Para alimentar el espíritu

Cada vez más, en bares, pubs y restaurantes se exponen pinturas y dibujos. Para algunos se trata de una nueva tendencia de los diseñadores. Para otros, es un plus que se ofrece a los clientes.

LA GACETA / ANALIA JARAMILLO
LA GACETA / ANALIA JARAMILLO
18 Marzo 2007
Por un lado, es verdad que un grupo de diseñadores de la ciudad está proponiendo que el arte forme parte de la decoración, pero también es cierto que algunos propietarios procuran que sus locales sean identificados por algo más que el buen servicio o gastronomía; y otros directamente sostienen que "también estamos para alimentar el espíritu".
La movida de exponer arte en los pubs, bares, restaurantes y hasta en hoteles tuvo su origen en una marcada tendencia que se observó en los barrios de Palermo y de San Telmo, en Buenos Aires, y aquí, desde hace unos años, en el restaurante Lisandro (25 de Mayo al 400) y en el pub Plaza de Almas (Maipú y Santa Fe), que fueron algo así como los pioneros en la materia.
"Creo que favorece a un perfil de local donde la gente, más allá de que consuma o no, lo identifica como un espacio cultural", señala Fernando Ríos, socio de Plaza Almas y de Malegría. "Me parece que es un plus que el negocio le da a su cliente y que lo jerarquiza", opina el artista Rubén Kempa, cuyos grabados y pinturas se pueden ver en varios restaurantes , bares, pubs y hoteles.
Los objetivos no son los mismos, seguramente: Romina Filippi, que presenta muestras en La Casa Bistró Cultural (Laprida 315), indica que se busca armar un espacio "donde el cliente tenga un momento de rélax, y que esté contacto con el arte".
El propietario de ese espacio, Ricardo Arbeloa es quien firma la frase: "nos proponemos no sólo alimentar el cuerpo sino también el espíritu". Para Norma Patrona, de La Criolla Resto Arte (Laprida 185) "no es más que por amor al arte".

Relaciones
En cuanto a las relaciones que se establecen entre las obras, el negocio y sus clientes, Solana Catalán, curadora del espacio Las Dos Paredes (Plaza de Almas), asegura: "el arte agrega público a un local, ampliándolo en cantidad y diversidad. Al convocar público a las exposiciones estás ampliando los estratos de edades y grupos que concurren al bar. Del mismo modo, el hecho de exponer en bares agrega público al arte"

Unos y otros
Hay que distinguir aquellos negocios que simplemente exhiben obras en sus paredes, de otros que tienen una verdadera política de exposición, con renovaciones permanentes y curadores.
En el bar Filippo (25 de Mayo y Mendoza) nunca faltan los cuadros y tampoco en el restaurante La Donosa (25 de Mayo al 800); mientras que en el primero los óleos de un puma o de un tigre (pintados por Exequiel Barros Sosa) miran fijamente a los ojos de algún cliente que toma un café o una cerveza, en el segundo, los retratos de caballos son advertidos mientras se degusta un asado; en Filippo, cada muestra se extiende por alrededor de cuatro meses.
En Dèja Vu, en tanto, el gusto personal de Matías Albano hace que en las paredes del pub sólo tengan lugar las pinturas pop-kitsh de Leonel Marchese.

Todo para ver
A una cuadra de distancia, en San Juan al 900, Managua exhibe un diseño y una pintura particular. Sus salas y patios están colmados de imágenes y de objetos, como se puede apreciar en "la habitación del escritor".
Creado hace un par de años, el pub tiene relieves escultóricos y en el recibidor hay un cactus pequeño llamado "Wachuma", una planta sagrada de México y de Perú, que simboliza el protector de la montaña y guardián de su cuidador.
También hay réplicas de un portal maya, cuya significación explican a sus clientes dos de sus propietarios, Frido y Lucas. En pocas semanas se abrirá una sala especial para exposiciones de artistas locales.