El arrebato de carteras es una plaga en la ciudad

29 Diciembre 2006
Es bien conocido el hecho de que, en nuestra capital y, tanto en el centro como en los barrios, los arrebatadores de carteras y de joyas femeninas constituyen una verdadera plaga. La dañosa modalidad empezó hace ya varios años, y conserva una vigencia por demás llamativa. Se halla tan extendida, que es difícil encontrar una vecina de Tucumán que no haya sido víctima, en algún momento, de esta índole de delito.
   Hay que tener en cuenta que el arrebato no solamente causa un daño económico a quien lo sufre, y le genera complicaciones anexas por la pérdida de documentos, tarjetas de crédito o papeles personales. Sucede que, en muchos casos, el delincuente no vacila en emplear la violencia para conseguir lo que busca. Esto ha dado como resultado quebraduras y lesiones de diverso tipo en las víctimas. Según es obvio decir, tales secuelas se tornan especialmente graves en el caso de personas ancianas, enfermas o impedidas, en quienes una quebradura puede suscitar gravísimas derivaciones, incluyendo la muerte.
    La época que estamos viviendo, en vísperas de Año Nuevo y a pocos días de la fiesta de Reyes, convoca a una enorme cantidad de público a las calles, especialmente en el sector comercial. Es gente que lleva dinero, poco o mucho, ya que salió a hacer compras de regalos. Ello la transforma en blanco favorito de los arrebatadores. Por tal causa, pululan en tales sectores de la vía pública, sin perjuicio de operar también en cualquier otro punto de la ciudad.
   La situación hace necesaria una vigilancia especial de la Policía. Dicha tarea debe practicarse con un celo especial, a fin de hacerla eficaz para detectar a los arrebatadores. Han de tenerse en cuenta, especialmente, los datos que aporta la experiencia. Es decir, que los cacos por lo general circulan de a dos, en una motocicleta, y que mientras uno actúa el otro aguarda, pocos metros más allá, con el vehículo en marcha para posibilitar una rápida fuga, que se hace generalmente a contramano.
   Nos parece que las características sabidas del delito que nos ocupa, deben ser consideradas a la hora de diseñar una estrategia capaz de terminar con esta auténtica plaga, que ha tornado peligrosas las calles de la ciudad que habitamos.
   Al mismo tiempo, creemos que la población, por su parte, debiera adoptar algunas precauciones que parecen necesarias. Hablamos, por ejemplo, de evitar el uso callejero de cadenas o de pulseras de valor, que pudieran excitar la codicia de los delincuentes. Como también, tratar de no poner el dinero y los documentos en las carteras.
   Igualmente, debieran apresurarse a denunciar cualquier actitud sospechosa; o advertir, a la posible víctima, que está a punto de ser robada. Sería deseable asimismo una actitud solidaria de parte de los transeúntes. Es frecuente que, cuando ocurren estos hechos, los testigos prefieran mirar al costado, en vez de colaborar, de algún modo, con la persona afectada.
   De más está decir que una presencia abundante de personal policial uniformado en las calles, constituirá la medida más eficaz para prevenir estos delitos y disuadir a sus eventuales autores. La Municipalidad debe también hacer su aporte para la seguridad. Hablamos de cuidar que la vía pública se encuentre debidamente iluminada. La oscuridad constituye el mejor aliado del delincuente, según es de sobra conocido.
   En suma, pensamos que debe encararse una ofensiva frontal contra los arrebatadores que operan a su antojo, como decimos, en todos los sectores de San Miguel de Tucumán.










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