15 Enero 2007 Seguir en 
El Gobierno nacional y el sector agropecuario iniciaron el año con un nuevo enfrentamiento generado por la decisión de incrementar las retenciones a la soja. Por Fernando García Soto - Redacción LA GACETA. El nuevo aumento de las retenciones a las exportaciones de soja y subproductos de esta oleaginosa, que dispuso la semana pasada el Gobierno nacional, volvió a poner en guardia al sector agropecuario. En Tucumán, la medida provocó gran irritación entre los sojeros, que sienten que existe un verdadero encono contra ellos por parte del Estado, aun cuando es el mismo Estado el que genera las condiciones para que el momento sea propicio para exportar estos commodities.
La decisión de subir cuatro puntos porcentuales a las retenciones a la soja y sus derivados tiene como propósito generar una suma anual de U$S 500 millones para subsidiar la producción de componentes clave de la canasta alimentaria y frenar la inflación. A partir de hoy, las retenciones a la exportación de soja pasarán de 23,5% a 27,5%, mientras que para sus derivados irá de 20% a 24%. En el Gobierno nacional estiman que, con esta reestrucutración, deberían bajar los precios del pan, la harina y los fideos, así como la leche y sus derivados.
Desde un primer momento, Confederaciones Rurales Argentinas (CRA, Sociedad Rural Argentina (SRA), Federación Agraria Argentina (FAA) y Coninagro rechazaron la disposición. Las entidades consideraron que la medida es una innecesaria provocación al sector primario y advirtieron, además, que este cambio en las reglas del juego sólo provocará mayor distorsión en los mercados y malestar en los productores.
Algunos agricultores creen que la medida tiene un trasfondo político de buscar generar divisiones dentro de la estructura ruralista. El campo y el Gobierno renovaron en el arranque de 2007 su prolongado enfrentamiento por la política agropecuaria, que el año pasado tuvo su punto más conflictivo con el paro de las principales entidades del sector. Los propios productores afirman que esperaban una represalia oficial por aquella protesta.
A la hora de las justificaciones, el jefe de Gabinete del Ministerio de Economía de la Nación, Carlos Cleri, reveló que la política oficial de mantener alto el precio del dólar y de subsidiar al gasoil le genera al campo un sobreingreso anual de más de U$S 2.000 millones, cifra menor a lo que representa el aumento del 4% en las retenciones a las exportaciones de soja. "Si nosotros dejáramos de subsidiar el gasoil o bajáramos o dejáramos de comprar dólares, la pérdida que se produciría en los sectores sería mucho mayor que este 4% que estamos tomando sobre un sector de precios altísimo y de una rentabilidad muy alta", dice Cleri. El costo de producción de la soja también está atenuado por el bajo precio del gasoil, que en la Argentina tiene un diferencial frente a la nafta muy superior a la de casi todo el mundo, que se explica como un subsidio a la producción agrícola y al transporte para abaratar costos para el conjunto de la población.
El Gobierno no baja el tono de su enfrentamiento con el agro. Así quedó demostrado cuando Cleri respondió a las críticas de las entidades, como provenientes de "un pequeño sector de la economía que no se ve afectado en su rentabilidad, porque es altísima, probablemente la más alta que tuvo el campo en los últimos 50 años".
Aunque el panorama desmejoró con la suba de las retenciones, el sector sojero tiene asegurado un elevado precio para su producción en la nueva temporada porque la demanda de los países compradores, en particular China, se mantiene firme. Además, el área sembrada en los Estados Unidos mermó considerablemente, lo que provocará una menor oferta de la oleaginosa en el mundo.
El año recién comienza y todo parece indicar que la tirantez entre el Gobierno y el campo será una constante, que podría derivar en nuevas protestas y en respuestas oficiales que duelen.







