Las lecciones de la lluvia

18 Enero 2007
Aunque no está aún dimensionado el daño sobre la actividad productiva, el citrus podría sumar nuevas complicaciones. El debate de fondo sigue abierto. Explicaciones. Por Juan José Concha Martínez - Prosecretario de Redacción.

La peor cara del verano vuelve a marcar los días y las noches de los tucumanos. El drama de las inundaciones castigó especialmente a sectores sociales que sobreviven entre la indigencia y las privaciones y puso otra vez en evidencia la inveterada ausencia de obras de infraestructura estratégica que atenúen el impacto económico de los daños. El Gobierno y los sectores no oficialistas debaten por estas horas si la tormenta dejará "un efecto político": lo que resulta evidente es que el embate de la naturaleza hizo alguna mella en la imagen propia y en los planes de proyección institucional de Tucumán. ¿Se podía prevenir el nivel del desastre? ¿Hasta dónde se puede computar como imprevisión si llovió en pocas horas casi como nunca? ¿No está en entredicho el manejo de las prioridades en los proyectos de obras pública? Los gobiernos anteriores padecieron casi cíclicamente los golpes del verano; sobre las menguadas y deficitarias finanzas públicas de otrora se achacaban las dificultades para encarar las obras que reclamaban los expertos. Por eso, cuando la Provincia y la Nación registran índices de superávit en las cuentas públicas nunca vistos, muchos reaccionan con fastidio y desaliento frente a la gravedad de los daños.
"Se han hecho las obras que se pudieron hacer después de años de desinversión; al agua hay que pararla en la montaña y esos diques cuestan más de $ 400 millones", se ataja un alto funcionario provincial. "Se ha perdido tiempo, Tucumán está desaprovechando una oportunidad histórica para hacer las grandes obras públicas que necesita; es verdad que venimos de un subsuelo terrible, pero actuar sobre el desastre va a ser más complicado y costoso", advirtió un importante dirigente empresario.
Aunque busca definirse un plan quinquenal que contenga los grandes proyectos (dique Potrero Las Tablas, por caso), la administración echó mano ya al fondo contracíclico que creó para enfrentar de la mejor manera un eventual cambio del ciclo económico. Y es probable que deba contemplar exenciones impositivas o ayudas para más adelante, cuando se conozca en profundidad la magnitud de los destrozos en las principales actividades productivas que reúnen más de la mitad del Producto Bruto Geográfico y que tienen una incidencia directa sobre unos 100.000 trabajadores. De momento, los productores relatan que la red terciaria de la provincia, que ya registraba un virtual estado de abandono en buena parte del territorio, ahora con estas tormentas quedó prácticamente inoperable. La luz amarilla que venía mostrando el citrus, tras un año 2006 dificultoso -sobre todo para la industria- puede cambiar de color pronto. "Se puede venir un año malo o muy malo para nosotros, que ya soportamos un mercado sobreabastecido. Tanta humedad afectará seguramente a la calidad del limón, va a bajar el rendimiento, aumentarán los costos y es posible que se ocupe menos mano de obra en la cosecha", analizó un calificado citricultor. Por el lado de la caña de azúcar, en una etapa de pleno crecimiento de la planta, las estimaciones son todavía iniciales. Pero los cañeros ya advierten que el panorama no es bueno y aunque mucho dependerá del clima en el resto del año y de las inversiones que se hayan hecho en los suelos, aseguran que si las obras de reparación de los caminos vecinales no se ponen en marcha pronto, la zafra puede verse también afectada.
En un año electoral en el que las urgencias marcan la política, no debiera ser descabellado imaginarse una nueva agenda pública. Las enseñanzas de las lluvias parecen imponer necesidades de otra estrategia, de nuevas prioridades.













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