Debe promoverse la alimentación sana

20 Enero 2007
La buena alimentación es básica para la salud de todo ser humano, pero no siempre se sigue este precepto. En los últimos años, ha proliferado la llamada comida “chatarra”, que es una de las causantes del sobrepeso y de la obesidad en todas las edades y en varios países del mundo, incluido el nuestro. Los especialistas han dicho con frecuencia que los argentinos nos alimentamos mal. Un trabajo del Instituto Internacional de Ciencias de la Vida que publicamos recientemente señala que el 16 % de la población infantil del área metropolitana de Buenos Aires presenta sobrepeso y un 11%, obesidad. Se afirma, además, que más del 90 % de los chicos no realiza actividad física extraescolar. En el estudio se observa, también, que la ingesta diaria del grupo estudiado (niños de entre 10 y 11 años) es de 2.300 calorías, cantidad que supera en un 15 % la recomendación de los médicos (2.000 calorías) para aquellos que no tengan exigencias físicas.
   El estudio revela que sólo un 2 % de la población consume la cantidad de vegetales aconsejada por las guías alimentarias para la población argentina, que equivale a un mínimo de dos veces por día. Un 12 % de los chicos los come una vez al día, y el 86 % ni siquiera eso.
   Respecto del sedentarismo, los preadolescentes pasan más de tres horas por día frente a la televisión o la computadora. Los especialistas también observaron una importante asociación entre el peso de los padres y el de los hijos. Se determinó que hijos de padres con sobrepeso tienen tres veces más riesgo de desarrollar la enfermedad que aquellos que tienen progenitores con peso normal o bajo.
   El presidente de la Sociedad de Obesidad de Tucumán dijo en una oportunidad que los datos de Buenos Aires son por lo menos similares a los que se observan en nuestra provincia, pero no descartó que sean en realidad mayores, porque en Tucumán existe la figura de los “obesos pobres”. Se trata de chicos de bajos recursos que consumen muchos hidratos de carbono y pocas proteínas, porque no tienen acceso a una variedad equilibrada de alimentos.
   El experto dijo también que el sobrepeso y la obesidad infantil son frecuentes en las clases medias y altas, y afirmó que en general las causas de esas enfermedades son la ingesta de comida chatarra y la falta de actividad física. Como agravante, hay que decir que la actividad física que los chicos desarrollan en la escuela no es suficiente para combatir el sedentarismo entre los preadolescentes, ya que se reduce al par de horas semanales de Educación Física previstas en la currícula, que no cubren las necesidades de movimiento de cuerpos en desarrollo.   Para colmo, los quioscos escolares suelen actuar en contra de una buena alimentación infantil: las golosinas, las gaseosas, las galletas, los panchitos, los alfajores y las papas fritas suelen ser, si no la única, la más frecuente opción, y resultan una tentación difícil de esquivar. Pero hay una excepción: desde hace dos años funciona un quiosco saludable en un colegio de nuestra ciudad. En los recreos, las alumnas pueden comprar allí todo tipo de frutas de estación, jugos naturales, ensalada de frutas y yogures. Aunque el quiosco convencional sigue funcionando, las chicas ahora tienen la opción de consumir alimentos sanos. Se trata, por cierto, de una muy buena iniciativa, que debería ser imitada por todos los establecimientos educativos.
   Además, en la escuela primaria deberían enseñarse los principios básicos de la nutrición. De ese modo, se crearía una conciencia temprana de cómo alimentarse bien y los chicos podrían defenderse del constante bombardeo al que los somete la sociedad de consumo.






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