Necesaria reacción ante los accidentes viales

06 Febrero 2007
Por cuarto año consecutivo creció el número de muertos en accidentes de tránsito en todo el país. Según datos provisorios del informe anual de la Asociación Civil Luchemos por la Vida, en 2006 murieron 7.557 personas (en promedio, 21 por día, contra las 19 muertes diarias de 2002 y las 20 de los tres años siguientes). El promedio mensual de víctimas mortales en 2006 fue de 629, si se parte del dato de las 7.557 personas fallecidas en todo el año, que superan con creces las de 2003 (7.055), 2004 (7.137) y 2005 (7.138 ).
   Entre las causas, el primer lugar lo ocupa el exceso de velocidad, y el segundo, el consumo de alcohol por parte de los automovilistas. Luego se cuentan la fatiga, el cruce de semáforos en rojo, el hecho de que no se circule con cinturón de seguridad y el uso del celular mientras se maneja.
   La Argentina figura entre los países más castigados por esa realidad que, a pesar de su crecimiento, parece no haber llamado hasta el momento la atención necesaria. Hasta ahora, pues el ministro del Interior acaba de anunciar la decisión oficial de adoptar medidas decisivas; entre otras, encomendar a la Gendarmería Nacional y a la Policía Federal la misión de velar por la seguridad vial en las rutas más importantes del país. Pero se trata de una misión que no es posible llevar adelante de un día para otro y para la cual se que requiere de materiales y de equipos especiales, así como un plan de trabajo, que -se informó- comenzará a analizarse.
   Lo que en la cartera política nacional provocó esa decisión fue el dramático episodio de los alumnos de una escuela porteña que perdieron la vida en la provincia de Santa Fe cuando el ómnibus en el que regresaban del Chaco, a donde habían viajado llevando ayuda, chocó contra un camión cuyo conductor estaba ebrio. A ello se agrega la violencia cotidiana en las rutas de Buenos Aires, donde ocurren episodios tan bárbaros como la agresión a vehículos mediante pedradas y asaltos ruteros, que evidencian una decadencia de valores absolutamente opuesta a lo que debe esperarse de un país con las condiciones del nuestro.
   Por ello es que se ha declarado la emergencia vial en la provincia de Buenos Aires, y la nueva misión de la Gendarmería implicará la preparación de personal específico y de equipos, así como una revisión del Código de Tránsito. La creciente pérdida de valores esenciales en nuestra sociedad, habituada a la pasividad de las autoridades para aplicar las normas de convivencia, hace que los infractores se sientan impunes en sus comportamientos irregulares. Basta observar por TV un estadio repleto del país, alambrado y hormigueante de multitudes, y cualquiera del extranjero, donde el control de la seguridad y el comportamiento entusiasta pero ordenado están presentes con prudencia y racionalidad.
   Una comparación semejante podría establecerse entre nuestros automovilistas, enredados en el tránsito, y los de las rutas foráneas, donde los conductores de los vehículos observan las reglas de circulación, y se beneficia la sociedad en su conjunto. Son numerosos los testimonios comparativos en ese orden, pero debe señalarse que de poco sirven las normas cuando la autoridad de aplicación las ignora. La trasgresión termina ignorándolas. Inclusive, en el sentido equívoco de la palabra, esa realidad aparece muchas veces en nuestro lenguaje como una virtud o condición positiva cuando se afirma que alguien, por su estilo original, es un trasgresor.
   En buena hora, entonces, esta reacción de las autoridades frente al dramático récord de muertes en las rutas que, y esperamos que no sea la única frente al deterioro de los valores colectivos.


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