24 Marzo 2007 Seguir en 
SANTIAGO.- El mal funcionamiento del nuevo sistema de transporte público, instaurado hace 53 días en Santiago, ha dejado al gobierno de la presidenta, Michelle Bachelet, enfrentado a la ira popular -que derivó en hechos de violencia- y a las presiones desde todos los sectores políticos para que "rueden cabezas" en el gabinete.Las deficiencias del nuevo esquema, que modificó todos los recorridos de los ómnibus, cambió las empresas operadoras e instauró un sistema de cobro electrónico, son múltiples, y han generado un creciente estado de crispación entre los usuarios. No es para menos, ya que no hay suficientes coches, tampoco vías exclusivas para su circulación ni paradas para ascenso y descenso de pasajeros. Para rematar, las calles no están señalizadas y no hay centros de recargo de la tarjeta electrónica de pago. Las fallas podrían afectar hasta el crecimiento económico, advirtieron expertos que calculan las pérdidas entre 130 y 400 millones de dólares por mes. A su vez, la Cámara de Comercio de Santiago señaló que la actividad económica de marzo caerá entre 0,3 y 0,5%.
En la mira
La oposición derechista apunta sus cañones contra el ministro de Transporte, Sergio Espejo, cara más visible del flamante "Transantiago". También quedaron en la mira el ministro de Hacienda, Andrés Velasco, el ministro de Obras Pública, Eduardo Bitrán, y el ministro del Interior, Belisario Velasco. Por su parte, la central obrera amenazó con llamar a movilizaciones. (AFP-NA)
En la mira
La oposición derechista apunta sus cañones contra el ministro de Transporte, Sergio Espejo, cara más visible del flamante "Transantiago". También quedaron en la mira el ministro de Hacienda, Andrés Velasco, el ministro de Obras Pública, Eduardo Bitrán, y el ministro del Interior, Belisario Velasco. Por su parte, la central obrera amenazó con llamar a movilizaciones. (AFP-NA)







