24 Diciembre 2006 Seguir en 
La estrategia del diálogo paso a paso que encaró la cúpula del Episcopado chocó con las suspicacias del Gobierno, que frenó una visita al Congreso y congeló la posibilidad de pedir una audiencia con el presidente, Néstor Kirchner. El punto de partida fue el encuentro protocolar que la Comisión Ejecutiva -que encabeza el cardenal Jorge Bergoglio (Buenos Aires)- mantuvo con los ministros de la Corte Suprema Enrique Petracchi y Ricardo Lorenzetti. El objetivo de las autoridades eclesiásticas -según dijeron- era abrir un espacio de diálogo con los tres poderes del Estado, a fin de intentar establecer consensos que permitan superar lo que llamaron "excesiva fragmentación social". La segunda instancia en ese camino era llegar al Congreso para entrevistarse con los presidentes del Senado, Daniel Scioli, y de Diputados, Alberto Balestrini, y los obispos formalizaron el pedido de audiencia.
Pero la respuesta de los referentes del Poder Legislativo no llegó, de modo que la Iglesia interpretó el silencio como un rechazo e hizo trascender su malestar. "Formalizamos un pedido de audiencia y no tuvimos respuesta", se quejó el martes el vocero del Episcopado, presbítero Jorge Oesterheld.
Fuentes religiosas dijeron a esta agencia no tener duda de que la Casa Rosada "bajó línea", especialmente sobre Balestrini, quien alegó -según hizo saber- "cuestiones de agenda" para diluir el encuentro. No así el vicepresidente Scioli, quien, según las mismas fuentes, manifestó predisposición para recibir a los hombres de Iglesia.
¿Qué motivó la negativa legislativa? "La falta de garantías" que operadores gubernamentales dijeron intuir en la movida eclesiástica, sobre todo para cerrar el círculo de tres puntos. Es decir, que tras visitar al Poder Judicial y eventualmente al legislativo, pensaban pedir una reunión con el jefe de Estado. También trascendió que los legisladores dijeron no estar dispuestos a recibir reproches por parte de los obispos, que hace una semana cuestionaron que no se escucharon sus advertencias sobre la posibilidad de legalización del aborto en el país que conlleva la aprobación del protocolo de la CEDAW.
Pero al entender de los eclesiásticos, esos argumentos sólo buscan distraer la atención sobre las verdaderas causas del rechazo a la solicitud: la mirada puesta en las presidenciales de 2007, y el poco afecto de Kirchner y de su entorno a la intromisión de la Iglesia en asuntos públicos. Un juego de escondidas que merece críticas tanto en ambientes eclesiásticos como gubernamentales, en particular, de las segundas líneas que trabajan para concretar una cumbre entre Kirchner y Bergoglio.
La relación entre el Episcopado y el Gobierno se manejó siempre por estrictos canales institucionales, pero mutó en enfrentamiento en marzo de 2005, cuando Kirchner desconoció la autoridad de monseñor Antonio Baseotto como obispo castrense y reclamó su remoción a la Santa Sede. Esa distancia se ensanchó con la candidatura y el triunfo de monseñor Joaquín Piña, quien, en octubre, impidió la reelección del gobernador misionero Rovira. Si bien Kirchner y Bergoglio no se reúnen institucionalmente desde agosto de 2004, cuando la cúpula episcopal visitó la Casa Rosada, ambos se cruzaron dos veces este año.
En abril, cuando compartieron una misa en memoria de los religiosos palotinos asesinados por la dictadura, y en mayo, cuando el primer mandatario volvió a la catedral, tras la idea de "federalizar" la fiesta patria por la Revolución de Mayo para evitar críticas a la gestión por parte del primado.
Pero la respuesta de los referentes del Poder Legislativo no llegó, de modo que la Iglesia interpretó el silencio como un rechazo e hizo trascender su malestar. "Formalizamos un pedido de audiencia y no tuvimos respuesta", se quejó el martes el vocero del Episcopado, presbítero Jorge Oesterheld.
Fuentes religiosas dijeron a esta agencia no tener duda de que la Casa Rosada "bajó línea", especialmente sobre Balestrini, quien alegó -según hizo saber- "cuestiones de agenda" para diluir el encuentro. No así el vicepresidente Scioli, quien, según las mismas fuentes, manifestó predisposición para recibir a los hombres de Iglesia.
¿Qué motivó la negativa legislativa? "La falta de garantías" que operadores gubernamentales dijeron intuir en la movida eclesiástica, sobre todo para cerrar el círculo de tres puntos. Es decir, que tras visitar al Poder Judicial y eventualmente al legislativo, pensaban pedir una reunión con el jefe de Estado. También trascendió que los legisladores dijeron no estar dispuestos a recibir reproches por parte de los obispos, que hace una semana cuestionaron que no se escucharon sus advertencias sobre la posibilidad de legalización del aborto en el país que conlleva la aprobación del protocolo de la CEDAW.
Pero al entender de los eclesiásticos, esos argumentos sólo buscan distraer la atención sobre las verdaderas causas del rechazo a la solicitud: la mirada puesta en las presidenciales de 2007, y el poco afecto de Kirchner y de su entorno a la intromisión de la Iglesia en asuntos públicos. Un juego de escondidas que merece críticas tanto en ambientes eclesiásticos como gubernamentales, en particular, de las segundas líneas que trabajan para concretar una cumbre entre Kirchner y Bergoglio.
La relación entre el Episcopado y el Gobierno se manejó siempre por estrictos canales institucionales, pero mutó en enfrentamiento en marzo de 2005, cuando Kirchner desconoció la autoridad de monseñor Antonio Baseotto como obispo castrense y reclamó su remoción a la Santa Sede. Esa distancia se ensanchó con la candidatura y el triunfo de monseñor Joaquín Piña, quien, en octubre, impidió la reelección del gobernador misionero Rovira. Si bien Kirchner y Bergoglio no se reúnen institucionalmente desde agosto de 2004, cuando la cúpula episcopal visitó la Casa Rosada, ambos se cruzaron dos veces este año.
En abril, cuando compartieron una misa en memoria de los religiosos palotinos asesinados por la dictadura, y en mayo, cuando el primer mandatario volvió a la catedral, tras la idea de "federalizar" la fiesta patria por la Revolución de Mayo para evitar críticas a la gestión por parte del primado.







