29 Septiembre 2002 Seguir en 
Los fundamentos éticos del pensamiento económico resaltan que es la capacidad y la responsabilidad individual lo que explica los logros y resultados que los sujetos obtienen de su participación activa en la vida económica. Aquel que se esfuerza, y emplea su esfuerzo en la producción de bienes que son útiles para los demás, recibirá su justa recompensa económica materializada a través del funcionamiento eficiente del mecanismo de mercado.
El gran problema aparece cuando nos topamos con gente que, más allá de su esfuerzo y capacidad, tienen muy poco, si es que tienen algo, para llevar a los mercados. Caso del desempleado que busca afanosamente trabajo y no lo encuentra.
Muchos economistas reconocidos afirman que el desempleo existe porque los empleadores y los trabajadores, que son sujetos racionales pero no tienen ni información perfecta ni una sicología que permita explicar toda acción humana por el interés individual calculado, convienen implícitamente en entregar cada uno algo más que lo que exigiría el juego del mercado competitivo.
Empresarios y empleados
Los empresarios están dispuestos a pagar un salario por encima del mínimo al que pueden encontrar oferta disponible de trabajo, y los trabajadores se esfuerzan un poco más allá de lo que requiere el control siempre incompleto instaurado por el empleador en el puesto de trabajo. En este caso, como el salario que determina el mercado de trabajo está por encima del que iguala la demanda y la oferta, el exceso de oferta resultante señala que hay gente dispuesta trabajar a ese salario, o a uno menor, pero no encuentra trabajo. En el ejemplo, que se repite de manera análoga en otras situaciones alejadas de las condiciones de competencia perfecta que los modelos económicos tradicionales imponen al funcionamiento de los mercados, aparece con claridad la responsabilidad social que tenemos como sujetos económicos, que obliga a pensar en instituciones diferentes del mercado que garanticen el mantenimiento de una vida digna para todos, incluidos los desempleados.
En el ejemplo, es el seguro de desempleo lo que aparece como el recurso institucional que mejor funciona en las economías modernas, donde la responsabilidad individual y la responsabilidad social no tienen por qué traducirse en una lucha dicotómica entre la eficiencia y la equidad.
El gran problema aparece cuando nos topamos con gente que, más allá de su esfuerzo y capacidad, tienen muy poco, si es que tienen algo, para llevar a los mercados. Caso del desempleado que busca afanosamente trabajo y no lo encuentra.
Muchos economistas reconocidos afirman que el desempleo existe porque los empleadores y los trabajadores, que son sujetos racionales pero no tienen ni información perfecta ni una sicología que permita explicar toda acción humana por el interés individual calculado, convienen implícitamente en entregar cada uno algo más que lo que exigiría el juego del mercado competitivo.
Empresarios y empleados
Los empresarios están dispuestos a pagar un salario por encima del mínimo al que pueden encontrar oferta disponible de trabajo, y los trabajadores se esfuerzan un poco más allá de lo que requiere el control siempre incompleto instaurado por el empleador en el puesto de trabajo. En este caso, como el salario que determina el mercado de trabajo está por encima del que iguala la demanda y la oferta, el exceso de oferta resultante señala que hay gente dispuesta trabajar a ese salario, o a uno menor, pero no encuentra trabajo. En el ejemplo, que se repite de manera análoga en otras situaciones alejadas de las condiciones de competencia perfecta que los modelos económicos tradicionales imponen al funcionamiento de los mercados, aparece con claridad la responsabilidad social que tenemos como sujetos económicos, que obliga a pensar en instituciones diferentes del mercado que garanticen el mantenimiento de una vida digna para todos, incluidos los desempleados.
En el ejemplo, es el seguro de desempleo lo que aparece como el recurso institucional que mejor funciona en las economías modernas, donde la responsabilidad individual y la responsabilidad social no tienen por qué traducirse en una lucha dicotómica entre la eficiencia y la equidad.







