24 Diciembre 2006 Seguir en 
BAGDAD.- La violencia confesional que sufren a diario los habitantes de Bagdad se ha cobrado una nueva víctima: los abetos navideños que adornaban las casas de los cristianos, ya que los agricultores y los comerciantes temen ser el blanco de los extremistas musulmanes.
"Los vendedores musulmanes tenían el amable hábito de desearme feliz Navidad antes de venderme el árbol navideño", se lamenta Marie Hanna, madre de dos niños. "Su gesto y su árbol me faltan este año", agrega. Sin abetos, Navidad no será realmente Navidad, sobre todo para los niños, que deberán conformarse con un árbol artificial. Tradicionalmente, numerosos comerciantes de la capital aprovechan estos días para vender cientos de árboles de Navidad a los miembros de la minoría cristiana, que se concentran en los barrios bagdadíes de Karrada (centro) y Riyadh (sudeste). Los agricultores de los suburbios se instalaban con sus vehículos llenos de árboles, cerca de las iglesias. Pero este año casi nadie llegó con los abetos. Sólo un campesino se arriesgó a mostrar algunos en la calle Saadun.
Los puestos de control levantados por los milicianos y los extremistas disuadieron a los agricultores de transportar su mercancía al centro de la ciudad.
El árbol de Navidad es una tradición que muere en Bagdad, en parte por la violencia confesional. La comunidad cristiana, que representa el 3% de la población, se divide en caldeos (católicos) y asirios, y se concentra en Bagdad, en la región de Mosul (norte), en el Kurdistán y en Basora, al sur. (AFP-NA)
"Los vendedores musulmanes tenían el amable hábito de desearme feliz Navidad antes de venderme el árbol navideño", se lamenta Marie Hanna, madre de dos niños. "Su gesto y su árbol me faltan este año", agrega. Sin abetos, Navidad no será realmente Navidad, sobre todo para los niños, que deberán conformarse con un árbol artificial. Tradicionalmente, numerosos comerciantes de la capital aprovechan estos días para vender cientos de árboles de Navidad a los miembros de la minoría cristiana, que se concentran en los barrios bagdadíes de Karrada (centro) y Riyadh (sudeste). Los agricultores de los suburbios se instalaban con sus vehículos llenos de árboles, cerca de las iglesias. Pero este año casi nadie llegó con los abetos. Sólo un campesino se arriesgó a mostrar algunos en la calle Saadun.
Los puestos de control levantados por los milicianos y los extremistas disuadieron a los agricultores de transportar su mercancía al centro de la ciudad.
El árbol de Navidad es una tradición que muere en Bagdad, en parte por la violencia confesional. La comunidad cristiana, que representa el 3% de la población, se divide en caldeos (católicos) y asirios, y se concentra en Bagdad, en la región de Mosul (norte), en el Kurdistán y en Basora, al sur. (AFP-NA)







