La visibilidad agradecida, pero no a cualquier costo
Análisis. Por Jorge Figueroa - Redacción LA GACETA.
18 Marzo 2007 Seguir en 
Son espacios alternativos, no hay dudas. Los propietarios de los bares, pubs, hoteles y restaurantes prestigian sus locales y ofrecen un plus a sus clientes. Y a los artistas les conviene: siempre es mejor tener una obra en exhibición que, humedecida, en la casa; o ser ignorado por aquellos que son los responsales de diseñar las políticas oficiales de exposición. Pero desde un punto de vista más general, esta movida abre otro interrogante y se presta para la polémica. ¿Son estos los espacios adecuados para el arte? ¿No se está estimulando, de algún modo, una mirada distraída, ligera y muy poco atenta de las obras? Esta preocupación no es baladí, porque si hay algo que debe exigir un artista, más que figurar -y eventualmente vender-, es la comunicación con su obra; que pueda ser “leída” o “consumida” con atención.Y el tema con los bares y restaurantes es que, en su inmensa mayoría, uno tiene que correr la silla o la mesa para acercarse a observar una obra; o interrumpir el paso del mozo, o pedir permiso a los que están de espaldas al cuadro para mirar, en definitiva, lo que está en la pared; son contados con los dedos de una mano los locales que están adecuados. El arte exige condiciones apropiadas para su visibilidad.
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