29 Septiembre 2002 Seguir en 
Con la llegada de los ministros de Finanzas a Washington para participar en las reuniones anuales del Banco Mundial y el FMI, llegó también el momento de concentrarse en la implementación de los acuerdos surgidos en las cumbres mundiales de Doha, Monterrey y Johannesburgo. Allí, los países ricos y en desarrollo se comprometieron a acelerar la reducción de la pobreza y a avanzar en el cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo del Milenio para 2015, los cuales incluyen mejorar el nivel de salud y educación de los habitantes más pobres del mundo. Qué mejor manera de hacerlo que empezando por el comercio.
En la Cumbre de la Organización Mundial del Comercio (OMC) realizada en noviembre en Doha, se acordó concentrar las negociaciones comerciales en una agenda de desarrollo para atender los principales problemas que enfrentan los pobres. Pero no hay necesidad de esperar hasta la próxima cumbre ministerial de la OMC a realizarse en México en 2003 para hacer realidad los acuerdos. Los países ricos pueden tomar la iniciativa y dar el ejemplo, a través de la reducción de sus aranceles, subsidios, caprichosos estándares a los productos, medidas proteccionistas anti-dumping y otros obstáculos que se interponen a los esfuerzos de los países en desarrollo por competir en los mercados mundiales.
No será fácil adoptar estas medidas. Los intereses creados tratarán de hacer todo lo posible para proteger sus propias ventajas. Pero los aires de cambio cada día son más fuertes.
"Un pedazo de pan"
Por cada empleo en el sector textil de un país industrializado que se salva gracias a las barreras arancelarias, se pierden cerca de 35 en esta área industrial en los países de bajos ingresos, donde ser el sostén de la familia se traduce literalmente en "poner un pedazo de pan" en la mesa. Además, los aranceles que se aplican a los productos alimenticios y textiles aumentan los precios y recargan los presupuestos familiares de los hogares de bajos ingresos.
Pero eso no es todo. Los cerca de US$ 350.000 millones anuales (casi US$ 1.000 millones al día) que los países ricos gastan en subvenciones para proteger su agricultura han ido minando la base de sustento de los campesinos pobres de los países en desarrollo. Sin embargo, estas mismas subvenciones, las cuales benefician principalmente a las grandes empresas agro-comerciales, superan siete veces los US$ 50.000 millones que estos países destinan cada año en ayuda externa.
Así, como consecuencia de las subvenciones y protecciones, los precios del azúcar, por ejemplo, son tres veces más altos en EE.UU. y en Europa que en el mercado mundial, en detrimento de los productores de bajo costo como Brasil.
Mientras tanto, los países en desarrollo están haciendo grandes esfuerzos por llegar a ser más competitivos e incorporarse al mercado internacional si tienen la oportunidad justa y equitativa de hacerlo. Acceso a mercados, condiciones equitativas para bienes y productos, y una asociación comercial que no sólo sea de nombre son demandas que he escuchado repetir una y otra vez a los líderes del mundo en desarrollo. Los países ricos tienen ahora la palabra. (Especial para LA GACETA)
Un punto a favor
Europa, EE.UU., Japón y Canadá adoptaron programas para facilitar el acceso de las exportaciones provenientes de los países más pobres a sus mercados, mientras que existen señales esperanzadoras en la aprobación de la Autoridad de Promoción del Comercio en EE.UU. y las conversaciones entre este país y Europa atender el asunto de las subvenciones agrícolas.
En la Cumbre de la Organización Mundial del Comercio (OMC) realizada en noviembre en Doha, se acordó concentrar las negociaciones comerciales en una agenda de desarrollo para atender los principales problemas que enfrentan los pobres. Pero no hay necesidad de esperar hasta la próxima cumbre ministerial de la OMC a realizarse en México en 2003 para hacer realidad los acuerdos. Los países ricos pueden tomar la iniciativa y dar el ejemplo, a través de la reducción de sus aranceles, subsidios, caprichosos estándares a los productos, medidas proteccionistas anti-dumping y otros obstáculos que se interponen a los esfuerzos de los países en desarrollo por competir en los mercados mundiales.
No será fácil adoptar estas medidas. Los intereses creados tratarán de hacer todo lo posible para proteger sus propias ventajas. Pero los aires de cambio cada día son más fuertes.
"Un pedazo de pan"
Por cada empleo en el sector textil de un país industrializado que se salva gracias a las barreras arancelarias, se pierden cerca de 35 en esta área industrial en los países de bajos ingresos, donde ser el sostén de la familia se traduce literalmente en "poner un pedazo de pan" en la mesa. Además, los aranceles que se aplican a los productos alimenticios y textiles aumentan los precios y recargan los presupuestos familiares de los hogares de bajos ingresos.
Pero eso no es todo. Los cerca de US$ 350.000 millones anuales (casi US$ 1.000 millones al día) que los países ricos gastan en subvenciones para proteger su agricultura han ido minando la base de sustento de los campesinos pobres de los países en desarrollo. Sin embargo, estas mismas subvenciones, las cuales benefician principalmente a las grandes empresas agro-comerciales, superan siete veces los US$ 50.000 millones que estos países destinan cada año en ayuda externa.
Así, como consecuencia de las subvenciones y protecciones, los precios del azúcar, por ejemplo, son tres veces más altos en EE.UU. y en Europa que en el mercado mundial, en detrimento de los productores de bajo costo como Brasil.
Mientras tanto, los países en desarrollo están haciendo grandes esfuerzos por llegar a ser más competitivos e incorporarse al mercado internacional si tienen la oportunidad justa y equitativa de hacerlo. Acceso a mercados, condiciones equitativas para bienes y productos, y una asociación comercial que no sólo sea de nombre son demandas que he escuchado repetir una y otra vez a los líderes del mundo en desarrollo. Los países ricos tienen ahora la palabra. (Especial para LA GACETA)
Un punto a favor
Europa, EE.UU., Japón y Canadá adoptaron programas para facilitar el acceso de las exportaciones provenientes de los países más pobres a sus mercados, mientras que existen señales esperanzadoras en la aprobación de la Autoridad de Promoción del Comercio en EE.UU. y las conversaciones entre este país y Europa atender el asunto de las subvenciones agrícolas.







