A la crisis se la vence con capacidad y con optimismo

La desocupación, la falta de estabilidad y las mayores exigencias de las empresas presionan a las personas. De nada sirve evadirse, resignarse o paralizarse ante las circunstancias. Lo mejor es adaptarse a los cambios.

29 Septiembre 2002
Hablar de trabajo es hablar de vida. No se puede negar que la realidad política y económica, además de resultar muy complicada y agobiante, pone en juego algo tan vital para la sociedad como lo es la subsistencia, la realización personal, profesional y espiritual del ser humano. La desocupación y la falta de seguridad en el empleo constituyen un fenómeno al que no se puede permanecer indiferentes, ya que afecta a la mayoría de las familias argentinas.
En las empresas, además, se están produciendo cambios, que son necesarios, en el modo de trabajar. Estos se traducen en una prolongación de la jornada laboral, mayores exigencias de dedicación, polifuncionalidad en las tareas y menores ingresos. Hay también incesantes presiones. Es muy común escuchar decir a las personas que las soportan que "no les queda otra", aun a costa de su salud y bienestar familiar, por miedo a perder el trabajo que tienen.
Todo el mundo se pregunta cómo se hace frente a esta sensación de incesante amenaza y de incertidumbre ante el futuro que existe. ¿Cómo salir y no quedarse anclado en una situación de impotencia, de bronca, de desánimo y, lo peor, de desesperanza?
Hay que considerar que la desocupación o el temor a ella y la crisis económica generan: temor, miedo, angustia, baja autoestima, desánimo, falta de deseo y de entusiasmo, incertidumbre por no saber lo que ocurrirá mañana y crisis moral, entre otros síntomas.

Conductas negativas
Frente a esta situación crítica, se pueden adoptar distintos tipos de comportamientos, algunos inadecuados y otros más felices que ayudan (o no) en la búsqueda de una salida. Por ende, en este momento no es aconsejable:
Esperar mágicamente que la situación cambie o que "la suerte nos ayude".
Negar o evadirse de la realidad. ( "No pasa nada", suele ser la frase típica).
Instalarse en la queja, en el sufrimiento, en la violencia, en la resignación o, peor, en la indiferencia.
Caer en la inacción, en el pesimismo. Pensar que nada puede hacerse. Encerrarse. Aislarse y deprimirse.
Estancarse o querer volver al pasado, alienándose del presente.

Conductas positivas
En cambio, las conductas que ayudan son las que consisten en: Tomar conciencia de lo que pasa. Aceptar la realidad tal como es y tal como toca vivir, sin evadirse, escaparse ni dramatizar.
Flexibilizarse y adaptarse a los cambios.
Fortalecer la autoestima y la confianza en uno mismo. Analizar las capacidades y los propios recursos. Conocer en qué cosas uno es competente.
Ser optimista, recuperar el buen humor constructivo, la alegría y ser positivo. Valorar lo que se tiene. Pensar que sí hay cosas que pueden hacerse. No recriminarse. No caer en el "síndrome de la oportunidad perdida", que estanca, paraliza y no permite crecer.
Cambiar la realidad desde un enfoque activo. Participar en el mundo como un sujeto que actúa y no que está sólo a merced de las circunstancias. Hay que llevar las riendas del propio destino. No hay que dejar que lo de afuera lo venza a uno, lo asfixie, lo contamine y coarte la libertad de ser responsables del futuro. "Nadie puede herirte sin tu consentimiento", solía decir Mahatma Gandhi.
Hay que ser autónomo y no ponerse por completo en manos de otro.
Hay que pensar y actuar en función de valores y principios. Siempre.

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