Las protestas no le dieron tregua a Bush

La gira terminó con incidentes en México. Agrpaciones de izquierda arrojaron botellas y piedras a la policía que custodiaba la embajada de Estados Unidos.

LA SOMBRA. Un activista antiestadounidense se manifiesta en Mérida.  REUTERS
LA SOMBRA. Un activista antiestadounidense se manifiesta en Mérida. REUTERS
15 Marzo 2007
MERIDA, México.- El presidente George W. Bush concluyó ayer, en Mérida, una gira de seis días por América Latina, donde intentó mejorar su imagen y la de Estados Unidos. Unas veinte personas resultaron heridas en Ciudad de México, cuando varios cientos de militantes de izquierda, estudiantes, sindicalistas y ecologistas, la emprendieron a botellazos y pedradas contra policías que custodiaban la embajada de EEUU.
Estas protestas que acompañaron a Bush durante su recorrida por Brasil, Uruguay, Colombia, Guatemala y México, rara vez reunieron más de unos cientos de personas, pero dejaron ver el movimiento antiestadounidense que se ha reforzado considerablemente en la región en los últimos meses.
La respuesta de Estados Unidos a la cuestión migratoria, una de las principales inquietudes en América latina, se impuso una vez más en la agenda de Bush a medida que se acercaba a la frontera norteamericana, ya de regreso a su país. En México, la inmigración mencionada en los otros cuatro países visitados, estuvo en primer plano. Bush le prometió a su par mexicano, Felipe Calderón, que hará su mayor esfuerzo para obtener una ley de inmigración “que nos permita hacer respetar al mismo tiempo la ley y los valores humanos de una manera que corresponda con los valores de Estados Unidos de América”. La reforma que defiende Bush prevé un refuerzo de la frontera y del control de la inmigración clandestina, pero también abre el camino a la regularización de una parte de los 12 millones de extranjeros que trabajan indocumentados en Estados Unidos, de los cuales cinco millones son mexicanos.

Problemas domésticos
Bush regresó a la Casa Blanca para lidiar sin tardar con los problemas domésticos que aumentaron durante su gira, tras los pedidos de renuncia de su fiscal general, Alberto Gonzales. En Mérida, el mandatario se vio forzado a descartar la renuncia de Gonzales, el hispano de más alto rango de su gobierno, acusado por los demócratas de haber destituido a ocho fiscales por razones políticas. Los fiscales investigaban abusos contra la privacidad en el programa antiterrorista. (AFP-NA)











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