19 Enero 2007 Seguir en 
Cada Gobierno responsabiliza al anterior por las obras hídricas que no se hicieron. Pero los pobres duermen en colchón nuevo cada año, y en la misma casilla de siempre. Por Magena Valiente - Redacción LA GACETA.
¿Yo, señor? ¡No, señor! El cantautor, ex senador y ex gobernador de Tucumán montó en cólera cuando sintió que José Alperovich lo ponía en la misma bolsa que a los que gobernaron desde hace 30 años a esta parte, y no invirtieron en las obras que no se ven: canales, defensas de ríos y desagües. El sayo le cabe también al general retirado, acusado por el ex gobernador Julio Miranda de las inundaciones de febrero de 2000. Todos lo sabemos: la deuda hídrica es una herencia de cada nuevo gobierno.
Pero cuando la tormenta pasa, y los pobres duermen en colchones nuevos (y en las mismas casillas de madera, a la orilla de los canales), lo importante vuelve a ceder paso a otras urgencias. Así es como hace 40 años que no se hacen obras de desagües pluviales en la capital, ni se mejora la infraestructura hídrica. Mientras tanto, se construyen más barrios, se hacen más desmontes, y no se prevé el crecimiento poblacional.
Los ex gobernadores se acusan unos a otros. Pero la UNT, en 1997, ya había propuesto a la Provincia el diseño y planificación de una red hidrológica para evitar las inundaciones. No hubo respuesta. Es como si hubiera una lógica diferente, entre gobierno y gobernados. Veamos un ejemplo de razonamiento oficial: el 26 de octubre de 2004, el secretario de Obras Públicas -que sigue siendo funcionario- aparecía diciendo en LA GACETA: "las obras de base para evitar inundaciones tardarán años en ser concluidas, porque son trabajos que no se realizan en meses. Ahora se están llevando a cabo tareas de menor envergadura para morigerar los posibles daños que ocasione la crecida de los ríos".
La naturaleza está harta de que se haga política con ella. Los gurúes del cambio climático auguran lluvias más fuertes cada año, y no sólo en Argentina. En Estados Unidos, esta semana las tormentas causaron 50 muertes y dejaron medio millón de personas sin luz eléctrica y con frío. En Rusia, 300 personas sufren de fiebre hemorrágica por una invasión de roedores que salieron en un invierno atípicamente cálido.
En Tucumán, la gente se pelea por recibir la ayuda oficial. Todo parece poco, cuando no se tiene más que una casilla a la orilla del canal. El gobernador dice que la ayuda de la Nación puede ser "una oportunidad" para los que nunca tuvieron vivienda. ¿Tenían que esperar esta oportunidad? Y además: ¿tenían que venir a Tucumán las autoridades nacionales para ver las mismas imágenes que transmite la televisión?
No sólo hace falta obra pública, en Tucumán, sino también saldar la deuda con los más pobres, porque su voto no cuesta un colchón.
¿Yo, señor? ¡No, señor! El cantautor, ex senador y ex gobernador de Tucumán montó en cólera cuando sintió que José Alperovich lo ponía en la misma bolsa que a los que gobernaron desde hace 30 años a esta parte, y no invirtieron en las obras que no se ven: canales, defensas de ríos y desagües. El sayo le cabe también al general retirado, acusado por el ex gobernador Julio Miranda de las inundaciones de febrero de 2000. Todos lo sabemos: la deuda hídrica es una herencia de cada nuevo gobierno.Pero cuando la tormenta pasa, y los pobres duermen en colchones nuevos (y en las mismas casillas de madera, a la orilla de los canales), lo importante vuelve a ceder paso a otras urgencias. Así es como hace 40 años que no se hacen obras de desagües pluviales en la capital, ni se mejora la infraestructura hídrica. Mientras tanto, se construyen más barrios, se hacen más desmontes, y no se prevé el crecimiento poblacional.
Los ex gobernadores se acusan unos a otros. Pero la UNT, en 1997, ya había propuesto a la Provincia el diseño y planificación de una red hidrológica para evitar las inundaciones. No hubo respuesta. Es como si hubiera una lógica diferente, entre gobierno y gobernados. Veamos un ejemplo de razonamiento oficial: el 26 de octubre de 2004, el secretario de Obras Públicas -que sigue siendo funcionario- aparecía diciendo en LA GACETA: "las obras de base para evitar inundaciones tardarán años en ser concluidas, porque son trabajos que no se realizan en meses. Ahora se están llevando a cabo tareas de menor envergadura para morigerar los posibles daños que ocasione la crecida de los ríos".
La naturaleza está harta de que se haga política con ella. Los gurúes del cambio climático auguran lluvias más fuertes cada año, y no sólo en Argentina. En Estados Unidos, esta semana las tormentas causaron 50 muertes y dejaron medio millón de personas sin luz eléctrica y con frío. En Rusia, 300 personas sufren de fiebre hemorrágica por una invasión de roedores que salieron en un invierno atípicamente cálido.
En Tucumán, la gente se pelea por recibir la ayuda oficial. Todo parece poco, cuando no se tiene más que una casilla a la orilla del canal. El gobernador dice que la ayuda de la Nación puede ser "una oportunidad" para los que nunca tuvieron vivienda. ¿Tenían que esperar esta oportunidad? Y además: ¿tenían que venir a Tucumán las autoridades nacionales para ver las mismas imágenes que transmite la televisión?
No sólo hace falta obra pública, en Tucumán, sino también saldar la deuda con los más pobres, porque su voto no cuesta un colchón.







