Una mala copia del vivir

Lo único que consigue "Gran Hermano" es exacerbar los aspectos voyeristas de la sociedad, sin contar que es un gran negocio. Por Gustavo Martinelli - Redacción LA GACETA.

04 Febrero 2007
Parecía muerto y enterrado. Pero en realidad estaba dormido. O, mejor dicho, en hibernación. Apenas pasó el frío, se sacudió el polvo del olvido y regresó con todas sus fuerzas, como un virus que lo contagia todo. Nadie puede escapar de su influjo. “Gran Hermano” sigue tan vigente como hace cinco años. No sólo en la Argentina, sino también en países como Inglaterra, donde generó un conflicto diplomático con la India. A tal punto ha llegado la expectativa, que LA GACETA recibe un promedio de seis cartas diarias de lectores que dan su opinión sobre este particular formato que domina la TV a toda hora. Lenguaje vulgar, conspiraciones, infidelidades, violencia contenida, noches de descontrol y bailes al influjo del alcohol se ven dentro del horario de protección al menor, como si el programa fuera una vieja telenovela de Alberto Migré. Incluso la difusión días atrás de un video erótico que muestra a una de las jugadoras en una sesión lésbica con otras dos chicas, fue mostrado sin pudor en plena siesta.
Pero no todo lo que se ve en la pantalla es generado por estos jóvenes que conviven encerrados desde hace un mes. También los productores del ciclo tienen mucho que ver en el asunto. Una de las últimas pruebas que les impusieron a los participantes es la de dormir 19 horas en un lapso de cinco días como condición para ganar la comida de la semana. Despertarlos con música estridente, permitirles cinco minutos de agua caliente a cada uno o incluso poner alcohol a su disposición resultan ya manipulaciones inocentes comparadas con esta prueba, que parece salida de un manual de entrenamiento de los cuerpos de elite del ejército. El desafío resultó una bomba de tiempo, ya que, para poder cumplirla, los chicos deben dormir menos de cuatro horas por día. Lo cual agrava la convivencia. Según los científicos, la ausencia de sueño puede producir aumento de la ansiedad, pérdida de la memoria, depresión, reacciones emocionales anormales e irritabilidad. Todos estos síntomas ya explotaron en la casa. Ahora bien. Si a estas alturas del ciclo se impone este tipo de pruebas, ¿qué se puede esperar al final? Tal vez encerrarán a los participantes en jaulas, como en la versión chica del ciclo. O los harán convivir con animales (como en la India). Nadie parece darse cuenta de que el espíritu humano se nutre con un buen libro, con el arte, con un diálogo enriquecedor y con una televisión que intente, sin descuidar el famoso rating, dar algo más que un espectáculo facilista e hipnótico. No se alimenta poniendo a prueba la psique humana. Muchos podrán argumentar que se trata de un juego que retrata la vida misma. Pero “Gran Hermano” no es la vida misma. Lo que sucede dentro de la casa es una mala copia del vivir. Y lo único que consigue es exacerbar los aspectos voyeuristas de la sociedad. Mejor sería aceptar que detrás de este escandaloso “Gran Hermano” hay una empresa que quiere ganar dinero. Una producción cuya intención no es fabricar nuevas estrellas, ni cambiar la estética de la TV, sino generar un negocio. Como si la cultura fuera casi la hermana gemela del capitalismo.












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