29 Septiembre 2002 Seguir en 
La armonía institucional exige reglas de juego claras, respeto por los contratos y solidez en la seguridad jurídica. Son elementos generadores de confianza.
En la economía de Tucumán, son indispensables para que los operadores canalicen inversiones. De otra forma, los que tienen plata esconden el dinero, especulan, buscan sólo negocios financieros y se mueven en negro y en la informalidad.
Cuando la regla para el juego es que no hay reglas, todo se complica para las empresas, que reciben advertencias sobre inminentes agitaciones financieras. Les sugieren que no abandonen al dólar y que no confíen en gobiernos que se debilitan y en políticos que no quieren hacer reformas fiscales, no bajan el gasto y no son racionales.El sector privado trata de sobrevivir con sacrificios y temores, pero en el sector opuesto el Estado no funciona y tampoco intenta reaccionar.
Al contrario, las crisis gubernamentales se suceden como oleadas en un mar embravecido, lo que apura la erosión de los funcionarios.Las preferencias de los políticos pasan por la reforma de la Constitución; operar un Estado imprevisible; desentenderse de las angustias de la actividad económica privada; emitir más Bocade; ignorar las crisis de la educación y la salud, e impulsar a candidatos impresentables.
Sin reglas claras, las empresas están en una economía de guerra. Se mueven al contado, sin crédito, con niveles de consumo deprimidos, mientras cae la bancarización, aumentan la pobreza y el empleo en negro, y todos sufren las pérdidas causadas por los Bocade.Para empeorar la situación, al margen de la inflación, los principales supermercados anticiparon que, por la saturación de bonos y la falta de un sistema de canje (la Operatoria FET agoniza), apenas recibirían el 50% de Bocade en las compras.
Por esas bocas de venta pasa todos los días una enorme cantidad de cuasimonedas, pero las empresas están "hartas de los bonos" y no soportan más. No confían además en el gobierno, que les debe $ 70 millones, por los Bocade que depositaron y que desaparecieron. Ese recalentamiento puso en peligro la magullada estabilidad del mirandismo.
Cuando a los funcionarios les importan más las consecuencias judiciales de la crisis que sus derivaciones económicas y sociales, algo está funcionando mal y la descomposición se apura.
En la campaña electoral, los candidatos deberán alejarse del gobierno para conseguir votos. De otra forma, los incinerará el abrazo del oso con figuras requemadas. No son muchos los que pueden andar por la calle sin que los insulte y por eso los escraches van a condicionar las postulaciones.
La falta de consenso y la carencia de realismo son dos pecados que cometen los políticos. La situación es mucho más grave de lo que ellos creen e insisten en formular proyectos hasta ridículos.
Los azucareros no dejan de agradecer, con ironía, las iniciativas que trabaron mecanismos de financiación estatales, porque esa dificultad los obligó a ser creativos en los negocios y a exportar, con lo que ganaron más dinero y tonificaron el precio en el mercado doméstico. Crear reglas absurdas tiene también sus sorpresas.
En la economía de Tucumán, son indispensables para que los operadores canalicen inversiones. De otra forma, los que tienen plata esconden el dinero, especulan, buscan sólo negocios financieros y se mueven en negro y en la informalidad.
Cuando la regla para el juego es que no hay reglas, todo se complica para las empresas, que reciben advertencias sobre inminentes agitaciones financieras. Les sugieren que no abandonen al dólar y que no confíen en gobiernos que se debilitan y en políticos que no quieren hacer reformas fiscales, no bajan el gasto y no son racionales.El sector privado trata de sobrevivir con sacrificios y temores, pero en el sector opuesto el Estado no funciona y tampoco intenta reaccionar.
Al contrario, las crisis gubernamentales se suceden como oleadas en un mar embravecido, lo que apura la erosión de los funcionarios.Las preferencias de los políticos pasan por la reforma de la Constitución; operar un Estado imprevisible; desentenderse de las angustias de la actividad económica privada; emitir más Bocade; ignorar las crisis de la educación y la salud, e impulsar a candidatos impresentables.
Sin reglas claras, las empresas están en una economía de guerra. Se mueven al contado, sin crédito, con niveles de consumo deprimidos, mientras cae la bancarización, aumentan la pobreza y el empleo en negro, y todos sufren las pérdidas causadas por los Bocade.Para empeorar la situación, al margen de la inflación, los principales supermercados anticiparon que, por la saturación de bonos y la falta de un sistema de canje (la Operatoria FET agoniza), apenas recibirían el 50% de Bocade en las compras.
Por esas bocas de venta pasa todos los días una enorme cantidad de cuasimonedas, pero las empresas están "hartas de los bonos" y no soportan más. No confían además en el gobierno, que les debe $ 70 millones, por los Bocade que depositaron y que desaparecieron. Ese recalentamiento puso en peligro la magullada estabilidad del mirandismo.
Cuando a los funcionarios les importan más las consecuencias judiciales de la crisis que sus derivaciones económicas y sociales, algo está funcionando mal y la descomposición se apura.
En la campaña electoral, los candidatos deberán alejarse del gobierno para conseguir votos. De otra forma, los incinerará el abrazo del oso con figuras requemadas. No son muchos los que pueden andar por la calle sin que los insulte y por eso los escraches van a condicionar las postulaciones.
La falta de consenso y la carencia de realismo son dos pecados que cometen los políticos. La situación es mucho más grave de lo que ellos creen e insisten en formular proyectos hasta ridículos.
Los azucareros no dejan de agradecer, con ironía, las iniciativas que trabaron mecanismos de financiación estatales, porque esa dificultad los obligó a ser creativos en los negocios y a exportar, con lo que ganaron más dinero y tonificaron el precio en el mercado doméstico. Crear reglas absurdas tiene también sus sorpresas.







