La inseguridad sigue siendo un flagelo

17 Enero 2007
Libre y exento de todo peligro, daño o riesgo. Firme, constante y que no está en peligro de faltar o caerse. Desprevenido, ajeno de sospecha. Estas definiciones de la palabra “seguridad” tal vez puedan aplicarse a otras comunidades del país o del mundo; pero no a la tucumana. En los últimos lustros, la tranquilidad y la seguridad ciudadana fueron desapareciendo vertiginosamente hasta ingresar en un período de agonía cada vez más aguda. La desocupación y la miseria han acelerado el deterioro del tejido social, hasta el punto de que la inseguridad se ha vuelto alarmante en muchos barrios de San Miguel de Tucumán.
   En nuestra edición del domingo informamos que asaltos, saqueos y amenazas son corrientes en el barrio Vial I, ubicado al noroeste de la ciudad, donde se convive a diario con el miedo y con la inseguridad. El viernes pasado, dos asaltantes balearon allí a una mujer oriunda de Amaicha del Valle para robarle una bicicleta. Los menores fueron luego arrestados por la Policía. Los vecinos contaron que, casi a diario, los delincuentes roban en las viviendas o los atacan en la vía pública para sacarles $ 5 o $ 10. También señalaron que es frecuente el robo de medidores de gas y que la mayoría de los cacos son chicos que roban para drogarse. “Ya puse alarma, tengo perro, rejas... ya no sabés qué poner contra los ladrones. El otro día mandé a mi hijo al almacén. A plena luz del día un tipo lo amenazó con una pistola y le sacó la bici”, le dijo una vecina a LA GACETA.
  Sobre la calle Esquiú, hay una plaza cubierta de malezas en la que solían jugar los chicos, pero hoy sirve de guarida para los ladrones y la iluminación es pésima, según los vecinos. Los moradores del barrio aseguraron que frente a la plaza se juntan adolescentes a drogarse y se quejaron porque la Policía  se los llevan, pero al poco tiempo salen libres, porque son menores.   
   Un agente de la seccional 12a admitió que el personal es insuficiente para cubrir los barrios Oeste II, 11 de Enero, Villa Muñecas y Aget, entre otros. Señaló que hay sólo tres policías por turno, que disponen de una moto y de un patrullero. Aseguran que reciben llamados anónimos que denuncian la presencia de menores que se están drogando, o sobre delincuentes, pero que cuando acuden al lugar, nadie reconoce haber visto nada. Atribuyen esa actitud a que la gente tiene miedo y reconocen que tiene sus motivos, pero dicen que en esos casos no pueden actuar.
   A menudo, en nuestra sección Cartas de Lectores publicamos reclamos de ciudadanos que han sido asaltados, como sucedió hace dos semanas en un edificio de Jujuy al 500, donde fueron saqueados tres departamentos a la hora de la siesta. El miedo también abruma a los vecinos del pasaje García al 1.200, donde -según los vecinos- los asaltos y los arrebatos se cometen a plena luz del día.
   De acuerdo con la encuesta encargada por nuestro diario a la consultora Sociología y Mercado, cuyos datos dimos a conocer el 7 de enero, el 51 % de los 600 tucumanos encuestados considera que la inseguridad es el principal problema de la provincia. Es cierto que a partir del crimen de Paulina Lebbos el Gobierno se preocupó por incorporar a más de 3.000 jóvenes a la fuerza y de dotarla de más y mejores herramientas, pero aún son insuficientes. Lo indica el hecho de que los índices delictivos no han disminuido, como tampoco esa diaria sensación de inseguridad que ronda entre los tucumanos. Cada vez son más los menores drogados involucrados en robos. Mientras no se diseñe una política que abarque la problemática en su conjunto, estaremos lejos de erradicar el miedo de la población.












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