Un idioma, un mundo

Por Nora Lía Jabif - Redacción LA GACETA.

24 Febrero 2007
La decisión de las autoridades de incorporar el inglés desde la escuela primaria en todos los establecimientos abre un necesario debate acerca del multiculturalismo.

La decisión de las autoridades educativas de la Provincia de designar medio millar de profesores de inglés, para que  enseñen el idioma de Shakespeare a partir de 4º grado de la escuela primaria, ha generado malestar en las comunidades lingüísticas que se han quedado afuera del reparto.
Es cierto que la nueva Ley Nacional de Educación señala en su artículo 87 que la enseñanza de al menos un idioma extranjero será obligatoria a nivel primario y secundario del país. Pero no define que la lengua será, necesariamente, el inglés. Al fin y al cabo, si en aras del multiculturalismo se pretende imponer una sola lengua por sobre un abanico que incluye una oferta idiomática más diversa, el resultado contradice el enunciado.
Vale detenerse en los argumentos que afilan los profesores de Francés de la Provincia, que vienen batallando por el tema desde hace años. En las oficinas de la Secretaría de Educación hay varios expedientes que dan cuenta de esa pelea, ya que la hoy demonizada Ley Federal de Educación también propugna en teoría el “multilingüismo”, pero no lo implementó en los hechos. La presencia hegemónica del idioma inglés no es nueva, aunque ahora emerge con mayor contundencia, dada la masiva implementación de la ley.
Los profesores de francés marcan una contradicción en el hecho de que existan en la esfera provincial ámbitos de formación docente del idioma francés, como el IES Lola Mora, y que esa masa laboral -a la que hay que sumarle la que se forma en la Universidad Nacional de Tucumán- no se traduzca luego en una currícula más flexible y auténticamente multicultural. En otras palabras, el Estado forma para enseñar, pero no genera espacios para enseñar aquello que se estudió. Los profesores de Francés proponen la enseñanza del idioma en el nivel medio, de modo que los chicos se familiarizarían con el inglés en la primera etapa escolar. Aunque en Tucumán sólo hay profesorados de inglés y de francés (si de idiomas extranjeros se trata), no se puede obviar que hay otras comunidades lingüísticas, como, por ejemplo, la italiana, que también piden pista en este territorio renovado para los idiomas, que es la escuela. Sin la presencia histórica de los herederos del idioma del Dante (por la gran inmigración italiana) la formación en idioma portugués también aparece como una necesidad. Al margen de las discusiones políticas sobre la consolidación -o no- del Mercosur, la vecindad entre Argentina y Brasil es un hecho, y las diferencias idiomáticas dificultan el ahondamiento de lazos culturales y comerciales entre las dos regiones. Sin ir más lejos, Brasil aparece como el principal destino exportador de Tucumán, con la cuarta parte del total de las exportaciones.
Al margen de los clichés ideologistas, es cierto que la demanda del idioma inglés se ha convertido en una imposición cultural planetaria, a la que se suben los padres (que eligen por sus hijos) y las directoras (que deciden por todos los alumnos de los establecimientos que ellas conducen). Y nadie pone en duda la importancia de la lengua de Shakespeare, que, además, es bella.
Pero el mundo es menos uniforme de lo que parece. Veamos: así como Brasil es el primer destino exportador de Tucumán, gran parte del escaso turismo extranjero que visita la Provincia es europeo, y en gran parte francoparlante. De modo que la “industria sin chimeneas” también exige una oferta de guías diversificados.
Una profesora de Francés, furiosa ante el avance hegemónico del idioma inglés, esgrimía el siguiente argumento: “con tres horas por semana, nadie aprende un idioma. Si vos querés que el idioma sea una herramienta para tus hijos, la escuela no alcanza, y tu hijo tendrá que estudiar inglés por fuera de la escuela. En la escuela no se aprende a hablar un idioma. Lo que hace el idioma es mostrarte otros mundos, otras realidades, otras identidades. Entonces, la discusión no es por el aprendizaje de la lengua, sino por cuáles serán las identidades que el niño -y el joven- irá incorporando en su cabeza”.







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