa Cruz, le pudo asegurar que saldría políticamente incontaminado. “
Por otra parte, siempre están los terceros”, ha manifestado uno de los controladores frustrados, aludiendo a los oportunistas tipo “Quebracho” que aprovechan para obtener lo que las urnas no les dan.
Indefiniciones
La memoria de Malvinas y los múltiples puntos de vista no coincidentes que la desvalorizan, impidiendo una reflexión suficientemente compartida en beneficio de todos, debió soportar así otro golpe por parte de quienes -conforme se acercaba la conmemoración- adoptaron decisiones o prometieron definiciones históricas hacia el futuro.
Las mismas razones que tuvo el Presidente para quedar en el frío paraje de Los Glaciares, las tuvo también la primera dama, a quien algunos organizadores del acto esperaban en su lugar, pues frecuentemente concurre a celebraciones y a actos sin aquel.
Por qué no se anunciaron antes esas ausencias y se esperó a que los invitados estuvieran en el palco es otro interrogante sin respuesta, pero hasta El Calafate, una meta de turistas pudientes, llegó el conflictivo ruido santacruceño.
La cuesta por remontar
Otra sorpresa decepcionante estuvo a cargo de los medios de información audiovisuales que, al no concurrir el matrimonio presidencial hicieron todo lo más transmisiones a medias, interrumpiéndolas para dedicarse a otros temas.
La más ausente fue la pantalla y voz oficial, especialmente lo que pomposamente se llama ahora “la televisión pública”, que remitió lo que ocurría en Ushuaia al sumario forzoso de sus noticieros.
Los temores personales y la escasa imaginación se hicieron, de esa forma, eco de la omisión presidencial y pusieron así en exhibición la trastienda de la escena política, lo que ocurre en la política nacional detrás del telón.
La asociación de ex combatientes había solicitado a los gremios en conflicto que se abstuvieran de manifestación alguna, actitud razonable si se piensa en la naturaleza de la conmemoración; más, al parecer, también están ausentes algunos valores esenciales que conciernen a la comunidad nacional sin excepción y poco tienen que ver con explosiones seudonacionalistas en beneficio de grupos o para descalificación de las ideas ajenas.
El saldo de la jornada que con tantas expectativas se aguardaba, puede servir -por todo ello- de fuerte debate político, donde el Presidente seguramente ha de tener una penosa cuesta por remontar. Al menos, son muchos los que esperan una explicación razonable de su comentada ausencia. (De nuestra Sucursal)







