La impuntualidad, una costumbre tucumana

Hay poco interés por el tiempo de los demás.

02 Marzo 2007
"La impuntualidad habla muy mal de una persona", afirma Lucrecia Arrieta. La mujer, de 44 años, reconoce que la falta de respeto por el tiempo de otros es común en estas tierras. "En los países del Primer Mundo se caracterizan por ser puntuales. Acá todos somos impuntuales", añadió.
En Tucumán no es común que una persona llegue a tiempo a sus compromisos. Lo reconocen sacerdotes, responsables de espectáculos, docentes, empresarios y empleados. El padre Miguel Alderete Garrido, por ejemplo, contó que tuvo que acostumbrar a los fieles a que las misas en la parroquia El Salvador, del barrio Obispo Piedrabuena, empiezan a la hora indicada, haya o no gente para escucharlas. "Nadie es dueño del tiempo del otro", sostuvo por su parte Florencio Aceñolaza, profesor de la UNT y ex diputado nacional.
Hay maneras de evitar este hábito que parece tan arraigado entre los tucumanos: usar agendas (y consultarlas), alarmas, apelar a amigos que nos recuerden los horarios, son algunas de ellas.
En Perú, la decisión de cambiar la costumbre de llegar tarde surgió desde el Gobierno. Ayer, todos los relojes se sincronizaron a partir de las 12 (las 14 de Argentina).











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