22 Enero 2007 Seguir en 
Los intelectuales y los pensadores aseguran que la cultura necesita del Estado para poder existir. Esto quiere decir que, sin una política adecuada y bien establecida, la cultura no puede sobrevivir de manera organizada. En Tucumán, por ejemplo, hace tiempo que la ausencia de una política cultural adecuada provocó la diáspora del público. Una diáspora que llega hasta nuestros días y que no ha podido aún revertirse. Este año, con la transformación de la Secretaría de Cultura en Ente Provincial de Cultura (algo que aún está en plena reglamentación), se ha dado un paso sustancial para lograr el establecimiento de una política cultural que se prolongue en el tiempo y que tenga mucho más presupuesto. Sin embargo, poco se ha hecho en materia de organización. De hecho, en los últimos años las dos fiestas centrales de la cultura en Tucumán, el Julio Cultural (organizado por la Universidad Nacional de Tucumán) y el Setiembre Musical (promovido por la Provincia), se realizaron con una falta total de previsión.
A tal punto que muchos de los espectáculos programados, por ejemplo, en el Julio Cultural, se superponían -en los mismos días y horarios- con otros organizados por la Provincia. Y casi lo mismo sucedía durante el Setiembre Musical. A esto se sumaban, además, las actividades organizadas por los numerosos grupos independientes, lo que aumentaba la oferta de espectáculos a niveles nunca antes vistos y colocaba a los espectadores en la frustrante tarea de elegir a qué espectáculo asistir y cuál debía descartarse. Lo mismo sucede por estos días con los tradicionales festivales folclóricos que organizan los distintos municipios y comunas.
Los turistas que visitan Tucumán durante el mes de julio o los que actualmente recorren la provincia se quedan sorprendidos por la enorme cartelera de espectáculos y por la gran actividad cultural de la provincia. Pero, con mucho esfuerzo, sólo pueden disfrutar del 10% de esa oferta.
Y, como si fuera la otra cara de la misma moneda, los artistas se quejan constantemente de que la gente no va a ver los espectáculos locales y prefiere pagar entradas caras para ver shows foráneos. Así las cosas, el planteo de organizar la oferta cultural es más que una simple asignatura pendiente: es una necesidad. Tanto los responsables de la programación anual de los espectáculos y de los actos culturales de la UNT como los funcionarios de la Provincia deberían reunirse previamente y planificar sus actividades en conjunto, para evitar esta negativa superposición de espectáculos.
De esta reunión deberían participar también los referentes de la actividad independiente y los responsables de las áreas culturales de municipios y comunas. Sabiendo de antemano cuáles son los grandes espectáculos, encuentros y festivales, se podrá evitar la negativa superposición de eventos. En esta organización previa del “año cultural” se debería dar prioridad a los artistas tucumanos y abrir el juego para que las expresiones regionales no se vean sometidas a una desigual competencia con los grandes shows nacionales o internacionales.
Entendida como ámbito especializado de la creación artística e intelectual, o como espacio más amplio en el que diversos agrupamientos humanos producen y reelaboran los sentidos que circulan en la vida social, la cultura constituye un sector de creciente importancia socioeconómica y política en las sociedades contemporáneas. Invertir en ella sin una planificación adecuada es como intentar tapar el sol con un dedo.
Sin una planificación que involucre a todos los sectores productores de cultura, una sociedad como la nuestra no puede crecer como debería.
A tal punto que muchos de los espectáculos programados, por ejemplo, en el Julio Cultural, se superponían -en los mismos días y horarios- con otros organizados por la Provincia. Y casi lo mismo sucedía durante el Setiembre Musical. A esto se sumaban, además, las actividades organizadas por los numerosos grupos independientes, lo que aumentaba la oferta de espectáculos a niveles nunca antes vistos y colocaba a los espectadores en la frustrante tarea de elegir a qué espectáculo asistir y cuál debía descartarse. Lo mismo sucede por estos días con los tradicionales festivales folclóricos que organizan los distintos municipios y comunas.
Los turistas que visitan Tucumán durante el mes de julio o los que actualmente recorren la provincia se quedan sorprendidos por la enorme cartelera de espectáculos y por la gran actividad cultural de la provincia. Pero, con mucho esfuerzo, sólo pueden disfrutar del 10% de esa oferta.
Y, como si fuera la otra cara de la misma moneda, los artistas se quejan constantemente de que la gente no va a ver los espectáculos locales y prefiere pagar entradas caras para ver shows foráneos. Así las cosas, el planteo de organizar la oferta cultural es más que una simple asignatura pendiente: es una necesidad. Tanto los responsables de la programación anual de los espectáculos y de los actos culturales de la UNT como los funcionarios de la Provincia deberían reunirse previamente y planificar sus actividades en conjunto, para evitar esta negativa superposición de espectáculos.
De esta reunión deberían participar también los referentes de la actividad independiente y los responsables de las áreas culturales de municipios y comunas. Sabiendo de antemano cuáles son los grandes espectáculos, encuentros y festivales, se podrá evitar la negativa superposición de eventos. En esta organización previa del “año cultural” se debería dar prioridad a los artistas tucumanos y abrir el juego para que las expresiones regionales no se vean sometidas a una desigual competencia con los grandes shows nacionales o internacionales.
Entendida como ámbito especializado de la creación artística e intelectual, o como espacio más amplio en el que diversos agrupamientos humanos producen y reelaboran los sentidos que circulan en la vida social, la cultura constituye un sector de creciente importancia socioeconómica y política en las sociedades contemporáneas. Invertir en ella sin una planificación adecuada es como intentar tapar el sol con un dedo.
Sin una planificación que involucre a todos los sectores productores de cultura, una sociedad como la nuestra no puede crecer como debería.







