La Universidad como semillero de liderazgos
La crisis que se observa en el mapa de la educación superior argentina no sólo afecta a lo académico, sino que obstruye la generación de nuevas camadas dirigenciales. Por Nora Lía Jabif - Redacción LA GACETA.
26 Diciembre 2006 Seguir en 
Aunque suenen a convención, los balances de fin de año sirven para mirar lo andado, y evitar -en lo posible- los errores del pasado. En LA GACETA del domingo pasado, la experta en gestión educativa Clotilde Yapur habló de dos temas que conoce del derecho y del revés: la educación escolar y la superior. Después de escucharla -o de leerla- queda claro que la crisis de la Universidad, la de la educación escolar, y el deterioro de las instituciones sociales, en general, están conectados entre sí.En su reflexión sobre la crisis de la Universidad de Buenos Aires (UBA), opinó que la Universidad no ha escapado a la perturbación que ha sufrido el resto de las instituciones políticas. No obstante, a diferencia de quienes señalan críticamente que la Universidad se ha politizado demasiado (hay quienes opinan hoy que la Universidad no tiene por qué ser democrática), Yapur no pide menos política, sino mejor política. “La representación política ha empezado a debilitarse. Los cargos y las prebendas han debilitado mucho a la Universidad”; “en la Universidad no se discuten ideas”: son algunas de las frases dichas por la experta que permiten entender la orfandad social de la Argentina y del Tucumán actual, y la falta de liderazgos. “Habría que pensar cómo se construían los liderazgos en las épocas de restricción democrática de los años 60, 70”, propone Yapur; y señala algunos caminos posibles: “los alumnos de las escuelas universitarias tenían una práctica muy temprana de compartir ideas, de argumentar, de convencer. Y eso es formación de líderes”.
A medida
La referencia a la “partidización” de la Universidad deja pensando. El desenlace de la crisis de la UBA fue un traje a medida del kirchnerismo; y si se analiza el presupuesto para las Universidades públicas -como acaba de hacerlo la senadora republicana Delia Pinchetti de Sierra Morales-, se concluye que instituciones educativas cercanas a la Casa Rosada se llevan más dinero que las que no han tendido puentes con el poder central.
La parlamentaria sureña destacó que mientras que la UNT -con 63.000 estudiantes- tiene asignados poco más de $237 millones para 2007 ($3.757 por alumno), una institución mucho más pequeña, pero más “pingüina”, como la Universidad Nacional de la Patagonia Austral (Santa Cruz), percibirá una asignación de casi $35 millones, para sus escasos 6.940 alumnos. Si se prorratea esa cifra por el monto asignado, a cada alumno santacruceño le tocará poco más de $5.000 para el año que ya está entre nosotros.
No son hechos aislados. Un mes atrás, el Consejo Interuniversitario Nacional, que nuclea a los rectores de la mayoría de las Universidades públicas argentinas (no está la UBA), opuso firmeza a la movida de parlamentarios de distintas provincias que pretendían crear universidades nuevas en Río Negro, en Neuquén, en el Chaco y en Villa Mercedes, a costa del achique de los presupuestos de instituciones de tradición académica ya radicadas en esas áreas de influencia. La movida, que esta vez fue abortada, no es nueva. En los años 90 ya lo había hecho el menemismo, y de esa experiencia salieron hijos y réprobos.
En el haber de ese relativamente nuevo mapa de la educación superior argentina figuran casas como la Universidad de Quilmes, en cuya política editorial se está inspirando la UNT para su nueva etapa en esa materia, y otras del conurbano bonaerense, que -aunque nacidas del oportunismo político- aprovecharon una fortaleza de las instituciones nuevas: sin la “mochila” de la tradición, pueden trazar el futuro con libertad.
La UNT no es ajena a las advertencias apuntadas por Yapur, tanto en lo que hace a la crisis de representación como a la falta de liderazgos. Por cierto, la nueva conducción de la UNT ha creado una escuela de formación política, para subsanar esa carencia de liderazgos. Pero un requisito para democratizar la Universidad es que ese espacio incluya a las distintas corrientes e ideologías que confluyen en la UNT, y no sólo a Franja Morada, o a las personas o agrupaciones que apoyan a la actual gestión rectoral. Es que, como reflexiona la pedagoga tucumana: “tenemos que celebrar el tiempo de democracia. Pero, pareciera que trabajamos poco por las instituciones. Y cuando aparecen los intereses privados por sobre los asuntos públicos, las instituciones se debilitan”.







