Fue en Correggio, en la Parma ducal (Italia), donde Arturo Toscanini vio la luz el 25 de marzo de 1867. Sus padres eran pobres, pero advirtieron las condiciones de su hijo para la música y lo anotaron en el Conservatorio local, donde se graduó con excelentes notas en 1885. Al año siguiente, ingresó a una compañía de óperas, con la cual viajó a Brasil, donde se produjo su debut como director.
Entre 1898 y 1903 fue director de la Scala de Milán, donde dio a conocer nuevas partituras de los repertorios alemán y francés, además de dedicar especial atención al repertorio sinfónico, algo olvidado hasta entonces. Durante los años siguientes emprendió una gira de conciertos por toda Italia y luego actuó en Buenos Aires en 1901, para regresar a la Scala dos temporadas más, antes de trasladarse a Nueva York para dirigir la Metropolitan Opera (1908).
>Allí siguió apostando, además de por el repertorio acostumbrado, por las obras líricas de su tiempo, y fueron muchas las óperas que interpretó por vez primera en Estados Unidos, entre ellas "La fanciulla del West" o "Boris Godunov". Regresó en 1915 a Italia y reanudó sus funciones como director en la Scala (1920), donde le fueron concedidos poderes nunca otorgados hasta entonces.
"Cualquier asno"
"Cualquier asno puede dirigir, pero hacer música... es difícil", solía decir. En 1929 realizó una gira triunfal por Viena, Berlín y Bayreuth, pero en ese mismo año se agravaron sus problemas con el régimen fascista, lo que le llevó a dimitir de su cargo y trasladarse de nuevo a Estados Unidos, sin renunciar nunca a la ciudadanía italiana. Fue nombrado director de la Orquesta Sinfónica de Nueva York, agrupación con la que realizó numerosas giras, incluso durante los años de la guerra, con excepción de los países germánicos e Italia. Desde Nueva York, centro de sus últimos veinticinco años de carrera artística, viajó a Europa y a América del Sur, y en todas partes fue aclamado siempre como uno de los más grandes directores de su tiempo. Su confianza en sí mismo era ilimitada y su honestidad artística, única. Fue suegro del gran pianista ucraniano Vladimir Horowitz. A lo largo de su vida, Toscanini cosechó un frondoso anecdotario. Se cuenta que el notable director rompía los relojes contra el suelo cuando un músico de la orquesta no entendía sus órdenes. Los ejecutantes de una famosa orquesta decidieron regalarle entonces un reloj de oro, pero le dieron una copia en yeso. Cuando la recibió dijo sonriendo: "voy a necesitar cien más..." A los 84 años, se disponía a iniciar una gira de 38 conciertos por 25 ciudades estadounidenses. Un amigo le preguntó: "¿No siente usted el peso de los años?" "La vejez es la edad más bella de la vida. La juventud es una enfermedad por la que hace falta ¡ay!, pasar previamente".
El 16 de enero de 1957, en Nueva York, las corcheas poblaron sus ojos y los cerraron para siempre.







