En manos del Presidente

El 74% de fondos que la Nación aportará en 2007 da cuenta de la dependencia de Alperovich respecto de Kirchner. Por Carlos Abrehu - Secretario General de Redacción.

24 Diciembre 2006

La furia reeleccionista se resiste a abandonar la geografía nacional. El gobernador riojano Angel Maza forcejea ferozmente con la Legislatura que pretende cambiar la Constitución y frenar la reelección indefinida. Luis Beder Herrera -presidente de ese poder- tuvo que acudir a la Justicia para que se declarara la validez del período de sesiones, en el que proyecta trabar la pretensión de Maza. La historia está abierta en una provincia que aún no puede desligarse de la sujeción a la conducción feudal del gobernador de turno. Maza es el heredero de Carlos Menem. En Formosa, Gildo Insfrán no se cansó de administrar y ahora quiere ir por un quinto mandato. La resistencia de la sociedad civil es encabezada por un religioso -el sacerdote Francisco Nazar-, que busca desbaratar en la Justicia el designio del gobernador. El Foro Permanente por la Democracia argumenta que la reelección sin techo que autoriza la Carta Magna de Formosa viola el ordenamiento constitucional de la Nación, al tornar ilusoria la rotación en el poder. Como al derrotado mandatario misionero Carlos Rovira, a Insfrán lo avala la Casa Rosada. Maza está en idéntica situación. Néstor Kirchner no desistió de alentar la vocación continuista de los gobernadores que le obedecen o no desafían sus ideas. En este ambiente, José Alperovich se siente en su salsa. Pero, en rigor, carece absolutamente de posibilidades de hacer un juego propio. La dependencia financiera para 2007 -el año electoral clave- se traduce en un dato escalofriante: el 74,8% de los fondos que recibirá Tucumán será aportado por la administración federal. Sobre un total de $ 4.362 millones, vendrán $ 3.262 millones del erario nacional. Kirchner, entonces, regula la estabilidad del Gobierno local. Ni remotamente puede soñar con imitar la libertad de maniobra del cordobés José Manuel de la Sota, que mueve el calendario electoral según sus conveniencias y sin aspiraciones de reelección.
La subordinación que experimenta la Casa de Gobierno con el poder central la sienten en carne propia las municipalidades de Tucumán, cuyos jefes políticos empezaron a vestir una sola camiseta para poder subsistir. El suministro de plata para pagar sueldos y para efectuar obras públicas es la herramienta a la que apela el oficialismo para domesticar a los intendentes. La autonomía política de los municipios es letra muerta, pese a que fue uno de los caballitos de batalla del partido gobernante para justificar la modificación de la Constitución bussista. Pero a las palabras se las lleva el viento. El Grupo Alberdi señaló con agudeza que el Gobierno presta a los intendentes el dinero que legalmente les corresponde por el reparto de impuestos. "Han caído en un círculo diabólico", plantea el ex ministro Clímaco de la Peña, vocero de la conjunción de notables.

Múltiple repercusión
La disciplina política que regla las relaciones de los intendentes con la Casa de Gobierno no se traslada mecánicamente al ámbito institucional. A esta altura del año, es indiscutible que la coexistencia de Alperovich con el vicegobernador Fernando Juri ha entrado en franco deterioro. Ese desgaste incide en el clima interno del partido gobernante y en la dinámica del trabajo legislativo.
La intervención al justicialismo, por la que se despojó de la presidencia a Juri, fue gestionada por el propio Alperovich. El diputado bonaerense Jorge Landau había dicho el martes, por la mañana, que no hablaría con ninguno de los dos hasta llegar a Tucumán, para tomar posesión del partido. Pero Alperovich reveló que el mismo martes le había pedido en Buenos Aires que llame a elecciones internas lo más pronto posible. Landau quedó descolocado por la confesión del gobernador y se vio obligado a dialogar anticipadamente con el vicegobernador. Juri le reclamó, en forma pública, que se desempeñe en forma imparcial. El interventor Landau empezó su gestión con el pie izquierdo, en un distrito de fama levantisca y con una tradición de rupturas. Desde el momento en que se anunció una promesa de normalización, la dirigencia alejada del Gobierno entró en estado de ebullición. Parte de ese sector espera actitudes concretas de Juri en materia política y que mantenga continuidad en sus acercamientos al kirchnerismo. Enfrentar a la Casa Rosada sería suicida, piensan algunos políticos experimentados, que planifican su aparición con cautela.
Landau se propone aproximar a los dos referentes y a consolidar la unificación peronista, porque la prioridad es asegurar al menos 500.000 votos para Kirchner en los comicios presidenciales.

Contrapuntos fogosos
Quienes están más cerca del vicegobernador, afirman que no hay espacio para un acuerdo con vistas a 2007. En verdad, existen hechos que confirman esa impresión. Los contrapuntos mediáticos entre Alperovich y Juri no ayudaron a crear una atmósfera más relajada. El gobernador desistió definitivamente de competir por la presidencia del PJ -a la gente humilde no le interesa esa lucha, dijo palabras más palabras menos-, pero puso en carrera a gente de confianza. No está claro si Osvaldo Jaldo pondrá la cara en esa hipotética contienda. Por eso, ya se deslizó el nombre del ministro de Gobierno Edmundo Jiménez, aunque también se cita a Sergio Mansilla. Al sustraerse de la barahúnda electoral, Alperovich evita roces y riesgos innecesarios.
Juri basó su candidatura a la conducción partidaria en una frase clásica: todo peronista lleva un bastón de mariscal en su mochila. En contraposición al origen radical de Alperovich, arguyó que es justicialista de pura cepa. Desde luego, en una etapa en que la globalización y la crisis política de 2001 desdibujó mucho los rótulos partidarios, los orígenes no suelen justificar las posiciones en las palancas del poder. La construcción de acuerdos y de alianzas gravitan también. Alperovich diseñó una política frentista para la elección de convencionales constituyentes, que le resultó funcional a su proyecto político.
El escenario institucional es apropiado para registrar diferencias. Juri explota ello y se muestra propenso al debate. Ante representantes de colegios profesionales defendió el abultado presupuesto 2006 de $ 179 millones y revalidó su política de gastos. Asimiló el impacto erosivo de la divulgación de lo que se asemejaba a un secreto de Estado. En la Legislatura farfullaron en contra del ministro de Economía, Jorge Jiménez, a quien atribuyen la inoportuna y política indiscreción. Como contrapartida, el vicegobernador conformó la comisión revisora de la cuenta de inversión 2005, con una ínfima minoría de alperovichistas. Escarbar en el gasto del Estado es una responsabilidad irrenunciable para los legisladores. Sin embargo, no se entiende así. La división republicana de los poderes es una ficción que no debe plasmarse en una realidad tangible. Pero no todo es discordia: dicen que la prórroga de los vales alimentarios se canjeó por partidas para el pago del medio aguinaldo a la Legislatura.

















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