"¡Lo quiero piano! ¿Entendieron? ¡Piano, con sangre!"
Un análisis de Roberto Espinosa, Redacción LA GACETA.
Su fama como director corrió paralela a la de su mal genio. Cierta vez en Chicago, se lo vio salir enfurecido del teatro. Estaba indignado con la orquesta. Un empresario le preguntó: "¿Adónde va, maestro?" "¡A buscar músicos", respondió fuera de sí.
El maestro Humberto Carfi que fue director de la Sinfónica de la UNT, me contó a fines de la década de 1980: "En el 42, yo estaba de refuerzo en la Orquesta Estable del Colón porque Toscanini exigió que se aumentara el número de ejecutantes. Esa tarde se ensayó la ?Novena? de Beethoven y en la platea estaban casi todos los directores que habían pasado por Buenos Aires. Toscanini hacía tocar a uno por uno. ?A ver, otra vez. Los primeros violines solos?, dijo. A los tipos se les pusieron rojas las orejas. Yo me sentía capaz y quería progresar. Toscanini se enojaba: ?otra volta. ¡Lo quiero piano! ¿Entendieron??, pero no salía. ?¡Lo quiero piano, con sangre!?, exclamó. Perdió la paciencia: ?¡Quién es el animal que les enseñó música!?, dijo. Y alguien contestó: ?están en la platea, maestro?".
Arturo Toscanini se abrió paso en una galería de famosos directores y durante muchos años ocupó el máximo podio. Hace medio siglo se fue de la vida y sus palabras repican aún en el tiempo: "La música que no llega al alma, no es música".








