El control de los micros de larga distancia

18 Enero 2007
En reiteradas ocasiones hemos expresado a través de esta columna la necesidad imperiosa de que se extreme al máximo la prevención de accidentes automovilísticos, especialmente durante el verano, cuando miles de argentinos salen a las rutas y se dirigen a los lugares que eligieron para pasar sus vacaciones. Hace unos días, la Comisión Nacional de Regulación del Transporte (CNRT) inició operativos sorpresa de control de ómnibus de larga distancia en siete ciudades donde tiene filiales, incluida Tucumán.
En nuestra edición de ayer informamos que la delegación local de la CNRT bloqueó en la terminal de ómnibus la salida de un micro que pretendía partir hacia Mar del Plata, porque constató irregularidades. Según el delegado, el micro fue demorado porque ninguno los dos conductores había cumplido con las doce horas de descanso obligatorio que se requieren para que estén en condiciones de realizar un viaje hasta Mar del Plata. El funcionario le dijo a nuestro diario que, en apenas dos días de control en esta provincia, se retuvieron tres colectivos, que fueron trasladados a la sede local de la Gendarmería. Se trata -según precisó- de unidades que no estaban habilitadas en el parque automotor de las empresas y que no cumplen con las condiciones técnicas exigidas. La medida, por cierto, motivó las lógicas quejas de los pasajeros, que salieron rumbo a Mar del Plata seis horas después de lo pactado porque no había choferes disponibles.
Pero los controles se hicieron defectuosamente o no se hicieron en un ómnibus que partió el 9 del corriente, alrededor de las 13, hacia Mar del Plata y que sufrió percances mecánicos. Según contaron los viajeros, el colectivo se descompuso en Santiago del Estero, a ocho kilómetros de Lugones. Como los choferes, al parecer, no entendían mucho de mecánica, un joven pasajero fue hasta la localidad cercana a conseguir un experto. Como aparentemente los conductores tampoco disponían de medios de comunicación, tuvieron que pedirle a un pasajero que les prestara su teléfono móvil para solicitar ayuda a las oficinas de Tucumán y de Buenos Aires, ayuda que, por cierto, nunca llegó. Se hizo la reparación de emergencia y siguieron viaje. Cuando ingresaron en la provincia de Buenos Aires, llovía torrencialmente; el interior del colectivo comenzó a mojarse y lo mismo sucedió en las bodegas, donde iba el equipaje; además, empezó a fallar la palanca de cambio. En definitiva, el contingente, entre quienes viajaban dos personas discapacitadas, llegó a destino en la noche del día 10. Varias personas que debían continuar viaje hacia otros puntos de la Costa Atlántica perdieron las combinaciones y otras se quedaron sin las reservas hoteleras que habían pactado.
Se sabe que en esta época del año las empresas se ven desbordadas por la cantidad de pasajeros y muchas de ellas presionan a sus choferes para que conduzcan casi sin descanso, tentándolos con horas extras, sin tener en cuenta el riesgo que implica para la seguridad de ellos y del pasaje. Por otra parte, parece inconcebible que los choferes de ómnibus de larga distancia no tengan conocimientos de mecánica y tampoco dispongan de radios o de celulares para comunicarse con sus bases si se produce algún inconveniente.
Las funciones del CNRT son supervisar a los operadores de los servicios de transporte automotor y ferroviario de jurisdicción nacional, y proteger los derechos de los usuarios. Sus controles deberían ser constantes -no sólo sorpresa-, porque se trata de cuidar al extremo la vida de quien utiliza el transporte público confiando en que llegará a destino sano y a salvo.







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