La naturaleza puso en jaque a Alperovich

Carlos Kirschbaum, investigador de la UNT, alertó sobre los efectos negativos de la estrategia de obras públicas. Por Carlos Abrehu - Secretario General de Redacción.

14 Enero 2007
El partido gobernante está en ebullición. No es para menos: se juega el destino del personal político que asumió el 29 de octubre de 2003. No bien regresó de las playas de Punta del Este, el gobernador, José Alperovich, desplegó toda la artillería contra su segundo, Fernando Juri. Las discordias del año nuevo se agudizaron inesperadamente. La suba del presupuesto legislativo de 2007 -de los $95 millones de 2006 se fue a $197 millones- le proporcionó la excusa para cañonear al Poder Legislativo. "Me da vergüenza", disparó lapidariamente en la mañana del lunes. La categórica admonición descolocó a los alperovichistas que habían votado junto con los juristas la sanción de la norma presupuestaria, por recomendación del propio mandatario. La estocada de Alperovich penetró hasta la médula. El contragolpe aglutinó -como era previsible- a legisladores partidarios del vicegobernador y también a algunos indignados alperovichistas de pura cepa (Beatriz Avila, Marta Zurita, Raúl Hadla, Rolando Alfaro, Paula Khoder y Juan Enrique Orellana). Se defendió la imagen de la Legislatura como poder político del Estado. Alperovich, a la hora de tirar lastre y congraciarse con los no peronistas, no distinguió entre legisladores adictos y hostiles. "El gasto parlamentario es una aberración", insistió luego de la réplica de los legisladores. Los aliados de siempre fueron tan maltratados como los otros. Esa fue una moraleja cruel pero cierta. Ciertas prácticas políticas causan dolores imprevistos. Desde Recrear, el liberal Pablo Walter advirtió que en su momento el gobernador había consentido que sus convencionales constituyentes le atribuyeran a la Legislatura la facultad de fijar el presupuesto propio y que para conseguir la chance de la reelección había cedido en temas clave.

Distancia oceánica
La ofensiva llevada a cabo por el gobernador en los primeros días de la semana abarcó también otros frentes. En el partidario, lanzó la candidatura de su esposa, Beatriz Rokjés, a la presidencia del justicialismo, en una movida planificada para cerrarle el terreno a Juri, protegida por el paraguas de la renovación. La acción sobresaltó aun a los peronistas que rodean al gobernador, a quienes les asusta que se pueda agitar el fantasma del nepotismo en los comicios internos del distrito. La diputada manifestó su vocación de combate cuando cuestionó la apelación a la herencia del apellido ilustre como fundamento del proyecto jurista. "En tres años demostramos qué es la justicia social", planteó, para diferenciarse de la dirigencia ortodoxa que antes gobernó Tucumán. Y le cobró al vicegobernador que se haya abrazado -conforme lo testimonia una fotografía de LA GACETA- con el legislador de FR Ernesto Padilla, tras la caída de un decreto de necesidad y urgencia referido al tratamiento de la basura. Si algo está claro, es que el matrimonio Alperovich lo quiere a Juri en la acera opuesta.
A la proclamación de la candidatura reeleccionista del gobernador por parte de cinco partidos afines contestó Fernando Juri Debo con el adelanto del dúo Fernando Juri-Stella Maris Córdoba. Juri Debo habló así porque su primo lo alentó a que lo hiciera en un momento muy tenso del problema interno.
La propuesta Alperovich 2007-2011 hecha por el Partido de la Victoria, Participación Cívica, Concertación para la Democracia, Libres del Sur y el MID implicó una notificación al conjunto del peronismo. Alperovich buscará otra vez la gobernación en agosto, con o sin la sigla del PJ. Las cartas están puestas sobre la mesa y nadie puede alegar ignorancia respecto de lo que ambiciona cada uno. El Frente de la Victoria puede ser un escaparate adecuado para exhibir el binomio oficialista, donde gana terreno como posible vicegobernador Juan Manzur, ministro de Salud Pública. La alquimia electoralista del oficialismo es muy ingeniosa.

Fuera de libreto
La naturaleza le cambió los planes al alperovichismo. El jueves empezó a vivirse otra etapa, que obligó a archivar las especulaciones de campaña electoral. Sucede que las intensas lluvias pusieron en jaque el caballito de batalla del Gobierno: la obra pública. Las inundaciones devastadoras desgastaron la fama política de intendentes como Luis Armando Campos (Ciudad Alberdi), Javier Pucharras (Tafí Viejo), Miguel Paliza (Simoca) y Osvaldo Morelli (Concepción), todos puntales del alperovichismo con siglas distintas: PJ, Partido del Trabajo y Participación Cívica.
La lista de víctimas políticas del oficialismo incluye un número aún impreciso de delegados comunales de distintas zonas de la provincia. El estupor rebasó los límites de la Casa de Gobierno, porque afloraron los interrogantes acerca de la eficacia de la política de obras públicas. Carlos Kirschbaum, prestigioso investigador de la Universidad Nacional de Tucumán (UNT), alertó, mediante una Carta de Lectores publicada en LA GACETA del viernes, que se siguió una estrategia equivocada al privilegiarse obras dotadas de visibilidad (el asfalto y los barrios de viviendas) en detrimento de otras de carácter estructural. Esa cualidad mejora la cotización electoral del gobernador, del intendente, del legislador, del concejal o del comisionado comunal, pero se deterioró a causa de la furia inclemente del viento y de las precipitaciones. Para mitigar el efecto de las inundaciones, Kirschbaum propuso que se construyan defensas en los ríos, se amplíen los desagües pluviales en las ciudades y se sistematicen los cursos de agua, que -señaló- "son obras que no se ven". Dicho de otro modo, sugirió explícitamente que lo que es bueno para el impacto mediático no siempre lo es para el ciudadano. Las obras que no se ven no reditúan votos en el corto plazo pero aseguran una mejor calidad de vida para la sociedad.
La impotencia en que sume la sorpresa hace que los gobernantes se refugien en la frase remanida de que son víctimas de la herencia recibida. Más calamitosa que la de estos días fue la inundación de 2000, durante la gestión de Julio Miranda, que había dejado un saldo de 8.500 evacuados y 15.000 damnificados. Años antes, en 1992, otra inundación focalizada en el sur afectó a 7.500 personas. Gobernaba entonces Ramón Bautista Ortega. A Antonio Bussi también le causaron sofocones las inundaciones en enero. La sucesión de los gobiernos y la persistencia de los problemas ponen de relieve la ausencia de una política de Estado enderezada a liquidar asignaturas pendientes. Sin embargo, hay una situación que diferencia la administración alperovichista de las nombradas anteriormente: la solidez financiera y la acumulación de reservas, que le dan margen para ayudar con eficiencia y reconstruir lo destruido. La suba de las retenciones a la soja y los daños en los caminos vecinales aumentaron el malestar de los productores rurales con el Gobierno. El jurismo se dio cuenta de que el tablero político cambió y decidió pedirle al interventor del PJ, Jorge Landau, que aplace la elección de abril. Quiere que en una sola elección posterior se designen autoridades partidarias, la fórmula de gobernador y vicegobernador y los candidatos a diputados nacionales. Con una provincia en ruinas, no puede haber proselitismo de ninguna especie.












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