La ruptura de los contratos de confianza

16 Enero 2007
Una semana para el olvido para Alperovich. Llamado de atención de sus legisladores. El temporal le dio a la oposición un nuevo discurso de campaña para las elecciones. Por Fabio Ariel Ladetto - Redacción LA GACETA.

Cuando quien no tiene nada lo pierde todo, el dolor se potencia al extremo. Las palabras y las explicaciones no alcanzan (nunca alcanzan) y las promesas suenan vacías. Sólo quedan los hechos: inapelables, brutales y simples, como lo son las cosas más comunes y cotidianas que suceden. No hay ideas, y se rompe hasta la ilusión de un venturoso porvenir.
La semana pasada fue para el olvido para el gobernador José Alperovich, quien vio cómo se le esfumaron dos contratos de confianza claves para su estructuración política personal. Esos pactos no escritos, sino sustentados en la relación, son la base de la construcción del poder real, no nominal.
Antes de la lluvia, Alperovich había sentido, como nunca antes, que el incondicional respaldo que tenía en la Legislatura en el grupo más fiel de sus seguidores había hecho agua por errores propios. El posicionamiento de referentes ultraalperovichistas de la Cámara (sobre cuyo encolumnamiento tras el Gobierno nadie puede dudar) en defensa del abultado presupuesto parlamentario le marcó un límite.
El mensaje era muy claro: en la pelea con Fernando Juri no puede mezclar a todos ni ampliar el radio de enfrentamientos hasta atacar a cualquiera. La puja por los espacios dentro del justicialismo tiene las fronteras discursiva y fáctica de los territorios que controla cada dirigente. El profundo malestar que generó el hecho de que el gobernador afirmara que cada legislador manejaba $ 400.000 por mes (básica pero efectiva operación matemática de dividir los $ 195 millones de 2007 en las 40 bancas) hizo que cada uno reaccionara en defensa individual, aunque en un comunicado colectivo.
Nuevamente, la cuestión es sencilla. La destrucción no puede ser masiva ni los ataques pueden estar dirigidos indiscriminadamente. En la pelea peronista, los legisladores alperovichistas no van a aceptar daños colaterales que pongan en riesgo su propio futuro político-electoral. Que Alperovich les haya dicho a los votantes que cada uno dispone de cientos de miles de pesos por mes los puso sobre un plano inclinado y enjabonado. Y lo que no perdonaron es que las palabras hayan surgido de su conductor. No es el tiempo de jugar con el cuero del otro, le hicieron saber sus hombres en la Cámara.
La lealtad tiene dos caras, como una moneda. De un lado está el rostro de quien lidera, y del otro, los de los liderados. Uno y otros se necesitan mutuamente para tener valor, y se tienen obligaciones y deberes comunes. Quien no las cumple se arriesga a sufrir represalias y pierde la credibilidad.

Falencias estructurales
Luego, el temporal trajo (inevitablemente) una tormenta política. La crisis dejó al descubierto falencias estructurales en la contención social -los reclamos son generalizados en toda la provincia-, y destruyó buena parte de la obra pública realizada, principal cara de la gestión de gobierno con miras a la reelección. Ahora, no sólo habrá que rehacer lo hecho; ayudar a quienes se quedaron a cielo abierto; diseñar nuevas estrategias comunitarias y potenciar las buenas noticias (indispensables cuando se buscan votos), sino que, fundamentalmente y ante todo, habrá que reconstruir la maltrecha relación de cercanía y amparo entre Alperovich y los ciudadanos-sufragantes, en un año marcado por las elecciones y durante el cual cada error se pagará en las urnas. Habrá que cimentar de nuevo la confianza.
Con la tormenta a la oposición le cayó del cielo un nuevo argumento para hacer campaña. Pasado lo inmediato de la emergencia, podrán hablar de los errores de los funcionarios y de las cosas que se hicieron mal o no se hicieron en estos tres años y casi tres meses. Las declaraciones de juristas y de opositores de todo signo respecto de que se dejaron de lado las cuestiones políticas por la gravedad de la situación suenan tan vacías como decir que todo está bajo control. Forman parte de la evaluación primaria que indicaba que no era políticamente correcto pelearse cuando había miles de personas con el agua al cuello, literalmente.
Pero no hubo tregua; ni siquiera fue una pausa. Pensar realmente en la gente implica el diseño de políticas de Estado que se mantengan en el tiempo, independientemente de quién esté al frente del Poder Ejecutivo o de la Legislatura. Nada de eso se vislumbra en el horizonte político, dominado por nubes tan oscuras como las que debió soportar la provincia.













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