El fantasma del efecto Katrina
El gobernador debe hallar la receta para encarar la reconstrucción si no quiere seguir el destino del presidente Bush. Por Carlos Abrehu - Secretario General de Redacción.
21 Enero 2007 Seguir en 
La caótica situación creada por las inundaciones no inhibió el debate político en Tucumán. El partido gobernante lo patentizó mejor que nadie, cuando en los primeros días de la semana pasada definió su rumbo. La tímida insinuación del jurismo para que se aplazara la elección interna del PJ naufragó estrepitosamente. El interventor del distrito Tucumán, diputado Jorge Landau (Buenos Aires), descartó la posibilidad arguyendo que la jueza federal María Romilda Servini de Cubría había fijado un plazo inamovible para que se designen las nuevas autoridades partidarias. La implacable negativa de Landau satisfizo a la Casa de Gobierno, que quiere liquidar el pleito el 1 de abril. No es casual que Marcelo Caponio, vocal de la junta electoral partidaria y subsecretario de Acción Política del Poder Ejecutivo, razonara del mismo modo que Landau. Fernando Juri Debo puso la cara por su primo, pero su invocación del estado de emergencia cayó en saco roto. En la pelea interna están enfrentados el vicegobernador, Fernando Juri, y la diputada Beatriz Rojkés de Alperovich. Ambos pretenden la presidencia del partido. ¿Por qué el interventor se pronunció del modo que lo hizo? No hay una respuesta unívoca. La argumentación judicial no convence de ningún modo. Algunos explican que el oficialismo está firmemente convencido de que la primera dama figura por encima del vicegobernador en las preferencias de los afiliados, según impresiones que recogen sus principales funcionarios. Por eso, les resulta inaceptable diferir un desenlace que prevén favorable.
Otros, en cambio, sostienen que Landau está más preocupado por su propio destino político que por las querellas internas del peronismo comarcano. El diputado bonaerense está en la mira del polémico albañil kirchnerista Luis Gerez, según admitió en un reportaje concedido a Hebe de Bonafini en la radio AM 530 de la Capital Federal. El secuestro de Gerez agudizó más las diferencias del PJ del partido de Escobar. Las intrigas del peronismo del principal distrito electoral del país son infinitamente más complejas que las de Tucumán. Pero Landau aún puede desandar el camino recorrido y trasladar la fecha para más adelante. El político de origen duhaldista es consciente del panorama ruinoso de Tucumán.
Las limitaciones
La política es diálogo, acuerdo, disenso y crítica. Estas facetas debieran integrarse en un todo armónico. Sin embargo, la práctica política prevaleciente en Tucumán tiende a excluir la que resulte más antipática al poder de turno. Así, se califica de aprovechadores del dolor ajeno a quienes levantan el dedo para objetar las fallas de las políticas gubernamentales frente a la catástrofe de las inundaciones. La oposición debiera limitarse a mantener silencio y a mirar al costado, según esa manera de ver las cosas.
Aun en circunstancias delicadas, el ejercicio de la crítica es beneficioso para la buena marcha de las instituciones. No admitirlo equivaldría a dar por cierto que existe un pensamiento único frente a determinados hechos. La apelación a la trillada frase “poner palos en la rueda”, frecuente por parte de altos funcionarios del Gobierno-incluido José Alperovich- para rechazar posiciones divergentes, implica devaluar y arrinconar en la categoría de indeseable a la palabra que no concuerda con el discurso oficial. Es un enfoque francamente antidemocrático, aun en épocas plagadas de dificultades.
Tampoco puede aprobarse el enojo oficial con fotografías que reflejan la devastación del campo tucumano. Los problemas no desaparecen porque se los tape, sino cuando se los soluciona.
El ministro del Interior, Aníbal Fernández, no halló mejor salida que recomendarles a los periodistas que denuncien a los dirigentes políticos del oficialismo que revenden colchones y otros elementos que debieran repartirse entre las víctimas de los desastres naturales. Les transfiere a otros la responsabilidad que primariamente les corresponde a los aparatos estatales. La tentación de almacenar mercaderías en un año electoral es muy poderosa y puede dejar sin asistencia a miles de personas.
El factor imprevisible
Hasta la más cuidadosa planificación política puede entrar en crisis,por la irrupción de factores que escapan al control del voluntarismo. La Constitución de 1990 se reformó y se abrió la vía para la reelección del gobernador. El damero opositor está atomizado y sin un liderazgo que sintetice las diversas proposiciones. Lo que menos imaginó el alperovichismo fue que la naturaleza le jugara una formidable mala pasada. En un año electoral afronta un desafío de vida o muerte. El presidente estadounidense, George Bush, pagó en las urnas un duro precio por la imprevisión de su administración cuando el huracán Katrina hundió en el desastre a Nueva Orleans. La derrota de Bush en las elecciones de renovación de congresistas en 2006 tuvo entre sus disparadores esa calamidad.
Si Alperovich acierta con el rumbo puede seguir un derrotero distinto del de Bush. En este contexto, resulta llamativo que el 10 de enero de 2005 el secretario de Obras Públicas, Oscar Mirkin, haya diagnosticado que Tucumán necesitaba $ 2.000 millones para impedir el desborde de ríos y las inundaciones. Decía esto a propósito de una violenta tormenta que había azotado la provincia dos días antes, con un saldo de 1.046 evacuados.
El gobierno de Néstor Kirchner no lo abandonó en esa circunstancia. Pero parece que la desmemoria se apoderó de la administración alperovichista, que condenó al olvido los cálculos de Mirkin, un funcionario al que quieren interrogar legisladores de la oposición. Predominó, aparentemente, el criterio de las priorizar obras que se ven y proporcionan réditos políticos de corto plazo, antes que las de mayor alcance.
Ciertamente, la administración federal tampoco dejará librado a su suerte a Alperovich, porque tres de sus ministros vinieron a Tucumán, durante la semana que pasó, para evitar que el agua le llegara al cuello. La última palabra la tiene el presidente Kirchner, que es quien determinará cuánto y de qué forma se auxiliará a Tucumán. Alicia Kirchner, Fernández y Ginés González García se informaron de las cuestiones más candentes. La ministra sobresalió por su despliegue en el territorio, pese a algunos contratiempos y a algunos disgustos con funcionarios provinciales.
La desolación que se apoderó de los vecinos empobrecidos por la tormenta generó protestas en caminos. En estos casos entró en crisis la función de mediación que ejercitan comisionados comunales y concejales, ya que dejaron de ser nexos con sus poblaciones. La autoridad de los intendentes de zonas inundadas también salió magullada. El descontento con las operaciones de asistencia social puede tener su correlato en el plano electoral, aunque en el Gobierno afirman que Alperovich mantiene su ascendiente sin rasguños. La clave para salir del pozo la debe descifrar Alperovich, si no quiere reeditar lo que le pasó a Bush.







